Recetas de una abuela asturiana: Trocinos de cerdo con salsa de trufa (y quedar como un señor sin haber hipotecao la cocina)

Recetas de una abuela asturiana: Trocinos de cerdo con salsa de trufa (y quedar como un señor sin haber hipotecao la cocina)

¡Ay, fíos míos! Hoy vengo yo muy fina, que hasta me lavé les manes dos veces y puse el mandil que nun tien mancha de pimentón. Porque vamos facer trocinos de cerdo con salsa de trufa. Sí, sí, trufa. Que una también puede tener glamour aunque haya pasao media vida friendo patates con una sartén que heredó de la suegra.

Cuando yo era moza, si en casa preguntabas por trufa, mi madre mandábate al monte a buscar patates. Ahora resulta que la trufa ye cosa fina, huele que alimenta y, puesta con un poco de carne de cerdo, queda más elegante que un paisano de Cangas con traje nuevo el día de la boda.

Y nun vos asustéis, que esto ye muy fácil. Aquí no vamos facer cocina de esa que tienes que traer pinzas de depilar pa colocar un guisante en medio del plato.

Aquí vamos a comer bien.

Ingredientes para cuatro personas

  • 700 gramos de lomo, solomillo o carne magra de cerdo, cortada en trocinos.
  • 200 ml de nata para cocinar.
  • 150 ml de caldo de carne.
  • 1 cebolla mediana.
  • 1 diente de ajo.
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
  • 1 cucharada de mantequilla.
  • Un chorrito de vino blanco.
  • Salsa, crema o pasta de trufa, al gusto.
  • Sal.
  • Pimienta negra recién molida.
  • Opcional: unas láminas de trufa para rematar, si andamos espléndidos.

Y pa acompañar, unas patatines, un puré de patata o incluso arroz blanco. Porque esa salsa nun se deja en el plato ni aunque venga el médico a prohibirlo.

Primero, los trocinos de cerdo

Cortamos la carne en trozos pequeños, pero tampoco hagáis aquello migayes, que luego desaparecen en la sartén y uno empieza a preguntar:

—¿Pero yo nun había comprao 700 gramos?

Salpimentamos bien.

Ponemos una sartén grande al fuego con el aceite y, cuando esté caliente, echamos los trocinos.

Hay que dorarlos.

Dorarlos, eh. Nun cocelos hasta que parezcan la suela de una madreña.

Fuego alegre, vuelta por aquí, vuelta por allá y, cuando tengan un colorín precioso, los sacamos y reservamos.

Ahora viene la salsa, que ye donde está el pecado

En la misma sartén echamos la mantequilla.

Picamos la cebolla muy fina y el ajo todavía más fino, que luego hay algún nietu que encuentra un trozo de cebolla y empieza:

—Güela, esto ¿qué ye?

Pues cebolla, criatura. Nun ye un animal marino. Come.

Dejamos que se haga despacín hasta que quede blandita.

Añadimos entonces un buen chorrito de vino blanco.

Y aquí viene una regla importante de Balbina:

El vino que nun beberías tú, nun se lo eches al guiso.

Dejamos que hierva un par de minutos para que se evapore el alcohol.

Entra la trufa y ya nos ponemos importantes

Añadimos el caldo de carne y dejamos reducir unos minutos.

Después incorporamos la nata.

Removemos despacio hasta que la salsa empiece a quedar cremosa.

Y ahora sí:

la trufa.

Empezad con poca cantidad.

La trufa ye como la colonia de algunas vecinas: un poco presta muchísimo; demasiado y hay que abrir les ventanes.

Ponemos una cucharadita, removemos, probamos y añadimos más si queremos un sabor más intenso.

Cuando tengamos la salsa como Dios manda, volvemos a introducir los trocinos de cerdo.

Cinco minutinos y a comer

Dejamos la carne dentro de la salsa unos cinco minutos a fuego suave, para que se mezclen todos los sabores.

Probamos de sal.

Un poquito de pimienta.

Y listo.

La salsa tiene que quedar cremosa, brillante y agarrándose a los trocinos de carne como un paisano a la barra del chigre cuando anuncien que van cerrar.

Si queda demasiado espesa, añadís un poquito de caldo.

Si está muy líquida, la dejáis reducir.

Aquí tampoco hace falta llamar a la NASA.

El toque de la güela Balbina

Yo lo serviría con patatines pequeñas asadas o fritas, porque las patatas con esta salsa quedan pa llorar.

También podéis preparar un puré casero.

Ponéis el puré debajo, los trocinos encima y la salsa cayendo por los lados.

Y si tenéis unas laminillas de trufa, les ponéis por encima.

Entonces ya podéis decir que habéis hecho alta cocina asturiana contemporánea.

Aunque la sartén tenga treinta años.

Y ahora escuchad a Balbina

Nun vos compliquéis la vida.

Con cuatro cosas buenas, una sartén y un poco de paciencia se puede facer una comida que parezca de restaurante.

Y acordaivos:

«Barriga llena, corazón contentu… y si lleva salsa, pasa el pan, que aquí nun vino nadie a sufrir».

Así que preparáis estos trocinos de cerdo con salsa de trufa, sentáis a la familia alrededor de la mesa y procuráis coger los primeros.

Porque en mi casa siempre se dijo:

«El que mira pa'l plato del vecín, cuando vuelve al suyu ya nun tien salsa».

¡Hala, fíos!

A comer, a fartucase y a ser felices, que pa disgustos ya tenemos la báscula del baño.

Un besín de la güela Balbina.

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