Los incendios aumentaron un 96,4% y la superficie afectada un 318%. Casi el 94% del terreno ardió entre febrero y abril, aunque solo el 2% de las hectáreas quemadas era superficie arbolada
Al fuego no le hizo falta esperar al verano. Asturias cerró el primer semestre de 2026 con 491 incendios forestales y 5.001 hectáreas afectadas, unos 50 kilómetros cuadrados de territorio. Son 241 fuegos más que entre enero y junio del año pasado y 3.805 hectáreas adicionales.
La comparación es demoledora: los incendios aumentaron un 96,4%, prácticamente el doble, mientras que la superficie quemada creció aproximadamente un 318%. Es decir, el fuego afectó a más de cuatro veces el terreno registrado durante el mismo periodo de 2025.
Los datos, todavía provisionales, proceden del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) y han sido publicados por la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei).
El deterioro no se explica únicamente porque se hayan declarado más incendios. También fueron, en conjunto, más extensos. La superficie media afectada por cada fuego pasó de 4,8 hectáreas en 2025 a 10,2 hectáreas en 2026, un incremento cercano al 113%.
Seis meses de incendios, mes a mes
La evolución mensual muestra que el salto se concentró principalmente entre febrero y abril:
Mes Incendios 2025 Incendios 2026 Hectáreas 2025 Hectáreas 2026
| Enero | 44 | 13 | 155 | 80 |
| Febrero | 24 | 126 | 106 | 1.259 |
| Marzo | 91 | 143 | 684 | 968 |
| Abril | 61 | 138 | 189 | 2.461 |
| Mayo | 10 | 16 | 7 | 57 |
| Junio | 20 | 55 | 55 | 177 |
| Total semestre | 250 | 491 | 1.196 | 5.001 |
Las cifras mensuales de superficie están redondeadas, por lo que su suma puede diferir en una hectárea del total oficial.
Enero fue el único mes que mejoró claramente respecto al año anterior. El cambio llegó en febrero, cuando se pasó de 24 a 126 incendios y la superficie quemada se multiplicó prácticamente por doce.
Marzo mantuvo la presión, pero abril fue el verdadero mes negro: 2.461 hectáreas, casi la mitad de todo el terreno afectado durante el semestre. Un año antes habían ardido 189. En solo doce meses, la superficie quemada durante abril se multiplicó por trece.
Entre febrero, marzo y abril se produjeron alrededor de 407 incendios y ardieron unas 4.688 hectáreas. Estos tres meses concentraron el 83% de los fuegos y casi el 94% de toda la superficie afectada durante la primera mitad del año.
El gran incendio del semestre ocurrió antes del verano
Los datos desmontan una idea habitual: en Asturias, la peor época del fuego no tiene por qué coincidir con julio y agosto.
El Plan anual de prevención, vigilancia y extinción 2025-2026 considera de peligro alto el periodo comprendido entre el 15 de enero y el 30 de abril. Durante esos meses, la escasez de lluvia y los vientos del sur pueden secar rápidamente la vegetación y facilitar la propagación de las llamas.
Las oleadas de finales de febrero y del 6 al 10 de abril obligaron a activar el Plan de Incendios Forestales del Principado, con decenas de focos simultáneos, muchos situados en zonas altas o con grandes dificultades de acceso.
Mayo y junio ofrecieron una tregua relativa: entre ambos acumularon 71 incendios y 234 hectáreas. Sin embargo, junio volvió a mostrar una tendencia ascendente, con 55 fuegos frente a los 20 registrados un año antes.
No ardieron 5.001 hectáreas de árboles
Hay otro matiz esencial. La expresión “superficie forestal afectada” no significa que Asturias haya perdido 5.001 hectáreas de bosques cerrados.
Según el balance de Sadei, solo el 2% de la superficie quemada era arbolada, aproximadamente un centenar de hectáreas. El resto correspondía fundamentalmente a matorral, monte bajo, pastizales y otra vegetación no arbolada. Durante los cuatro primeros meses, el 97% del terreno afectado era matorral y monte bajo.
Esto no elimina el impacto ambiental, ganadero o paisajístico, pero sí permite dimensionarlo correctamente y evita confundir terreno forestal con masa de árboles. La gravedad del semestre reside principalmente en la multiplicación de los focos, la extensión alcanzada y la recurrencia del fuego sobre el territorio.
En seis meses, casi tantos incendios como en todo 2025
Los 491 incendios contabilizados hasta junio equivalen ya al 89% de los 551 registrados durante todo 2025. Las 5.001 hectáreas representan cerca del 63% de las 7.958 que ardieron a lo largo del año pasado.
La comparación exige prudencia. En agosto de 2025 se produjo una oleada excepcional que, por sí sola, dejó 83 incendios y 5.908 hectáreas afectadas. Por tanto, los datos del primer semestre no permiten proyectar automáticamente cómo terminará 2026. Sí revelan que Asturias entra en la campaña estival con una factura acumulada muy superior a la de hace un año. El balance completo de 2025 puede consultarse en RTVE.
Un semestre muy malo, pero no un récord histórico
El incremento respecto a 2025 es enorme, pero 2026 todavía se encuentra lejos de los peores primeros semestres de la serie histórica iniciada en 1990.
En 1997 se registraron 1.990 incendios y ardieron 16.562 hectáreas durante los seis primeros meses. También fueron especialmente graves 2002, con 14.998 hectáreas afectadas, y 2017, con 14.375.
Por tanto, el diagnóstico correcto es doble: 2026 supone un deterioro muy acusado respecto al año pasado, pero no constituye por ahora un máximo histórico.
Falta el mapa más importante: dónde ardió Asturias en 2026
Sadei todavía no ha publicado un desglose por concejos de los 491 incendios y las 5.001 hectáreas de este semestre. Sin esos datos no puede elaborarse con rigor un mapa de los municipios más castigados en 2026.
La estadística histórica sí permite identificar zonas recurrentes. Entre 2000 y 2024, Llanes encabezó el número de incendios, seguido de Piloña, Cangas del Narcea, Cangas de Onís y Tineo. Si se atiende a la superficie acumulada, Cangas del Narcea, Allande y Tineo aparecen como los territorios más afectados.
Los diez concejos con mayor número de fuegos reunieron aproximadamente el 44% de todos los siniestros registrados en Asturias durante ese periodo. Sin embargo, esas cifras son históricas y no deben presentarse como si describieran el reparto territorial de 2026.
Precisamente por eso, el siguiente paso debería ser publicar los perímetros y la superficie afectada por concejo, diferenciando además entre arbolado, matorral y pastizal.
¿Cuántos fueron intencionados? Aún no se sabe
El balance semestral no incorpora todavía la clasificación de los incendios de 2026 según su origen. Por tanto, no es posible determinar qué proporción fue intencionada, consecuencia de negligencias, reproducciones, trabajos forestales, quemas agrícolas o rayos.
La referencia consolidada más reciente corresponde a 2024. Aquel año, 313 de los 514 incendios incluidos en la estadística de causalidad fueron clasificados como intencionados: un 60,9%. Esos fuegos concentraron el 86,3% de la superficie quemada.
No obstante, existe un matiz fundamental: entre 2020 y 2024, solo el 19% de los incendios clasificados como intencionados figuraba como causa cierta. En el 81% restante, la intencionalidad era supuesta, pero no había quedado demostrada.
Por otra parte, las Brigadas de Investigación de Incendios Forestales realizaron en 2024 un total de 86 informes que abarcaron 2.247 hectáreas. Dentro de esa superficie investigada, el 79% se atribuyó a causas intencionadas, el 13,95% a negligencias o accidentes, el 4,65% a rayos y en el 1,16% no pudo determinarse el origen.
Aplicar esos porcentajes automáticamente a 2026 sería incorrecto. La publicación del balance de causas constituye ahora una de las principales piezas pendientes.
La prevención, bajo examen
El aumento de los incendios no demuestra por sí solo que el operativo de prevención o extinción haya fallado. En la evolución de un fuego influyen el número de igniciones, el viento, la temperatura, la humedad, la acumulación de combustible, la orografía, la simultaneidad de los focos y la rapidez con la que son detectados.
Pero el balance sí obliga a evaluar los resultados de las políticas aplicadas. Antes de las grandes oleadas, el Gobierno asturiano aseguraba haber desarrollado actuaciones preventivas sobre unas 1.700 hectáreas y ejecutado el 65% de los trabajos programados en las franjas de contacto entre monte y núcleos habitados.
El 22 de junio, prácticamente al cierre del semestre, el Ejecutivo aprobó la nueva Estrategia Integral de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales 2026-2030. Al haber entrado en vigor al final del periodo analizado, no se le pueden atribuir los resultados acumulados desde enero.
La nueva estrategia contempla más de cien millones de euros en 2026 para prevención, vigilancia, extinción y restauración ambiental, una plantilla estable de 600 efectivos en el SEPA y actuaciones sobre más de 45.700 hectáreas. También prevé reforzar la protección de unos 6.200 núcleos de población y elaborar una nueva base cartográfica de vulnerabilidad y recurrencia. El programa y sus partidas fueron presentados por el Gobierno del Principado el pasado 23 de junio.
El verdadero examen llegará ahora: comprobar cuánto dinero se ejecuta realmente, en qué concejos, sobre qué superficie y con qué resultados.
Las preguntas que deja abiertas el balance
Para conocer qué ha ocurrido y mejorar la prevención, el Principado debería completar la información publicada con cinco datos fundamentales:
- La distribución de incendios y hectáreas por concejo.
- Las causas investigadas, diferenciando entre ciertas y supuestas.
- Los tiempos de detección, llegada y control de cada episodio.
- Las actuaciones preventivas realizadas previamente en las zonas quemadas.
- El coste de la extinción, la restauración y los daños ocasionados.
Sin esa información, puede conocerse la dimensión del problema, pero no evaluar con precisión qué medidas funcionaron, cuáles llegaron tarde o dónde deben concentrarse los recursos.
Un problema que afecta a toda España
La evolución asturiana se produce dentro de una campaña especialmente complicada en el conjunto del país. Hasta el 5 de julio, España acumulaba 4.984 siniestros y 50.751 hectáreas forestales afectadas, frente a 3.357 incendios y 20.466 hectáreas durante el mismo periodo de 2025.
Además, el Ministerio para la Transición Ecológica contabilizaba ya 15 grandes incendios —los que superan las 500 hectáreas—, frente a una media de siete durante la última década. Los datos nacionales también son provisionales y pueden sufrir ajustes posteriores. El avance oficial del Ministerio puede consultarse aquí.
Asturias llega así al verano después de un semestre inequívocamente malo: casi el doble de incendios, cuatro veces más superficie quemada y fuegos que, por término medio, alcanzaron el doble de extensión. El dato enciende la alarma. Saber dónde comenzaron, por qué se propagaron y qué ocurrió con las medidas preventivas será lo que permita evitar que la estadística vuelva a repetirse.
