Quini, 77 años después de su nacimiento: el hombre que hizo del gol una leyenda y estuvo por encima del derbi
Este 23 de septiembre se cumplieron 77 años del nacimiento de Enrique Castro González, Quini. Nació en Oviedo, se convirtió en el mayor símbolo del Sporting, conquistó Barcelona y acabó perteneciendo a todo el fútbol asturiano. En plena semana de derbi, Asturias recuerda al Brujo, probablemente el futbolista más querido que ha dado esta tierra
Hay futbolistas que pertenecen a un club.
Hay otros que pertenecen a una época.
Y después están los que terminan perteneciendo a una tierra entera.
Enrique Castro González, Quini, fue uno de ellos.
Este 23 de septiembre se cumplieron 77 años de su nacimiento.
Nació en Oviedo en 1949. Creció después en el entorno industrial de Avilés, en una familia vinculada a Ensidesa, y terminó convirtiéndose en el gran ídolo del Sporting de Gijón.
Ese recorrido ya contiene una pequeña paradoja que, vista desde el fútbol asturiano actual, resulta casi perfecta.
El gran mito rojiblanco había nacido en Oviedo.
Y precisamente ahora, cuando Sporting y Oviedo vuelven a mirarse de frente en otra semana de derbi, el aniversario permite recordar algo que a veces se olvida entre cánticos, bufandas y rivalidades:
Quini fue sportinguista hasta la médula.
Pero acabó siendo mucho más que eso.
El niño de Oviedo que se hizo futbolista en Avilés
La historia empieza lejos de los focos.
Quini nació el 23 de septiembre de 1949 en Oviedo. Su familia se trasladó posteriormente a Avilés, donde su padre encontró trabajo en Ensidesa durante el gran crecimiento industrial de la comarca. Los Castro González se instalaron en Llaranes, uno de los barrios levantados alrededor de la siderurgia.
Antes de ser Quini fue simplemente Enrique.
Jugó en el colegio de los Salesianos y comenzó a destacar en el Ensidesa, donde aquel delantero espigado empezó a demostrar una capacidad extraordinaria para aparecer justo donde iba a caer el balón.
En 1968 llegó al Sporting.
Tenía 19 años.
Lo que vino después forma parte de la historia del fútbol español.
Siete veces máximo goleador
Hay una cifra que resume hasta qué punto Quini fue excepcional:
ganó siete veces el trofeo de máximo goleador de la Liga.
Cinco de ellas en Primera División y dos en Segunda.
Con el Sporting fue máximo goleador de Primera en las temporadas 1973-74, 1975-76 y 1979-80, y también de Segunda en 1969-70 y 1976-77.
Después, ya con el Barcelona, añadió otros dos Pichichis consecutivos en 1980-81 y 1981-82.
No fue una racha.
Fue prácticamente una carrera entera viviendo del gol.
En Primera División marcó 219 goles en 448 partidos, 165 de ellos con el Sporting.
Y lo hacía sin parecer especialmente espectacular.
Quini no era un delantero de grandes adornos.
No necesitaba veinte toques.
Su fútbol ocurría en los últimos metros.
Un balón suelto.
Un centro.
Un rechace.
Una décima de segundo.
Y allí estaba él.
Por eso le llamaron El Brujo.
El Sporting volvió a Primera con él
En su segunda temporada en Gijón llegó uno de los primeros grandes momentos de su carrera.
El Sporting llevaba una década fuera de Primera División.
Quini fue máximo goleador de Segunda y ayudó decisivamente al ascenso de 1970.
A partir de ahí llegó la gran generación sportinguista de los años setenta.
El equipo creció.
Quini también.
Y el Sporting acabó peleando por cosas que durante décadas habían parecido imposibles.
Fue subcampeón de Liga en la temporada 1978-79 y se instaló entre los equipos importantes de España.
Para entonces, su delantero centro era ya uno de los futbolistas más codiciados del país.
El Barcelona llevaba años detrás de él
El Barça intentó ficharlo durante varias temporadas.
Pero en Gijón la idea de perder a Quini era casi traumática.
Finalmente, en 1980, con 31 años, llegó el traspaso.
El Barcelona pagó alrededor de 82 millones de pesetas por un delantero que ya era una institución en El Molinón.
Podría haberse pensado que llegaba tarde al gran fútbol.
Ocurrió exactamente lo contrario.
Fue Pichichi en sus dos primeras temporadas como azulgrana.
Con el Barcelona marcó 101 goles en 178 partidos y conquistó cinco títulos.
Entre ellos una Recopa de Europa, dos Copas del Rey, una Copa de la Liga y una Supercopa de España.
También firmó un pequeño pedazo de historia azulgrana: fue el autor del gol 3.000 del Barcelona en Liga, el 24 de enero de 1982.
El secuestro que paralizó a España
Pero hablar de Quini obliga a detenerse en uno de los episodios más estremecedores de la historia del fútbol español.
El 1 de marzo de 1981, después de marcar dos goles en un 6-0 del Barcelona al Hércules, fue secuestrado a punta de pistola cuando regresaba a casa.
Durante 25 días, España entera siguió su desaparición.
El Barça se hundió deportivamente.
Jugó tres partidos de Liga durante su ausencia y apenas sumó un empate.
Las opciones de conquistar el campeonato prácticamente desaparecieron.
Pero aquello importaba poco.
Lo que preocupaba era saber si Quini seguía vivo.
Finalmente fue localizado y liberado en un taller mecánico de Zaragoza.
Más de 1.500 personas le esperaron de madrugada ante la comisaría de Vía Laietana en Barcelona.
Lo extraordinario llegó después.
Quini regresó al fútbol.
Y siguió marcando.
Y tres meses después tuvo que marcarle al Sporting
El fútbol tiene a veces una crueldad narrativa difícil de inventar.
Apenas tres meses después de su secuestro, Quini disputó la final de la Copa del Rey.
Con el Barcelona.
Contra el Sporting.
Su Sporting.
El Barça ganó 3-1.
Quini marcó dos goles.
Era probablemente uno de los partidos emocionalmente más difíciles que podía disputar.
Había pasado doce años en Gijón.
Enfrente estaban antiguos compañeros, amigos y miles de personas que todavía le consideraban uno de los suyos.
Hizo lo que había hecho siempre.
Marcar.
Pero no lo celebró como podía haber celebrado otros goles.
Porque Quini entendía muy bien que en el fútbol podían existir dos cosas simultáneamente:
la obligación profesional y el afecto.
Regresó a casa
Después de cuatro temporadas en Barcelona volvió al Sporting en 1984.
Tenía 35 años.
Y siguió jugando hasta casi los 38.
Su retirada llegó el 14 de junio de 1987, precisamente frente al Barcelona.
Parecía un cierre escrito para una película.
Pero su relación con el Sporting no terminó.
En realidad nunca terminó.
Quini siguió ligado al club durante décadas.
Ya no como delantero.
Como institución.
Como figura de referencia.
Como esa persona a la que todo el mundo parecía acudir.
El estadio terminó llevando su nombre
Cuando Quini murió repentinamente en Gijón el 27 de febrero de 2018, víctima de un infarto, tenía 68 años.
El impacto fue enorme.
No solamente en Gijón.
También en Barcelona.
Y en todo el fútbol español.
Poco después, El Molinón incorporó oficialmente su nombre.
Hoy es el Estadio El Molinón-Enrique Castro Quini.
No es un detalle menor.
Cada vez que Sporting y Oviedo disputan allí un derbi, el nombre de Quini aparece inevitablemente asociado al partido.
Incluso el propio estadio sigue construyendo su memoria alrededor de aquellas generaciones: una de sus puertas recuerda a Quini, otra a su hermano Jesús Castro y otras a históricos del club.
El jugador al que respetaban incluso los rivales
Aquí aparece quizá el rasgo que mejor explica por qué Quini sigue siendo diferente.
No basta con contar los goles.
Asturias ha tenido grandes futbolistas.
David Villa fue campeón del mundo.
Santi Cazorla ha vivido una carrera extraordinaria.
Herrerita fue una figura histórica del Oviedo.
También Vicente Miera, Ricardo Bango, Iván Iglesias y muchos otros forman parte de esa historia.
Pero Quini representa otra cosa.
El cariño transversal.
En Gijón era un dios.
En Barcelona sigue siendo una leyenda del club.
Y en Asturias su consideración terminó desbordando las fronteras tradicionales entre Sporting y Oviedo.
No porque dejara de ser sportinguista.
Todo lo contrario.
Era inequívocamente rojiblanco.
Pero convirtió su manera de comportarse en algo difícil de atacar incluso para el rival.
Una frase que explica al personaje
Existe una anécdota que probablemente dice más de él que muchos goles.
Después de su secuestro, cuando supo que Manuel Vázquez Montalbán iba a escribir el prólogo de un libro sobre aquel episodio, Quini puso una condición.
Pidió que no fuera demasiado duro con sus secuestradores porque consideraba que “no eran mala gente”.
Había pasado 25 días encerrado.
Y todavía encontraba una forma de disculpar a quienes lo habían secuestrado.
Puede parecer ingenuidad.
Pero quienes convivieron con él describieron siempre algo parecido.
Quini tenía una forma de estar en el fútbol que acabó siendo casi tan importante como sus goles.
Quini y Villa: dos generaciones del gol asturiano
David Villa representa precisamente una especie de heredero futbolístico.
Otro delantero asturiano.
Otro goleador extraordinario.
Otro jugador que salió del Sporting para conquistar el fútbol español.
Villa ha recordado en numerosas ocasiones la influencia de Quini en su carrera y en su manera de entender el fútbol.
Y no deja de ser significativo que los premios que llevan el nombre del Brujo sigan reconociendo hoy a los grandes goleadores.
Es una manera muy quininiana de mantener vivo su recuerdo.
Premiar al que marca goles.
Ese era su idioma.
El derbi que Quini podría haber explicado mejor que nadie
Y ahora llega otra vez el derbi.
Sporting y Oviedo vuelven a encontrarse en una semana en la que Asturias vuelve a dividirse entre rojiblancos y azules.
Quini habría sabido perfectamente lo que significa.
Nació en Oviedo.
Se hizo hombre en Avilés.
Se convirtió en leyenda en Gijón.
Y terminó siendo querido en toda Asturias.
Podría parecer una contradicción.
En realidad es probablemente la mejor definición posible del fútbol asturiano.
En un derbi habrá tensión.
Habrá provocaciones.
Habrá cánticos.
Durante noventa minutos parecerá que no existe nada más importante que ganar al vecino.
Así debe ser un derbi.
Pero después quedará algo más grande.
Y quizá por eso tiene sentido recordar precisamente ahora a Quini.
Porque consiguió algo enormemente difícil en un territorio futbolísticamente dividido:
ser el mayor símbolo de uno de los dos rivales sin necesitar convertirse en enemigo del otro.
77 años después, Quini sigue allí
Quini murió hace ocho años.
Pero resulta sorprendentemente difícil hablar del Sporting sin que aparezca.
El estadio lleva su nombre.
Una puerta lleva su dorsal.
Los goleadores asturianos reciben premios que llevan su apellido.
Los delanteros siguen siendo comparados con él.
Y cuando se habla de las grandes generaciones del fútbol asturiano su nombre vuelve inevitablemente al principio.
Este 23 de septiembre se cumplieron 77 años desde aquel día de 1949 en que nació en Oviedo Enrique Castro González.
Después vendrían los goles.
Los Pichichis.
El Sporting.
Barcelona.
La selección.
El secuestro.
Las finales.
Los homenajes.
Y finalmente quedó algo mucho más sencillo y probablemente mucho más difícil de conseguir.
El recuerdo de un hombre al que Asturias sigue llamando como siempre:
Quini.
Y en una semana de derbi, cuando todo invita a elegir un lado, su figura recuerda que algunas personas consiguen algo todavía más difícil que marcar goles:
ser de un equipo y, al mismo tiempo, pertenecer a todos.
