Teatro, música, talleres, divulgación y propuestas familiares recorrerán 28 concejos hasta diciembre para convertir la cultura sidrera en una experiencia viva y no solo en una postal turística
La sidra asturiana quiere dejar de explicarse únicamente desde la botella, el escanciado o la espicha. El Principado ha puesto en marcha el primer circuito cultural dedicado íntegramente a todo el universo que rodea esta tradición, con una programación de más de 56 actividades en 28 concejos que se desarrollará entre julio y diciembre.
La iniciativa pretende acercar al público una mirada más amplia sobre la cultura sidrera: desde las pumaradas y la recogida de la manzana hasta los lagares, los chigres, la música popular, la tradición oral, la gastronomía o las formas de relación social que históricamente han crecido alrededor de la sidra.
El proyecto cuenta con un presupuesto de 100.000 euros y se incorpora al programa Asturies, Cultura en Rede, la principal herramienta autonómica para llevar espectáculos y actividades culturales fuera de los grandes núcleos urbanos.
Mucho más que beber sidra
El circuito no se plantea como una sucesión de actos institucionales ni como una campaña promocional al uso. La programación busca convertir la sidra en materia escénica, musical y divulgativa, con propuestas dirigidas a públicos muy diferentes.
Habrá teatro, conciertos, pasacalles, talleres, demostraciones gastronómicas, actividades infantiles y proyectos de mediación cultural. La idea es explicar cómo la sidra ha influido en la manera de reunirse, celebrar, conversar y transmitir conocimientos en Asturias.
Entre las propuestas figuran espectáculos como Kanpai, de Teatro del Cuervo; La Xarangana – Live Chigre Music; Ambarino, color de sidra; Las hadas de la pomarada; De la pumarada a la espicha, y Echar sidre: teoría y práctica.
Los títulos anticipan el tono del programa: menos conferencia solemne y más experiencia participativa. La sidra se presenta como un patrimonio que se cultiva, se canta, se representa, se cocina, se aprende y, por supuesto, se comparte.
Nava dio el primer paso
La programación arrancó en Nava con Kanpai, un montaje de artes escénicas de Teatro del Cuervo. El inicio en uno de los grandes concejos sidreros de Asturias tiene un fuerte valor simbólico, pero el objetivo del circuito es extender esa actividad mucho más allá de los lugares tradicionalmente asociados a la producción de sidra.
Durante los próximos meses, las actividades llegarán a 28 concejos. Ese reparto territorial es una de las claves del programa, porque permite que propuestas culturales vinculadas al patrimonio sidrero circulen por municipios con menor programación estable.
La descentralización es especialmente relevante en un territorio como Asturias, donde buena parte del patrimonio cultural se conserva precisamente en concejos rurales, pequeñas localidades y comunidades vinculadas a la agricultura, la ganadería y la producción artesanal.
La sidra como patrimonio vivo
El circuito nace tras la declaración de la cultura sidrera asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Ese reconocimiento internacional supuso un impulso para una tradición profundamente integrada en la identidad asturiana, pero también abrió un reto: evitar que el patrimonio quede reducido a una etiqueta turística.
La cultura sidrera no se limita al producto final. Incluye conocimientos agrícolas, técnicas de elaboración, vocabulario propio, rituales, canciones, espacios de sociabilidad y formas de entender la hospitalidad.
Por eso, el nuevo programa intenta presentar la sidra como un sistema cultural completo. El llagar, la pumarada, el chigre y la espicha aparecen no solo como lugares o prácticas tradicionales, sino como escenarios donde se ha construido una parte importante de la memoria colectiva de Asturias.
El riesgo de convertir la tradición en escaparate
La creación de un circuito específico permite dar visibilidad a la sidra, pero también plantea una cuestión relevante: cómo divulgar una tradición sin vaciarla de contenido.
El desafío consiste en evitar que la cultura sidrera se convierta en una sucesión de imágenes reconocibles —el escanciador, el vaso, la botella verde— desconectadas de la realidad social y económica que las sostiene.
Las pumaradas necesitan relevo generacional, los lagares afrontan cambios en los hábitos de consumo y muchos chigres tradicionales han desaparecido o han transformado profundamente su modelo. Hablar de patrimonio obliga también a hablar de continuidad, transmisión y viabilidad.
En ese sentido, las propuestas más interesantes serán aquellas capaces de combinar espectáculo y reflexión, tradición y creación contemporánea, celebración y conocimiento.
Cultura para 28 concejos
El circuito sidrero se integra en Asturies, Cultura en Rede, que este año dispone de un presupuesto global de 1,74 millones de euros, un 22 % más que en 2025.
El programa autonómico organizó el pasado año más de 1.200 actividades en 67 concejos, una cifra que lo convierte en uno de los principales instrumentos de distribución cultural en Asturias.
La incorporación de una línea específica dedicada a la sidra refuerza esa apuesta por llevar la programación a distintos puntos del territorio y no concentrarla exclusivamente en Oviedo, Gijón y Avilés.
También permite que compañías teatrales, músicos, divulgadores y creadores trabajen con un patrimonio cercano y reconocible, reinterpretándolo desde lenguajes actuales.
Una tradición que busca nuevos públicos
Uno de los objetivos más claros del programa es atraer a personas que quizá conocen la sidra como producto, pero no todo lo que existe detrás de ella.
Las actividades familiares, los talleres y las propuestas escénicas pueden servir para acercar esta cultura a niños y jóvenes, algo fundamental para garantizar su continuidad.
El futuro de la cultura sidrera no dependerá únicamente de que se siga bebiendo sidra, sino de que las nuevas generaciones comprendan qué representa, cómo se produce y por qué ha sido durante siglos una pieza esencial de la vida social asturiana.
De aquí a diciembre, 28 concejos serán escenario de ese intento por contar la sidra de otra manera. No solo como bebida, ni como reclamo turístico, sino como una forma de vida que Asturias quiere conservar sin convertirla en una pieza de museo.
