Mira, neños, hoy nun vamos complicanos la vida, que bastante complicada vien ella sola. Vamos facer unos huevos rellenos de bonito, de los de siempre, pero bien cremosinos y con fundamento. Porque un huevo relleno mal fechu queda secu como una zapatilla; pero uno de los míos… ¡eso entra solo y, cuando te das cuenta, ya comiste cuatro!
En mi casa poníalos la mi madre cuando venía visita. Y siempre decía: «Balbina, prepara una docena, que con seis nun facemos ná». Tenía razón la mujer: el huevo relleno ye como la sidra, que’l primeru llama al segundu y después ya perdiste la cuenta.
Ingredientes para doce mitades bien cumplidas
- 6 huevos grandes
- 2 latas de bonito del norte en aceite
- 3 cucharadas de tomate frito
- 4 cucharadas de mayonesa
- 6 aceitunas verdes sin hueso
- 2 pimientos del piquillo
- Una cucharadita de mostaza suave
- Unas gotinas de vinagre de sidra
- Sal
- Cebollino o perejil para decorar
- Un poco de lechuga para la fuente
Primero, a cocer los huevos sin facer una escombrera
Ponemos los huevos en una pota, cubrimos con agua fría y echamos una pizquina de sal. Cuando empiece a hervir, contamos diez minutos. Ni quince ni media tarde, que luego la yema queda con un cerco verdoso que parez que pasó una noche de fiesta.
Los sacamos y los metemos en agua bien fría. Así cortamos la cocción y pélense mucho mejor. Si alguno se resiste, dais-y unos golpecinos suaves y lo rodáis por la encimera. Con cariño, ¿eh? Nun hace falta vengase del huevo.
Cuando estén pelados, los partimos a lo largo y sacamos las yemas procurando que las claras queden enteras.
Un relleno cremosín, pero con sustancia
En un cuenco ponemos cinco de las seis yemas. La otra la reservamos para decorar, que aquí aprovechamos hasta el aire.
Añadimos el bonito bien escurrido, el tomate frito, dos cucharadas de mayonesa, la mostaza y unas gotinas de vinagre de sidra. Incorporamos también las aceitunas y uno de los pimientos, todo picado muy menudino.
Machacamos y mezclamos hasta conseguir una pasta jugosa. Si queda seca, añadimos un poquitín más de mayonesa. Pero con tiento, que queremos huevos rellenos, no una piscina municipal.
Probamos y corregimos de sal. Esto ye importante: primero probar y después salar, porque el bonito y las aceitunas ya vienen alegres de casa.
Rellenalos con generosidad, que la miseria nun da sabor
Colocamos las claras cocidas sobre una fuente cubierta con lechuga. Con una cucharilla vamos llenando cada mitad, dejando que el relleno sobresalga un poco. Nada de pasalo al ras como si estuviéramos alicatando el baño. El huevo tiene que quedar guapu y bien fartucu.
Ponemos por encima una pizquina de mayonesa, unas tirinas del otro pimiento y la yema que habíamos reservado, rallada como si fuera una nevadina amarilla. Terminamos con cebollino o perejil picado.
Después, a la nevera durante una hora como mínimo. Fríos están mucho más ricos y el relleno queda asentado.
El trucu de la abuela Balbina
Si vais preparalos con antelación, tapadlos bien para que nun cojan olor de la nevera. Que un huevo relleno con perfume a cebolla olvidada nun lo arregla ni San Cucufato.
Y podéis hacer una versión un poco más festiva poniendo encima una anchoína, una gamba cocida o media aceituna. Pero tampoco amontonéis media despensa, que después nun hay cristiano que lo meta en la boca sin desmontalo.
Y ya están, rapacinos: unos huevos rellenos fresquinos, cremosos y con bien de bonito. Sacáis la fuente, ponéis pan cerca y vigiláis al cuñáu, que siempre diz que solo va probar uno y acaba dejando la lechuga sola.
¡Hala, a comer! Y si desaparecen en cinco minutos, nun protestéis: eso ye que quedaron de categoría.

