Cerca de 100.000 voladores cubrieron de humo el cielo de la villa en el homenaje a la Virgen del Carmen que la tormenta había impedido celebrar el día 16
El primer volador sonó solo.
Fue un estallido limpio, casi solemne, lanzado desde el Prao del Molín en el instante preciso en que la Virgen del Carmen alcanzó el centro del Puente Romano. Durante una fracción de segundo, Cangas del Narcea pareció contener la respiración. Después llegó todo lo demás.
El cielo se abrió en miles de explosiones. El estruendo se metió entre las casas, rebotó en las laderas y recorrió el valle como una tormenta fabricada a mano. El aire se llenó de pólvora, el puente comenzó a desaparecer detrás del humo y la multitud respondió levantando los brazos, apretando los dientes y dejando que el ruido hiciera el resto.
Habían pasado cinco días desde que una tromba de agua obligó a suspender la Descarga en su fecha tradicional, el 16 de julio. Cinco días de incertidumbre, reuniones, consultas meteorológicas y pólvora guardada. La espera terminó este martes, 21 de julio, con una tirada de siete minutos y 30 segundos y cerca de 100.000 voladores, según el balance difundido tras el espectáculo.
Una tarde que volvió a parecer 16 de julio
Aunque el calendario marcaba otra fecha, Cangas recuperó prácticamente toda la liturgia del Carmen. Desde las seis y media, los barrenos de la peña El Voladorón comenzaron a medir el tiempo. Al principio espaciados; después, cada vez más próximos. No era todavía la Descarga, pero la villa ya hablaba su idioma.
Las terrazas se llenaron, las camisetas de las peñas volvieron a dominar las calles y cientos de personas fueron buscando sitio en torno al río, el puente y el Prao del Molín. Había visitantes llegados expresamente para la nueva fecha, pero también vecinos que no necesitaban mirar el reloj: sabían reconocer por el sonido cuánto faltaba.
A las siete y media comenzó la misa solemne en la basílica de Santa María Magdalena. Media hora después, las campanas anunciaron la salida de la procesión. La Virgen del Carmen abandonó el templo para regresar a su capilla de Ambasaguas, acompañada por el grupo tradicional Son d’Arriba, la Banda de Música de Cangas del Narcea y una comitiva que fue creciendo a cada paso.
El día 21 había sido elegido porque permitía conservar el dispositivo de seguridad y reproducir el desarrollo festivo y religioso de la celebración. El cambio de fecha no fue una simple decisión de agenda: un disparo de estas dimensiones exige coordinación entre la Sociedad de Artesanos, el Ayuntamiento, los servicios de emergencia, las fuerzas de seguridad y las peñas.
El instante en el que todo Cangas mira hacia el puente
La procesión avanzó lentamente hasta el Puente Romano. A esas alturas, las conversaciones eran ya casi imposibles. No por el ruido, sino por la tensión. La gente miraba alternativamente a la imagen de la Virgen y al Prao del Molín, donde los responsables de la Sociedad de Artesanos esperaban la señal.
Cuando la Carmela, como se la llama con familiaridad y devoción, llegó al centro del puente, el presidente de la Sociedad de Artesanos, Luis Martínez Tejón, prendió el primer volador.
Entonces comenzó la tirada manual.
Alrededor de 400 tiradores, acompañados por otros tantos apurridores —los encargados de preparar y entregar cada volador—, fueron encadenando lanzamientos desde distintos puntos del entorno. Había menos participantes que en una jornada ordinaria del Carmen, consecuencia inevitable del aplazamiento, pero el mecanismo funcionó con una precisión admirable.
Uno sujetaba. Otro encendía. Un golpe de muñeca. El volador subía. Estallaba. Y antes de que el humo pudiera abrirse, otro ocupaba su lugar.
Cerca de 20.000 artefactos salieron de las manos de los tiradores durante la primera parte. Desde la orilla, apenas podían distinguirse las figuras entre una niebla cada vez más espesa. Se veían brazos, destellos y siluetas moviéndose con rapidez. El sonido ya no llegaba como una sucesión de explosiones, sino como una masa compacta que presionaba el pecho y hacía vibrar cristales, balcones y barandillas.
Las máquinas toman el relevo
La tirada manual fue aumentando de intensidad hasta alcanzar uno de los momentos más delicados del espectáculo: el relevo con la parte mecanizada.
Las máquinas instaladas en el Prao del Molín entraron en funcionamiento de manera escalonada. Primero una. Después otra. Luego todas, encadenando decenas de miles de disparos en una secuencia que pareció envolver la villa entera.
El cielo perdió su color. Durante varios minutos solo hubo humo blanco, fogonazos y fragmentos de papel descendiendo lentamente sobre el río. Las montañas devolvían cada detonación multiplicada y Cangas parecía situada en el interior de una gigantesca caja de resonancia.
La Descarga está reconocida como Fiesta de Interés Turístico del Principado de Asturias y constituye el momento culminante de las celebraciones del Carmen y la Magdalena. Su excepcionalidad reside no solo en la cantidad de pólvora, sino en la forma en que la procesión, el disparo manual y la tirada mecanizada se sincronizan cuando la Virgen atraviesa el puente.
Este año, además, la fiesta había alcanzado una proyección especial antes incluso de celebrarse: cinco millones de cupones de la ONCE llevaron por toda España una imagen dedicada a la Descarga y a su homenaje pirotécnico a la Virgen del Carmen.
El silencio más largo duró apenas unos segundos
El final comenzó con una reducción brusca del ritmo.
Después de minutos de estruendo continuo, quedaron algunos disparos aislados. La nube de humo seguía cubriendo el puente y el Prao del Molín. El público esperó. Nadie se movió.
Era el prefinal.
La pausa duró apenas unos segundos, pero pareció mucho más larga. Y entonces llegó la traca definitiva: una sucesión cerrada de explosiones que hizo desaparecer cualquier otro sonido y dejó el valle completamente envuelto en pólvora.
Después, nada.
Un silencio súbito, casi extraño, ocupó el espacio en el que un instante antes rugían miles de voladores. Y ese silencio fue roto por los aplausos, los gritos, los abrazos y las lágrimas. Algunos seguían mirando hacia el puente; otros buscaban entre el humo a familiares y amigos que habían participado en la tirada.
La Descarga había terminado. La espera también.
Voladores que llevan nombres
Quien observa el espectáculo desde fuera puede ver decenas de miles de cohetes. Quien lo vive desde dentro sabe que muchos de ellos no son anónimos.
Hay voladores dedicados a padres, abuelos, hermanos o amigos que ya no pueden acudir al puente. Otros llevan el nombre de niños recién nacidos o se disparan como una petición de protección para toda una familia. Cada tirador guarda sus motivos y convierte durante unos segundos una celebración colectiva en un homenaje íntimo.
David Rodríguez, integrante de La Ramilletera, explica que la Descarga le hace pensar inevitablemente en quienes faltan. Para él, la alegría de la fiesta convive con la tristeza del recuerdo. Los nervios aparecen justo antes de comenzar, como ante un examen, pero desaparecen en cuanto el primer volador sale de la mano y toda la atención se concentra en el disparo.
La jornada tuvo un significado especialmente profundo para Jorge Rubio, de la peña El Cachu. Este año dedicó sus voladores a su abuela y a su amigo Óscar Díaz, el joven minero fallecido en el accidente ocurrido en noviembre de 2025 en la explotación de Vega de Rengos.
La memoria de quienes ya no están forma parte esencial de una fiesta que la propia Sociedad de Artesanos define como homenaje y tributo a la Virgen del Carmen. Las peñas no se limitan a participar en el disparo: colaboran durante todo el año en su organización y financiación, transmitiendo la tradición entre generaciones.
Cangas aún no ha terminado de disparar
La Descarga llegó este año cuando las fiestas parecían acercarse a su final, pero Cangas del Narcea todavía reserva pólvora para Santa María Magdalena, patrona de la villa.
Este miércoles, 22 de julio, la procesión de la Magdalena volverá a recorrer las calles. A su llegada al Ayuntamiento se celebrará una nueva tirada, antes de la misa solemne en la basílica. La tirada manual correrá a cargo de La Girolina y la asociación La Patrona, mientras que las máquinas serán disparadas por la peña La Magdalena, con la colaboración de El Chisquero y La Patrona. El cierre festivo llegará por la noche en la Plaza Mayor.
Pero lo ocurrido este martes ya quedará como una edición difícil de olvidar.
La lluvia consiguió retrasar la Descarga, alterar el calendario y obligar a reconstruir en apenas unos días un dispositivo extraordinariamente complejo. Lo que no consiguió fue enfriar la emoción.
Cinco días después de lo previsto, Cangas volvió a mirar hacia el puente. El primer volador rompió el silencio. Y durante siete minutos y medio, la villa entera convirtió la pólvora en recuerdo, celebración y promesa.
