Recetas de una abuela asturiana: Compota de manzana asturiana (dulce, calentína y con más consuelo que una manta de lana)

Recetas de una abuela asturiana: Compota de manzana asturiana (dulce, calentína y con más consuelo que una manta de lana)

Ay, fíos, hoy vamos facer una compota de manzana de les de toda la vida, de cuando en casa no había postres con nombres franceses ni falta que facía. Había manzanes, una pota, un poco de azúcar y una abuela vigilando que nadie metiera la cuchara antes de tiempo. Bueno… vigilando y metiéndola ella primero, que pa eso era la cocinera.

Esta compota queda suave, aromática y muy asturiana. Sirve como postre, pa desayunar, pa acompañar un yogur o pa comer directamente de la pota cuando nadie mira. Y si alguien pregunta quién acabó con ella, tú dices que evaporó. La cocina tien misterios que ye mejor no investigar.

Ingredientes

  • 1 kilo de manzanas asturianas, mejor si son un poco ácidas
  • 100 gramos de azúcar, más o menos según lo llambión que seas
  • 150 mililitros de agua
  • 1 rama de canela
  • La piel de medio limón, sin la parte blanca
  • El zumo de medio limón
  • 1 chorrito de sidra natural, opcional, pero muy recomendable
  • Una pizquina de sal

Preparación

1. Pelamos les manzanes

Primero pelamos les manzanes, quitámos-yos el corazón y cortámosles en trozos medianos.

Nun hace falta que queden todos iguales, que esto ye una compota y no un desfile militar. Pero tampoco me hagáis una manzana entera y otra convertida en serrín, que luego unas cuecen y otras siguen allí saludando.

2. Todo pa la pota

Ponemos los trozos de manzana en una pota amplia y añadimos el agua, el azúcar, la rama de canela, la piel de limón, el zumo y una pizquina de sal.

La sal no ye pa que quede salada, ho. Ye pa despertar el sabor dulce, como cuando abres la persiana y entra la vecina diciendo que ya son las once.

Y ahora, si queréis darle el toque asturiano de verdad, echáis un chorrito de sidra natural. Un chorrito, dije. Que os conozco y acabáis haciendo una espicha en vez de una compota.

3. Cocemos despacín

Ponemos la pota a fuego medio hasta que empiece a hervir. En ese momento bajamos el fuego, tapamos parcialmente y dejamos cocer entre 25 y 35 minutos.

Hay que remover de vez en cuando con una cuchara de madera, con cuidáu, pa que la manzana no se agarre al fondo.

Cuando los trozos estén blandinos y casi se deshagan solos, ya tenemos la compota.

4. Elegimos la textura

Aquí cada casa tiene su religión.

Si os gusta con trocinos, aplastáis un poco la manzana con un tenedor o con la cuchara. Si la queréis muy fina, podéis pasarla por la batidora, después de retirar la canela y la piel de limón.

Pero a mí préstame que quede con algo de textura, que se note que hubo manzana y no salió directamente de un bote con tapa de colores.

5. Dejamos reposar

Retiramos la rama de canela y la piel de limón y dejamos templar la compota.

Puede comerse calentína, a temperatura ambiente o fría de la nevera. Caliente reconforta, fría entra sola y templada desaparece antes de llegar a la mesa.

El truco de la abuela Balbina

Si les manzanes son muy dulces, echad menos azúcar. La mejor manera ye probar la compota a mitad de cocción y corregir entonces.

También podéis añadir una pizquina de canela molida al final, pero con mesura. La canela ye como la colonia: un poco alegra y demasiado hace salir a la familia por la ventana.

Y si queréis una compota más especial, añadís unas uvas pasas durante los últimos diez minutos de cocción. Quedan gordines, dulces y felices, como un paisano después de tres platos de fabada.

Cómo servirla

La compota de manzana está buenísima sola, pero también podéis servirla:

  • Con yogur natural.
  • Sobre unas tostadas.
  • Con arroz con leche.
  • Acompañando un bizcocho.
  • Junto a un queso asturiano suave.
  • O directamente a cucharadas desde la nevera, que ye como acaba casi siempre.

Y ya tenemos la compota fecha, fíos. Una receta barata, sana y tan fácil que hasta el vuestro cuñáu puede hacerla, aunque luego diga que inventó él la cocina tradicional asturiana.

Guardadla en la nevera, bien tapadina, y aguanta unos cuantos días. Bueno, en teoría. En mi casa nunca llegó viva al segundo.

Ala, venga, a cocinar. Y el que quiera repetir, que traiga manzanes, porque aquí la pota no se rellena por intervención divina.

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