La segunda estrella también cotiza: cuánto puede ganar España con la victoria en el Mundial

La segunda estrella también cotiza: cuánto puede ganar España con la victoria en el Mundial

El título deja millones para la Federación, dispara el consumo y multiplica la exposición internacional de España. Sin embargo, no provocará por sí solo un milagro económico: la cifra de 4.000 millones de euros que empieza a circular es una estimación académica, no un cheque asegurado

España se despertó este lunes 20 de julio campeona del mundo. El gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la final contra Argentina convirtió el 1-0 de Nueva Jersey en la segunda estrella de la selección española, dieciséis años después de Sudáfrica. La celebración se extendió por las calles, los hogares y los bares de todo el país.

Pero, pasada la primera noche de euforia, surge una pregunta menos romántica y bastante más contable: ¿cuánto vale económicamente ganar un Mundial?

La respuesta más honesta es que la victoria tendrá un efecto positivo para España, pero muy desigual. Habrá dinero directo para la Real Federación Española de Fútbol, más facturación en hostelería, venta de camisetas, publicidad, derechos audiovisuales y patrocinios. También puede mejorar durante algunos meses la imagen internacional del país y favorecer determinadas exportaciones.

Lo que no hará el Mundial será modificar por sí solo la productividad española, solucionar el déficit público, aumentar permanentemente los salarios o cambiar la trayectoria estructural de la economía. La Copa supone un impulso; no sustituye a una política económica.

El ingreso directo: 17 millones de dólares por ganar la final

La primera cifra es la más sencilla.

FIFA entregará 51 millones de dólares a la federación campeona, mientras que Argentina, como subcampeona, recibirá 34 millones. Por tanto, el beneficio económico directamente atribuible a haber ganado la final —en lugar de haberla perdido— asciende a 17 millones de dólares.

La RFEF percibirá además los 2,5 millones concedidos a cada selección para preparación y gastos del torneo. En conjunto, la participación española deja alrededor de 53,5 millones de dólares en pagos de FIFA, además de determinados desplazamientos y alojamientos cubiertos por la organización.

Conviene hacer tres precisiones.

La primera es que ese dinero no entra en el Tesoro Público, sino en las cuentas de la RFEF. La segunda, que parte tendrá que destinarse a primas para jugadores, cuerpo técnico y personal de la expedición. Y la tercera, que existen obligaciones fiscales ligadas tanto a las primas cobradas por los futbolistas como a los ingresos generados durante el campeonato en Estados Unidos. RTVE calculaba antes de la final que Hacienda podía recaudar más de seis millones de euros solamente por la tributación de las primas de los internacionales españoles.

Por tanto, los 51 millones no deben confundirse con un beneficio limpio para la Federación ni, mucho menos, con una aportación equivalente al PIB nacional.

Para la RFEF, sin embargo, sí se trata de una cantidad relevante. Su presupuesto aprobado para 2026 asciende a 403,5 millones de euros, con más de 200 millones procedentes de patrocinios y derechos audiovisuales. El premio del Mundial puede reforzar inversiones, programas federativos, infraestructuras, fútbol base y ayudas a las federaciones territoriales, siempre que se decida emplearlo en esos fines.

Para la economía española en su conjunto, la dimensión es mucho menor. El PIB de España alcanzó en 2025 los 1,687 billones de euros. El premio mundialista equivale aproximadamente a lo que la economía nacional produce en unos pocos minutos.

La gran noche de los bares

La consecuencia económica más visible se produjo incluso antes de que Ferran Torres marcara.

Hostelería de España estimaba que la final podía elevar el gasto en bares por encima de los 130 millones de euros, con incrementos de caja de entre el 25% y el 30% respecto a una jornada normal en los establecimientos que ofrecieran el partido.

Durante todo el Mundial se han beneficiado especialmente:

  • Bares y locales con pantallas.
  • Distribuidores de cerveza, refrescos y alimentación.
  • Empresas de reparto de comida.
  • Pizzerías y cadenas de restauración rápida.
  • Supermercados y tiendas de conveniencia.
  • Transportes urbanos y servicios de movilidad.
  • Locales nocturnos situados en las zonas de celebración.

En la semifinal contra Francia, algunas grandes cadenas de pizza llegaron a registrar crecimientos superiores al 130% respecto a un martes convencional. Al mismo tiempo, los pedidos de comida saludable descendieron durante la cena, una pequeña pero elocuente demostración de que el patriotismo futbolístico suele venir acompañado de queso fundido.

No obstante, los 130 millones no representan 130 millones nuevos de riqueza nacional.

Una parte del gasto se habría realizado igualmente en restaurantes, cines, viajes, compras o actividades de ocio. El Mundial cambia el lugar y el momento en el que se consume, pero no siempre aumenta el presupuesto total de las familias. Además, la facturación de un bar incluye el coste de las bebidas, la comida, la energía y otros productos: solamente el valor añadido generado por el establecimiento se incorpora al PIB.

En términos económicos, existe un impulso claro, pero también un importante efecto sustitución.

Camisetas, licencias y una selección más valiosa

La victoria abre otro mercado inmediato: el de la segunda estrella.

Las camisetas conmemorativas, las prendas oficiales, los balones, las bufandas y los productos licenciados experimentarán previsiblemente un fuerte aumento de demanda. La tienda oficial de la RFEF ya comercializa camisetas de campeón con precios que se mueven aproximadamente entre los 75 euros de los modelos infantiles y los 125 euros de determinadas versiones para adultos.

Aquí también hay que descontar fugas económicas. Parte de la ropa deportiva se fabrica fuera de España, determinados márgenes corresponden al fabricante internacional y algunos productos se venden mediante plataformas extranjeras. No todo el precio de una camiseta se queda en la economía española.

El verdadero valor comercial puede estar en los próximos contratos.

La selección campeona puede exigir más dinero por:

  • Patrocinios y renovaciones comerciales.
  • Partidos amistosos y giras internacionales.
  • Derechos de imagen.
  • Contenidos audiovisuales y documentales.
  • Licencias para videojuegos y productos digitales.
  • Acuerdos con operadores y plataformas.
  • Explotación comercial de sus jugadores más reconocibles.

La dimensión de la audiencia explica ese atractivo. La final reunió en España una media aproximada de 15,7 millones de espectadores y un 87,1% de cuota de pantalla sumando las distintas retransmisiones. Más de 20 millones de personas vieron al menos una parte del encuentro, que se convirtió en uno de los programas más seguidos de la historia de la televisión española.

Para los patrocinadores de la selección, semejante exposición tiene un valor publicitario extraordinario. Para la RFEF, ofrece una posición mucho más fuerte en la próxima negociación de contratos.

¿Puede el Mundial añadir 4.000 millones al PIB?

Esta es la cifra más llamativa y también la que requiere más prudencia.

Un estudio del economista Marco Mello, publicado en el Oxford Bulletin of Economics and Statistics, analizó el comportamiento de los países campeones desde 1961. Su conclusión fue que ganar el Mundial eleva, de media, el crecimiento interanual del PIB en al menos 0,48 puntos porcentuales durante los dos trimestres posteriores.

Aplicado de manera mecánica a España, el cálculo sería el siguiente:

El PIB anual español ronda los 1,687 billones de euros, es decir, unos 421.800 millones por trimestre. Un incremento del 0,48% durante dos trimestres representaría alrededor de 4.050 millones de euros de actividad económica adicional.

De ahí procede la cifra de los 4.000 millones.

Pero no significa que el Gobierno vaya a ingresar 4.000 millones, que el país haya recibido esa cantidad durante la final o que el crecimiento esté garantizado.

El estudio identifica un efecto estadístico medio basado en un número muy reducido de campeones. Cada país ganó en una coyuntura económica diferente. No es lo mismo la España endeudada y en crisis de 2010 que la economía española de 2026; tampoco son comparables la Alemania exportadora de 2014, la Francia de 2018 o la Argentina inflacionaria de 2022.

Además, los 0,48 puntos afectan a la tasa de crecimiento durante dos trimestres, no suponen un aumento permanente del nivel del PIB. Si el efecto existe, puede desaparecer posteriormente.

La estimación de 4.000 millones debe entenderse como un escenario académico de referencia, no como una previsión cerrada.

El curioso efecto sobre las exportaciones

La investigación de Mello contiene un resultado sorprendente: el principal impulso no aparece en el consumo interior ni en la inversión, sino en las exportaciones.

La explicación propuesta es que el Mundial concede al país vencedor una enorme exposición internacional. Durante semanas, el nombre, los símbolos, las ciudades, la cultura y las empresas del campeón aparecen repetidamente en los medios de comunicación de todo el planeta.

Esta atención puede beneficiar indirectamente a:

  • Marcas españolas con presencia internacional.
  • Empresas turísticas y hoteleras.
  • Industria agroalimentaria.
  • Moda y productos de consumo.
  • Clubes de fútbol y academias.
  • Servicios audiovisuales y digitales.
  • Empresas vinculadas al deporte.

No se trata de que un importador compre vino, aceite o maquinaria porque Ferran Torres haya marcado un gol. El efecto es más sutil: aumenta la familiaridad con el país y se refuerzan asociaciones positivas como éxito, modernidad, juventud, talento o capacidad organizativa.

Es lo que suele denominarse marca país.

Turismo: un pequeño porcentaje puede representar mucho dinero

España es una de las grandes potencias turísticas mundiales. La actividad turística generó en 2024 unos 200.699 millones de euros, equivalentes al 12,6% del PIB, y sostuvo más de 2,7 millones de empleos.

Con una industria de este tamaño, incluso un efecto porcentual muy pequeño puede traducirse en cientos de millones de euros.

La victoria proporciona imágenes de celebración, alegría colectiva y éxito deportivo que circulan gratuitamente por todo el mundo. Puede reforzar la promoción exterior de España y aumentar el interés por destinos, competiciones, estadios, museos del fútbol o experiencias deportivas.

Sin embargo, será prácticamente imposible determinar cuántos visitantes adicionales viajaron a España exclusivamente por el Mundial. El turismo depende mucho más de los precios, las conexiones aéreas, la seguridad, la situación económica internacional y la oferta disponible.

Además, España no fue sede del campeonato de 2026. Los ingresos directos generados por los aficionados desplazados, las entradas, los hoteles y los estadios se concentraron principalmente en Estados Unidos, Canadá y México. España obtiene los beneficios reputacionales, pero no la gran caja turística de la organización.

El puente hacia el Mundial de 2030

El efecto puede prolongarse porque España coorganizará junto con Portugal y Marruecos el Mundial de 2030, con tres partidos conmemorativos en Sudamérica.

Llegar a ese campeonato como vigente campeona ofrece cuatro años de enorme potencial comercial:

  • Mayor interés de patrocinadores.
  • Crecimiento de las escuelas y campus de fútbol.
  • Promoción de las futuras sedes españolas.
  • Venta anticipada de experiencias turísticas.
  • Desarrollo de documentales y productos culturales.
  • Mayor valor de los partidos de preparación.
  • Capacidad para presentar España como centro mundial del fútbol.

Esta conexión entre el título de 2026 y la organización de 2030 puede ser económicamente más importante que el premio entregado por FIFA.

Pero dependerá de la gestión. La atención internacional es un recurso perecedero: si no se transforma en contratos, promoción turística, inversión deportiva y una buena organización del próximo Mundial, se evapora con la misma rapidez que la espuma de las celebraciones.

No todos los sectores ganan

El Mundial también genera costes y perdedores.

Algunos restaurantes pierden reservas porque los clientes prefieren ver el partido en casa o en bares. Los cines, teatros y otros espectáculos compiten con una retransmisión capaz de reunir al 87% de la audiencia. Parte del comercio puede experimentar menos actividad durante los encuentros.

Las celebraciones implican gastos de seguridad, transporte, limpieza y servicios sanitarios. También pueden producirse ausencias laborales, retrasos o una menor productividad el día siguiente a la final, aunque no existe todavía una estimación fiable para España.

A ello se suman las primas, la tributación internacional, los costes federativos y la parte del consumo que acaba en fabricantes o plataformas extranjeras.

El balance continúa siendo positivo, pero está lejos de ser íntegramente español.

Un impulso favorable, no un milagro económico

La victoria puede analizarse en tres niveles:

El dinero prácticamente confirmado: 51 millones de dólares para la RFEF por ser campeona, más 2,5 millones de preparación. Haber ganado la final, en lugar de terminar segunda, aporta directamente 17 millones adicionales.

El consumo inmediato: más de 130 millones de euros estimados en los bares durante la final, además de alimentación, reparto, transporte, celebraciones y productos oficiales. Es facturación bruta, no riqueza neta.

El gran efecto potencial: hasta unos 4.000 millones de euros durante los dos próximos trimestres si España repitiera el comportamiento medio detectado históricamente entre los campeones. Es una extrapolación estadística, no una cantidad asegurada.

La economía española no crecerá solamente porque la selección haya levantado la Copa. Las grandes variables continuarán dependiendo de la productividad, el empleo, la inversión, el coste de la energía, las exportaciones, los tipos de interés y la situación internacional.

Pero el título sí proporciona algo valioso: atención mundial, confianza, consumo, un activo comercial y una historia positiva asociada al nombre de España.

La segunda estrella no cambiará por sí sola la economía. Pero, bien aprovechada, puede ser mucho más rentable que los 17 millones de dólares que separaban ganar o perder la final.

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