Llanes arde por La Magdalena: fuego, claveles rojos y dieciocho horas de tradición en el día grande

Llanes arde por La Magdalena: fuego, claveles rojos y dieciocho horas de tradición en el día grande

El Bando de La Magdalena, con unos 500 socios y un presupuesto festivo de 150.000 euros, convierte este miércoles la villa en escenario de procesiones, ramos, folclore, danzas y verbenas después de la noche más simbólica del calendario llanisco

En Llanes el verano no empieza exactamente cuando lo dice el calendario. Empieza cuando aparece el clavel rojo en las solapas, suena por las calles el pasodoble «El Magdaleno» y los integrantes del Bando de La Magdalena vuelven a demostrar que una fiesta puede ser al mismo tiempo celebración religiosa, ritual colectivo, exhibición folclórica y declaración de pertenencia.

La villa vive este miércoles 22 de julio el día grande de Santa María Magdalena, una celebración declarada Fiesta de Interés Turístico del Principado de Asturias. El programa oficial plantea prácticamente dieciocho horas seguidas de actividad, desde la salva de cohetes de las ocho de la mañana hasta la verbena que comenzará a las once de la noche en el Muelle.

La Magdalena no es una fiesta más dentro del apretado calendario estival del concejo. Es la primera de las grandes celebraciones organizadas por los históricos bandos de la villa y, para sus seguidores, una manera de reconocerse, reencontrarse y ocupar de nuevo las calles en las que aprendieron los cantares, los bailes y los rituales transmitidos por sus familias.

La noche en la que una hoguera realmente arde

La víspera estuvo reservada para el acto más espectacular y simbólico: la Hoguera de La Magdalena. A las nueve de la noche partió de la plazuela el desfile hacia La Concepción para recoger los grandes troncos, transportados a hombros por los mozos y los niños del Bando mientras las aldeanas acompañaban el recorrido con panderetas y antiguos cantares propios de la agrupación.

El esfuerzo de los porteadores, obligados a coordinar cada movimiento para sortear calles, fachadas, balcones y curvas, convierte el traslado en una auténtica coreografía de fuerza colectiva. Después llega el fuego, los cantos del Rodeo y la Danza Prima que enlaza la plazuela con el Muelle. La celebración prevista para este año concluía con las orquestas Casting y La Resistencia.

La Hoguera de La Magdalena posee, además, una singularidad dentro del oriente asturiano. En muchas localidades llaniscas, la palabra hoguera designa al gigantesco árbol que se corta, traslada y planta en vertical como estandarte festivo, pero que no llega a quemarse. La del Bando de La Magdalena sí arde durante la noche anterior al día grande, conservando de manera más literal la unión entre el árbol ritual y el fuego.

La tradición se relaciona con los antiguos ritos europeos en torno al árbol, la fertilidad, la juventud y la renovación de la vida. Con el paso de los siglos, aquellas ceremonias populares fueron incorporándose al calendario cristiano y vinculándose a santos y vírgenes. En Llanes, esa mezcla entre lo pagano, lo religioso y lo comunitario sigue siendo perfectamente visible cada 21 de julio.

Una villa despertada a golpe de volador

El día grande comenzó a las ocho de la mañana con la tradicional salva de cohetes. A las diez, la estación de autobuses se convirtió en punto de encuentro para recibir a la Banda de Música de San Martín del Rey Aurelio, encargada de recorrer las calles interpretando el pasodoble «El Magdaleno», una de las melodías inseparables de la fiesta.

El momento central llegará a las 11:30 horas, cuando la imagen de Santa María Magdalena sea trasladada desde su capilla hasta la Basílica de Santa María del Conceyu. Allí se celebrará la misa solemne y, posteriormente, aldeanas, porruanos y fieles formarán la procesión por el casco antiguo y las principales calles de la villa para devolver la imagen a su capilla.

Después, la atención se trasladará al Muelle, donde tendrá lugar el Ofrecimiento de Ramos y el Gran Festival Folclórico del Bando. Los trajes de aldeana y porruano, las panderetas y los bailes convierten este tramo de la jornada en una de las estampas más reconocibles de La Magdalena. Al finalizar, una nueva Danza Prima conducirá a los participantes hasta la plazuela.

La programación se retomará a las siete de la tarde con el concierto de la Banda de Música de San Martín del Rey Aurelio. A las ocho comenzará la romería y, a las diez de la noche, otra Danza Prima recorrerá el trayecto entre el Muelle y la capilla. La última cita será la verbena de las once, amenizada por las orquestas La Rebelión y Clan Zero.

Una devoción más antigua que los propios bandos

La historia exige distinguir entre la antigüedad de la devoción y el nacimiento de los bandos tal y como hoy se conocen. La veneración a Santa María Magdalena en Llanes se remonta a la Edad Media y está relacionada con la expansión de su culto a través del Camino de Santiago. La capilla, situada dentro del recinto de la antigua Puebla de Aguilar, se fecha entre los siglos XIII y XIV y algunas investigaciones la consideran uno de los primeros templos de la villa.

Existen referencias documentales a celebraciones dedicadas a la Santa en los siglos XIII, XIV y XVII. Durante la Edad Moderna, el poderoso Gremio de Mareantes de San Nicolás sufragó parte de estos festejos, como reflejan las anotaciones conservadas en su libro de cofradía entre 1657 y 1714.

El sistema de bandos, sin embargo, se consolidó mucho después. Las investigaciones histórico-antropológicas sitúan en 1837 el nacimiento de la rivalidad organizada entre La Magdalena y San Roque, a la que posteriormente se incorporaría La Guía con el crecimiento urbano de Llanes. Aquella competencia, inicialmente vinculada a divisiones políticas y territoriales, evolucionó hasta convertirse en una forma de sociabilidad y participación vecinal que todavía estructura buena parte del verano llanisco.

El clavel rojo y la memoria compartida

Cada bando posee símbolos, músicas y formas de celebrar propias. El de La Magdalena se identifica con el clavel rojo, asociado a la pasión, la devoción y el sentimiento de pertenencia. Sus composiciones incluyen piezas exclusivas creadas a finales del siglo XIX por Félix Segura Ricci y Estanislao Verguilla, interpretadas durante la novena y otros actos religiosos.

También conserva romances, cantares y bailes como el Rodeo de la Hoguera, El Barquero, la Jota de La Magdalena, La Habanera, La Enredadera, la Danza de San Joaquín, el Pericote y la Danza Prima. No son simples números dentro de un festival: funcionan como un archivo vivo que se aprende participando y se transmite de mayores a pequeños.

Ese relevo generacional es precisamente una de las prioridades declaradas por la comisión. El Bando cuenta actualmente con alrededor de 500 socios y maneja para las fiestas de 2026 un presupuesto de 150.000 euros. Su presidente, Rafel Romero Pedregal, ha señalado la transmisión de las tradiciones como uno de los principales objetivos de una programación que se extiende durante todo julio.

La fiesta continúa después del día grande

Aunque el 22 de julio concentra los actos más importantes, La Magdalena no termina esta noche. El viernes 24 se celebrará en el Casino de Llanes la Cena-Baile del Mantón, durante la cual Juan Carlos Martínez Cavia recibirá el Clavel de Oro 2026. El galardonado formó parte de la comisión durante catorce años y ha sido reconocido por su dedicación al Bando y por su papel en la transmisión de la fiesta dentro de su familia.

El calendario continuará con el torneo de golf del sábado 25, la misa por los difuntos y benefactores del día 29 y la espicha del viernes 31 en la plaza de Santa Ana. Esa última jornada terminará con una nueva Danza Prima y la emotiva Clavelada, durante la que los madalenudos depositarán sus claveles ante la Santa para despedirla hasta el año siguiente.

En Llanes, al fin y al cabo, las fiestas no se limitan a llenar una agenda. Sirven para recordar quién pertenece a cada bando, quién enseñó a bailar una jota, quién portó por primera vez la hoguera y quién regresará el próximo verano para volver a hacerlo. La Magdalena abre el ciclo con fuego, música y claveles rojos. Y, como cada julio, la villa responde saliendo a la calle.

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