La DOP Sidra de Asturias quiere cambiar las cartas de los restaurantes: nace un “Oro” para los locales que apuesten por sidras de copa

La DOP Sidra de Asturias quiere cambiar las cartas de los restaurantes: nace un “Oro” para los locales que apuesten por sidras de copa

La Denominación de Origen crea por primera vez los Certificados Oro para distinguir a restaurantes y sidrerías que den un lugar protagonista a la sidra natural espumosa y a la filtrada o de nueva expresión. Para conseguirlo habrá que ofrecer al menos tres referencias, de dos llagares diferentes, y presentarlas juntas en un apartado propio de la carta. La primera entrega será el 4 de noviembre en la Universidad Laboral de Gijón.

Hay una batalla silenciosa que la sidra asturiana quiere empezar a librar en un terreno poco habitual:

la carta del restaurante.

No la barra.

No el culín.

No el ritual del escanciado.

La carta.

La misma en la que desde hace décadas el vino aparece ordenado por regiones, uvas, bodegas, crianzas y reservas.

La DOP Sidra de Asturias quiere que dos de sus productos menos asociados al consumo tradicional —la sidra natural espumosa y la sidra natural filtrada— dejen de aparecer como una rareza, una nota a pie de página o una opción dispersa.

Y para conseguirlo ha decidido premiar a los restaurantes y sidrerías que realmente las cuiden.

Nacen así los Certificados Oro 2026.

Tres sidras, dos llagares y un espacio propio

La idea tiene unas reglas sencillas.

Para conseguir el certificado, un establecimiento deberá tener en su carta al menos tres sidras entre naturales espumosas y naturales filtradas amparadas por la DOP Sidra de Asturias.

Además, esas tres referencias deberán proceder de como mínimo dos llagares diferentes.

Y hay una condición especialmente significativa:

tendrán que aparecer juntas y claramente diferenciadas del resto de vinos y bebidas.

Es decir, la DOP no quiere simplemente que el restaurante tenga alguna botella.

Quiere que se vea.

Que se encuentre.

Y que el cliente entienda que esas sidras constituyen una categoría propia.

La sidra quiere dejar de competir como “otra bebida más”

Ese es quizá el fondo más interesante de la iniciativa.

El propio Consejo Regulador lo resume con una idea muy clara: ha llegado el momento de dar prioridad a estos productos y diferenciarlos del resto de referencias de una carta.

La batalla, por tanto, no es únicamente comercial.

Es también cultural.

La sidra natural tradicional está perfectamente identificada por el consumidor asturiano.

La espumosa y la filtrada, bastante menos.

Y sin embargo ambas forman parte de la DOP y están sometidas a controles específicos de origen y calidad. La propia Denominación utiliza precintos distintos para diferenciarlas: verde en la natural tradicional y filtrada, negro en la espumosa. Sidra de Asturias

Sidra sin escanciar

Aquí está otra de las claves.

La sidra natural filtrada, también conocida como de mesa o de nueva expresión, no necesita escanciado.

Se sirve en copa.

Tiene aspecto limpio y brillante, presencia de microburbujas y un perfil fresco, ligero, ácido y amargo.

Eso cambia por completo su contexto de consumo.

Puede entrar en restaurantes donde el ritual del escanciado no encaja.

Puede aparecer en una mesa junto a una carta de vinos.

Puede acompañar un menú gastronómico.

Y puede pedirse por botella sin necesidad de adaptar todo el servicio del comedor.

Y la espumosa quiere jugar otra liga

La sidra natural espumosa tampoco responde a la imagen clásica del vaso ancho.

Se obtiene mediante una segunda fermentación en recipiente cerrado y suele ser una sidra seca, tipo brut, con burbuja fina y una graduación moderada.

Está pensada para acompañar aperitivos, quesos, pescados y mariscos.

Pero ahí aparece otra batalla interesante.

La DOP quiere que deje de verse como “el champán asturiano” o como un sustituto ocasional de un espumoso de uva.

Quiere que tenga identidad propia.

Y no parte de cero.

En el Concurso Mejor Sidra de Asturias 2026, el Consejo Regulador otorgó premios específicos tanto a Sidra Natural Filtrada como a Sidra Natural Espumosa. Las ganadoras fueron Españar y Emilio Martínez, ambas de Martínez Sopeña. Sidra de Asturias

El restaurante, nuevo escaparate de la DOP

Hasta ahora buena parte de la promoción de la sidra asturiana se ha concentrado en lagares, fiestas, ferias, concursos y sidrerías.

Con los Certificados Oro aparece otro frente.

La restauración.

Y eso significa intentar entrar precisamente donde se decide buena parte del consumo gastronómico de mayor valor añadido.

Un cliente sentado ante una carta.

Un camarero recomendando.

Un menú degustación.

Un plato para el que quizá un vino resulta demasiado pesado o demasiado alcohólico.

Ahí es donde la DOP cree que estas sidras pueden ganar terreno.

Un problema de visibilidad

La iniciativa tiene bastante sentido desde el punto de vista del consumidor.

Si un restaurante ofrece una sidra espumosa perdida entre veinte blancos, seis cavas y una sección de vermús, probablemente pase desapercibida.

Si aparecen tres o cuatro sidras juntas bajo una categoría diferenciada, la situación cambia.

El cliente descubre que existe una gama.

Puede comparar marcas.

Puede preguntar.

Puede elegir.

En otras palabras, el Certificado Oro busca crear categoría antes que producto.

Y eso es bastante más ambicioso que conseguir simplemente que un restaurante compre unas botellas.

El sello no garantiza solo presencia

La Denominación tiene además detrás un sistema de certificación que comprueba origen y calidad mediante análisis físico-químicos y organolépticos. El Consejo Regulador encarga los primeros al SERIDA y realiza los segundos mediante su propio panel de cata.

Por eso el mensaje que quiere trasladar con estos certificados va más allá de “aquí tenemos sidra”.

La idea es:

aquí hay sidra asturiana certificada, diferenciada y tratada como merece.

Una gala en un escenario poco habitual

La primera edición tendrá además una puesta de largo bastante simbólica.

Los Certificados Oro se entregarán el miércoles 4 de noviembre en la Iglesia de la Universidad Laboral de Gijón.

Un escenario monumental para una operación que, en realidad, empieza en algo tan sencillo como una carta de bebidas.

La pregunta de fondo

La iniciativa plantea una pregunta bastante interesante para la gastronomía asturiana.

¿Por qué en muchos restaurantes resulta completamente normal encontrar seis tipos de cerveza, diez referencias de vino blanco, espumosos franceses, cavas catalanes o vermús italianos y, sin embargo, apenas una o ninguna sidra asturiana que no sea la tradicional?

Eso es exactamente lo que la DOP quiere empezar a corregir.

No sustituyendo al vino.

Ni enfrentándose a él.

Sino consiguiendo que la sidra ocupe el espacio gastronómico que le corresponde.

Del chigre a la copa

La sidra asturiana lleva siglos ligada al escanciado.

Y probablemente seguirá estándolo.

Pero una parte del sector quiere crecer por otro camino.

El de la copa.

El del menú degustación.

El del maridaje.

El de la carta cuidada.

El de un cliente que quizá nunca pediría una botella de sidra tradicional pero sí probaría una filtrada o una espumosa si aparece bien presentada.

Ahí está la verdadera apuesta de los Certificados Oro.

No premiar al restaurante que simplemente tenga sidra.

Sino al que consiga que el cliente la vea, la entienda y la pida.

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