En una pequeña vinoteca del casco histórico de Menorca, Marcos ha conseguido que el cachopín dialogue con la sobrasada y el queso de la isla, que el Cantábrico se siente junto al Mediterráneo y que Asturias aparezca cuando nadie la estaba esperando.
Una puerta discreta en el número 16 de la calle Sant Pere: Entre Suros se descubre casi como un secreto. Foto: Entre Suros / Raisin.
Uno entra pensando que ha encontrado una pequeña vinoteca menorquina. Se sienta, pide un cachopín, da el primer bocado y, de pronto, aparece Gijón. No hay aviso en la puerta, gaitas de fondo ni una bandera asturiana desplegada sobre la barra. Asturias llega de una forma mucho más eficaz: empanada, crujiente, caliente y rellena.
Ocurre en Entre Suros, en el número 16 de la calle Sant Pere, a pocos pasos de la Plaça Nova y de las arcadas de Ses Voltes, en el corazón antiguo de Ciutadella. Allí, entre fachadas color miel, callejuelas de piedra y el ritmo lento de las tardes menorquinas, un cocinero gijonés llamado Marcos ha construido una de esas historias que sólo entiende bien quien sabe que la gastronomía también sirve para viajar en dirección contraria: uno puede ir hasta Menorca y terminar regresando a Asturias.
“Asturias no siempre se anuncia. A veces se esconde dentro de un filete empanado y espera al primer bocado.”
Una puerta pequeña en una ciudad hecha de piedra
Ciutadella fue la antigua capital de Menorca y conserva la elegancia un poco secreta de las ciudades que no necesitan levantar la voz. Su casco histórico está hecho para caminar sin mapa: palacios, soportales, plazas encadenadas, comercios diminutos y calles que parecen conducir siempre hacia otra sorpresa. Entre Suros encaja perfectamente en ese paisaje. No ocupa un gran edificio ni presume de una entrada monumental. Tiene unas pocas mesas en la calle, una sala recogida, paredes de piedra y la clase de puerta ante la que conviene frenar el paso.
El restaurante abrió en junio de 2023 y se presentó como una vinoteca acompañada por una selección de tapas. Tres años después, aquella definición continúa siendo válida, pero se queda corta. La carta ha crecido, la cocina ha adquirido una voz reconocible y el pequeño local se ha convertido en una dirección muy apreciada por quienes buscan algo más personal que el restaurante turístico de paso.

Uno de los primeros retratos de Entre Suros, publicado al presentar el nuevo local en junio de 2023. Foto: Entre Suros.
Hasta el nombre parece escrito para el lugar. Suro significa corcho en catalán, de modo que Entre Suros admite una traducción irresistible: “entre corchos”. La imagen le sienta bien a una casa en la que las botellas no decoran la sala, sino que participan en la conversación. Primero fue el vino; después llegaron las tapas; y, dentro de las tapas, apareció la memoria de un asturiano.
Marcos: el asturiano al otro lado del pase
En Entre Suros todo el mundo lo conoce como Marcos. Basta. El restaurante lo presenta como el responsable de hacer disfrutar a los clientes con sus tapas y señala a Bea como su apoyo en la cocina. No hace falta convertirlo en un personaje solemne ni envolverlo en una biografía de veinte cargos. La información decisiva está en otra parte: es de Gijón, cocina en Ciutadella y ha encontrado una manera propia de reconciliar ambos lugares.
Su asturianía no aparece como un disfraz colocado sobre toda la carta. Es más sutil y, por eso, más interesante. Está en la querencia por los sabores francos, en el gusto por el producto reconocible, en una generosidad que no confunde cocina contemporánea con platos microscópicos y, sobre todo, en ese cachopín que funciona como una firma sin necesidad de estampar un apellido.

Marcos, concentrado en una elaboración: el acento asturiano de la cocina de Entre Suros. Foto: Entre Suros.
Marcos trabaja con una idea especialmente difícil de ejecutar: permitir que la técnica mejore el ingrediente sin obligarlo a dejar de parecerse a sí mismo. Sus platos tienen color, salsas, contrastes y presentaciones cuidadas, pero no exigen un manual de instrucciones. Se entienden al llegar y se recuerdan al marcharse. En una época propensa a las explicaciones kilométricas, esa claridad constituye casi una rebeldía.
El cachopín que une Asturias y Menorca
El cachopín es el plato que mejor cuenta esta historia. No se limita a reproducir en Baleares una receta aprendida en Asturias. Marcos lo utiliza como un territorio de encuentro. Una de sus versiones más reveladoras parte de la ternera empanada y la rellena con sobrasada y queso de Menorca. La forma es asturiana; el interior habla menorquín. El Cantábrico pone la idea y el Mediterráneo responde desde el relleno.
Cachopín de ternera relleno de sobrasada y queso menorquín: dos territorios reunidos en un solo plato. Foto: Entre Suros / Raisin.
El plato ha conocido otras combinaciones —entre ellas, rellenos de cecina y queso— porque la carta no parece concebida como una colección de piezas inmóviles. Cambian los productos, aparecen sugerencias y la cocina ensaya nuevas alianzas. Lo que permanece es la idea: llevarse a Gijón hasta Ciutadella sin pedirle que renuncie al paisaje que acaba de encontrar.
Ese cachopín explica más que una receta. Demuestra que la cocina de origen no tiene por qué conservarse bajo una campana de cristal. Puede viajar, mezclarse, aceptar una sobrasada, abrazar un queso insular y seguir hablando con un acento inequívocamente asturiano.
No es una sidrería trasplantada al Mediterráneo
Sería un error presentar Entre Suros como un restaurante asturiano instalado en Menorca. No lo es, y precisamente ahí reside su encanto. La casa practica una cocina de tapas española, mediterránea y viajera, muy atenta al producto local y de temporada. Asturias es una corriente que atraviesa la propuesta, no una frontera que la encierra.
Por la mesa pasan el jamón ibérico, los quesos menorquines, las zamburiñas, los mejillones de la isla, la ensaladilla con ventresca, las albóndigas de merluza, el pescado fresco y los platos que nacen fuera de carta cuando el mercado ofrece una oportunidad. La selección es compacta, algo que suele ser una buena noticia: menos páginas y más control sobre lo que sale de la cocina.
Pulpo braseado con patata mortero, uno de los platos más celebrados por los comensales. Foto: Entre Suros / Raisin.
El pulpo braseado con patata mortero se ha convertido en otro de los grandes reclamos. Hay fuego, untuosidad, tostado y sabor marino, pero también una composición limpia. Las zamburiñas aportan la delicadeza atlántica; los mejillones y el pescado del día recuerdan que el Mediterráneo se encuentra a pocos minutos; las salsas y guarniciones tienden puentes sin borrar la naturaleza de cada producto.
Dos mares se sientan aquí a la misma mesa: el Cantábrico que Marcos lleva en la memoria y el Mediterráneo que le entrega cada día una despensa nueva.
Una cocina con pasaporte
Entre Suros tampoco se conforma con viajar entre el norte y Baleares. Su carta ha incorporado una causa limeña, ceviches, marinados, aliños cítricos y combinaciones que miran hacia América Latina y Asia. No hay una fusión forzada para resultar moderna; hay curiosidad. Marcos toma una técnica o una idea, la hace pasar por su propia cocina y la devuelve convertida en una tapa directa y apetecible.

El ceviche muestra el lado más fresco, cítrico y viajero de la propuesta. Foto: Entre Suros.
Una de las elaboraciones históricas de la casa llevó vieiras, pulpo y erizo de mar a una ensalada terminada con mayonesa de Pedro Ximénez. En otra dirección aparecen las croquetas de pulpo con tinta de calamar; y, para quienes prefieren sabores vegetales, el restaurante ha preparado croquetas sin gluten de zanahoria y quesos de cabra. La variedad no nace de una carta interminable, sino de una cocina que se permite cambiar.

Croquetas de pulpo con tinta de calamar: cocina reconocible con un giro marino. Foto: Entre Suros.
La causa limeña confirma que la cocina de Entre Suros viaja mucho más allá de los dos mares que la rodean. Foto: Entre Suros / Raisin.
Entre corchos: el vino también cuenta la historia
El vino no llegó después: estaba en el origen. Entre Suros nació como vinoteca y mantiene una selección especialmente atenta a los vinos naturales y de mínima intervención. Su perfil especializado se define como un restaurante de tapas con una amplia colección de este tipo de botellas, acompañado por una cocina local, estacional y, con frecuencia, de orientación ecológica.
En la sala, Ian e Iona ejercen de anfitriones. Recomiendan, explican y buscan el vino que mejor acompaña a cada plato sin convertir la elección en un examen. Esa cercanía resulta esencial en una bodega menos previsible que la convencional: variedades poco conocidas, pequeños productores, etiquetas sorprendentes y botellas que invitan a preguntar antes de beber.
El vino natural y de mínima intervención forma parte de la identidad de la casa desde su apertura. Foto: Entre Suros / Raisin.
Aquí no tendría sentido exigir que el asturiano sirviera sidra para demostrar su procedencia. El hallazgo es precisamente el contrario: Marcos ha entrado en el mundo del vino de Entre Suros sin perder su memoria culinaria. El resultado no es una copia de Asturias en Menorca, sino algo más difícil y más valioso: un tercer lugar nacido del encuentro.
Pequeño por fuera, profundo por dentro
El tamaño de Entre Suros condiciona para bien la experiencia. La sala es recogida, la piedra aporta calidez y la conversación con el equipo surge de forma natural. Cuando el tiempo acompaña, las mesas salen a la calle Sant Pere y el restaurante se integra en la vida del casco histórico. No hay una escenografía fabricada: la propia Ciutadella pone el decorado.
Una mesa para compartir: producto menorquín, guiños asturianos y platos viajeros. Foto: Entre Suros / Raisin.
La respuesta del público ha sido extraordinaria para un establecimiento tan joven. En julio de 2026 mantenía una valoración de 4,8 sobre 5 en Google después de más de ochocientas opiniones. Los comentarios se repiten alrededor de varias ideas: atención cercana, recomendaciones de vino acertadas, buen producto, pulpo, zamburiñas, cachopín y la sensación de haber encontrado una dirección que merece ser guardada.
También se valora la atención a las intolerancias. Distintos comensales celíacos destacan la existencia de numerosas opciones sin gluten y el conocimiento del equipo sobre la contaminación cruzada. Como siempre en estos casos, lo prudente es avisar al reservar y confirmar las posibilidades de la carta del día, pero la sensibilidad ya forma parte de la reputación del local.

Croquetas vegetarianas sin gluten de zanahoria y quesos de cabra, una de las propuestas que ha pasado por la carta. Foto: Entre Suros.
Hay que dejar sitio para el final
La tarta de queso aparece una y otra vez entre los recuerdos de quienes han comido en Entre Suros. Ha adoptado distintas versiones y acompañamientos —pistacho, mango o queso de la isla—, pero conserva la condición de final casi obligatorio. Es el tipo de postre que obliga a revisar aquella frase pronunciada al pedir: “No queremos demasiada comida”. En los buenos restaurantes, esa prudencia suele durar hasta que llega la carta de postres.
Esa capacidad para provocar un último bocado resume la hospitalidad de la casa. Entre Suros no busca impresionar mediante la distancia, sino mediante el deseo de seguir. Otra tapa, otra copa, una cucharada más. La sofisticación existe, pero se presenta con las mangas remangadas.

Vieiras, pulpo y erizo de mar han llegado a reunirse en una de las ensaladas más singulares de la casa. Foto: Entre Suros.
El restaurante que uno encuentra
Entre Suros no tiene página web propia. En otro negocio podría parecer una carencia; aquí casi refuerza la sensación de descubrimiento. Se llega por recomendación, por una fotografía, por el comentario de alguien que cenó la noche anterior o, sencillamente, porque uno dobló la esquina adecuada. Después se reserva por teléfono y se entra en una casa que parece funcionar más por conversación que por escaparate.
Algo parecido ocurre con Marcos. No necesita que un apellido presida el comedor. En esta historia es el cocinero de Gijón que trabaja al fondo de una pequeña vinoteca de Ciutadella y que ha logrado una cosa difícil de olvidar: introducir Asturias en Menorca sin desplazar a Menorca de su propio plato.
Por eso la verdadera sorpresa de Entre Suros no consiste en encontrar un cachopín a más de ochocientos kilómetros de Gijón. Consiste en descubrir que, al abrirlo, dentro no sólo está Asturias. También están la sobrasada, el queso menorquín, los vinos naturales, la piedra de Ciutadella, el Mediterráneo y tres años de una pequeña aventura gastronómica. Asturias no ha conquistado Menorca. Ha hecho algo mucho más inteligente: se ha sentado a su mesa.
Un último bocado para resumir la casa: producto, color, generosidad y dos mares que han aprendido a entenderse. Foto: Entre Suros / Raisin.
Datos prácticos
Entre Suros
Dirección: carrer de Sant Pere, 16, 07760 Ciutadella de Menorca.
Teléfono y reservas: 971 18 20 50
Horario publicado: de viernes a miércoles, de 12.30 a 15.30 y de 19.30 a 23.00; jueves, cerrado.
Propuesta: vinoteca y tapería; cocina mediterránea y española; producto local y de temporada; vinos naturales y de mínima intervención.
Conviene reservar: el local es pequeño y concentra mucha demanda durante la temporada turística.







