Gijón vuelve a oler a sidra: 36 chigres, 16 llagares y once días para convertir la barra en patrimonio vivo

Gijón vuelve a oler a sidra: 36 chigres, 16 llagares y once días para convertir la barra en patrimonio vivo

‘Gijón de Sidra’ arranca este jueves con el primer culín en Champel y extenderá hasta el 18 de octubre una ruta por toda la ciudad. Edgar Plans firma el pañuelo de una edición que reivindica algo mucho mayor que una bebida: escanciar, compartir, comer y volver a encontrarse alrededor de una botella

Hay pocas ciudades en las que una botella abierta pueda explicar tantas cosas.

En Gijón, la sidra no se limita a acompañar la comida. Ordena conversaciones, reúne desconocidos, llena barras, genera empleo, sostiene llagares y convierte un gesto tan aparentemente sencillo como levantar una botella y escanciar un culín en una ceremonia reconocible a miles de kilómetros de Asturias.

Desde este jueves 8 y hasta el domingo 18 de octubre, todo eso volverá a ocupar buena parte de la ciudad con la decimoséptima edición de Gijón de Sidra – Asturias de Sidra, que reunirá este año 36 sidrerías y 16 llagares.

Serán once días para recorrer chigres, comparar sidras, probar cazuelinas, valorar escanciadores y, sobre todo, recuperar la filosofía con la que nació el certamen: que la barra vuelva a ser un lugar donde la gente se encuentra y comparte.

No es una metáfora.

La barra es parte del programa.

El primer culín se escancia este jueves a las cinco

La inauguración tendrá lugar este jueves 8 de octubre, a las 17.00 horas, en la Sidrería Champel.

No es una elección casual.

Champel fue elegida Mejor Sidrería de Gijón de Sidra 2025, por delante de El Tendido y La Tonada de la Guía, y regresa ahora como escenario del acto que abrirá oficialmente la nueva edición.

Desde ese primer culín comenzará una especie de peregrinación gastronómica por Gijón que se prolongará hasta el día 18.

Porque Gijón de Sidra no está concebido como una feria encerrada en un recinto.

El recinto es la propia ciudad.

Los participantes tienen que moverse.

Del centro a La Arena, de El Llano a Pumarín, de El Coto a Poniente, de Viesques a otros barrios donde la sidrería continúa siendo una pieza reconocible del paisaje cotidiano gijonés.

El sidromapa oficial distribuye los establecimientos por prácticamente toda la trama urbana y permite organizar las rutas entre los diferentes chigres.

Una sidrería, un llagar y una cazuela: así funciona

El mecanismo es sencillo y probablemente ahí esté buena parte del éxito.

Durante el certamen, los llagares se hermanan con las sidrerías participantes. Cada establecimiento ofrece la sidra correspondiente acompañada por su propuesta gastronómica, de manera que el visitante no se limita a probar una marca: descubre diferentes elaboraciones mientras recorre la ciudad.

No existe un precio único para todas las combinaciones. Tanto la sidra como las cazuelas pueden tener precios diferentes dependiendo del producto y del establecimiento.

Y ese recorrido acaba convirtiéndose también en una competición.

La experiencia de anteriores ediciones incluye premios a la mejor sidra, mejor sidrería, mejor cazuela, mejor escanciador, mejor equipo formado por sidrería y llagar, sidrería más guapina y sidra más prestosa, además del reconocimiento «Cocinando con corazón» a trayectorias vinculadas a la gastronomía asturiana.

Es decir: no se juzga únicamente lo que hay dentro de la botella.

Se juzga cómo se sirve, dónde se sirve, qué comida lo acompaña y qué experiencia construye alrededor el establecimiento.

La sidra se toma de pie

Hay una idea que este año los organizadores quieren recuperar especialmente.

La barra.

María González, de Fenicia Marketing Gourmet, explicó durante la presentación que el certamen nació precisamente para reivindicarla como espacio natural de encuentro alrededor de la sidra.

Muchos establecimientos permiten, naturalmente, consumir en mesa. Pero la propuesta cultural de Gijón de Sidra quiere recordar otra escena profundamente asturiana: alguien pide una botella, el camarero escancia, aparecen dos o tres vasos, alguien se acerca, comienza una conversación y aquella botella termina pasando de mano en mano.

La sidra como bebida social, no como producto individual.

Es una de las razones por las que los chigres tienen un papel central en la cultura sidrera asturiana.

La propia UNESCO, cuando incorporó en 2024 la Cultura Sidrera Asturiana a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, destacó precisamente la función social de los chigres, sidrerías, merenderos y hogares como lugares donde esa cultura se transmite y comparte.

Gijón de Sidra convierte durante once días esa definición institucional en algo mucho más sencillo:

entrar en un chigre y vivirla.

Y este año el pañuelo lo firma Edgar Plans

El tradicional pañuelo verde de Gijón de Sidra tendrá en esta edición un valor especial.

Su diseño es obra de Edgar Plans, uno de los artistas asturianos de mayor proyección internacional.

Nacido en Madrid en 1977 pero estrechamente vinculado a Gijón, Plans ha construido una carrera internacional alrededor de un universo visual inmediatamente reconocible, especialmente por sus personajes conocidos como Animal Heroes. Su obra ha circulado por galerías y proyectos en ciudades como Nueva York, París y Hong Kong.

Y 2026 está siendo especialmente llamativo para el artista.

El Paris Saint-Germain y Art Basel eligieron precisamente a Plans para crear una colección artística limitada con motivo de la victoria del club francés en la Champions League. La serie estuvo formada por 150 camisetas y carteles numerados diseñados por el gijonés.

Del PSG a una sidrería gijonesa.

No está mal como viaje.

Pero para el pañuelo de Gijón de Sidra, Plans ha decidido mirar bastante más cerca.

El Puentín, serrín y patatas Pumarín

Su diseño nace de recuerdos de infancia.

Plans evocó en el texto preparado para la presentación aquellos momentos familiares en el merendero El Puentín de La Guía, el olor del serrín, las patatas Pumarín y, sobre todo, la imagen de los mayores socializando alrededor de las botellas.

De ahí sale el pañuelo.

No de una interpretación sofisticada de la sidra como producto gastronómico, sino de algo mucho más reconocible para cualquier asturiano que haya crecido cerca de un chigre:

la memoria.

El pañuelo puede conseguirse con las consumiciones en las sidrerías participantes y tiene además una utilidad práctica, porque funciona como una especie de pasaporte para otra de las instituciones del certamen: el Sidrobús.

El Sidrobús: si llevas el pañuelo, subes gratis

El concepto tiene bastante sentido después de varios culinos.

La organización mantiene un transporte específico que permite desplazarse entre diferentes zonas de la ruta sin necesidad de coger el coche.

El Sidrobús es gratuito para quienes dispongan del pañuelo oficial de Gijón de Sidra.

Además, el sidromapa virtual incorpora un sistema de geolocalización para saber dónde se encuentra el vehículo y facilitar el desplazamiento de los participantes entre establecimientos.

Es una de las peculiaridades que diferencia el certamen de una simple promoción hostelera.

La propuesta no consiste en ir a una sidrería concreta.

Consiste en recorrerlas.

Hay economía detrás de cada culín

Toda esta celebración tiene además una dimensión económica nada despreciable.

Ángel Lorenzo, presidente de Otea Gijón, recordaba durante la presentación que la sidra no es únicamente un símbolo: de ella viven muchas familias asturianas y constituye uno de los motores de la hostelería regional.

Los últimos datos de la Denominación de Origen Protegida permiten poner cifras a esa afirmación.

En 2025, la DOP Sidra de Asturias alcanzó un récord de 4.964.000 contraetiquetas, un 7,3% más que el año anterior. El valor comercial de la sidra certificada superó los siete millones de euros.

Pero detrás de las botellas existe además un tejido productivo completo.

La DOP cerró 2025 con 34 llagares, 395 cosecheros, 918 pomaradas y 1.168 hectáreas inscritas. Durante el año se entregaron 7,67 millones de kilos de manzana asturiana para producir más de 5,56 millones de litros de sidra certificada.

Y hay una cifra que explica perfectamente por qué un acontecimiento como Gijón de Sidra tiene tanta importancia para los chigres:

el 82% de las ventas de sidra natural DOP se realiza a través de la hostelería.

La barra, por tanto, no es únicamente cultura.

También es economía.

Una bebida que ya es oficialmente patrimonio mundial

Desde diciembre de 2024 existe además un antes y un después.

La UNESCO reconoció oficialmente la Cultura Sidrera Asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Y lo hizo con una definición que encaja casi palabra por palabra con lo que pretende Gijón de Sidra.

La organización internacional no protege simplemente una bebida.

Protege las pomaradas, las variedades autóctonas de manzana, la elaboración en los llagares, el escanciado, la transmisión de conocimientos, los chigres, la gastronomía y las prácticas sociales construidas alrededor de la sidra.

Incluso destaca expresamente su contribución a la cohesión social y a la conservación del paisaje rural asturiano.

Por eso resulta especialmente significativo que un certamen urbano reivindique ahora algo tan aparentemente humilde como beber apoyado en una barra.

Porque ahí también reside el patrimonio.

La técnica tampoco es un adorno

Escanciar no es simplemente echar la sidra desde muy arriba para impresionar al turista.

La caída permite que el líquido golpee contra el borde del vaso, se oxigene y libere momentáneamente parte del carbónico natural. El culín debe beberse prácticamente en el momento porque ese efecto desaparece rápidamente.

El desarrollo de esta forma tradicional de servicio se sitúa en el siglo XIX y hoy constituye uno de los rituales más característicos de la cultura sidrera.

Por eso el buen escanciador también tiene protagonismo en Gijón de Sidra.

En 2025 el premio fue para Daniel Tenreiro, de La Maniega, mientras que Eduardo Fernández, de Los Pomares, e Isabella Crystal Padrón, de Bodegas Anchón, fueron finalistas.

Hasta el gesto de servir se convierte en competición.

Champel parte como referencia

La sidrería encargada de abrir esta edición llega con una tarjeta de presentación difícil de mejorar.

Champel fue reconocida como Mejor Sidrería de 2025.

Pero aquel certamen dejó otros nombres que conviene recordar antes de empezar el de este año.

La mejor sidra fue Trabanco Tradicional Amarilla; Sobiñagu ganó la mejor cazuela con su «Bombón Sobiñagu» y también fue elegida Sidrería Más Guapina; Viuda de Angelón obtuvo el reconocimiento a la Sidra Más Prestosa y el equipo formado por La Maniega y Trabanco Tradicional fue elegido el mejor tándem sidrería-llagar.

Es el listón que deberán superar los participantes de 2026.

El 19 llegará la hora de catar a ciegas

Aunque la ruta por las sidrerías terminará el domingo 18, la competición continuará un día más.

El lunes 19 de octubre, Champel volverá a convertirse en escenario del certamen para celebrar la cata final.

A las 11.00 horas catarán los llagareros y a las 12.00 los chigreros.

Allí se enfrentarán a ciegas las sidras seleccionadas entre las mejor valoradas durante el certamen.

El desenlace llegará al día siguiente.

El martes 20 de octubre, a las 12.00 horas, el Ayuntamiento de Gijón acogerá la entrega de premios.

Para entonces habrán pasado por las barras miles de culinos, cazuelas y conversaciones.

Y probablemente eso sea bastante más importante que saber quién gana.

Mucho más que once días bebiendo sidra

El Ayuntamiento ve además Gijón de Sidra como una herramienta para desestacionalizar el turismo y llevar clientes a los establecimientos fuera de los grandes picos de verano.

Tiene lógica.

Octubre ya no es agosto.

No hay playa llena, ni temporada alta, ni las mismas cifras turísticas.

Pero hay una ventaja que Gijón puede ofrecer prácticamente todo el año: su cultura gastronómica no necesita sol.

Una sidrería llena funciona igual con veinte grados que con lluvia golpeando los cristales.

Y eso convierte el chigre en un producto turístico extraordinariamente resistente a las estaciones.

El propio Ayuntamiento llevó este año Gijón de Sidra hasta el Salón Gourmets de Madrid, presentándolo como herramienta de promoción gastronómica de la ciudad y utilizando la sidra y el escanciado como elementos diferenciales del destino.

Gijón vuelve al chigre

Este jueves, a las cinco de la tarde, alguien levantará una botella en Champel.

Caerá el primer chorro.

Habrá un vaso inclinado debajo.

Y empezará todo otra vez.

Durante once días, 36 sidrerías y 16 llagares intentarán demostrar que una de las mayores fortalezas de la sidra asturiana consiste precisamente en que todavía no ha conseguido convertirse únicamente en una bebida.

Sigue siendo una excusa para reunirse.

Para comer.

Para hablar.

Para moverse de chigre en chigre.

Para discutir cuál está mejor echada.

Para encontrarse con alguien que uno no esperaba encontrar.

Y para reproducir en pleno 2026 una escena que lleva generaciones formando parte de Asturias.

Quizá por eso la frase elegida este año tiene tanto sentido.

La barra vuelve a ser el punto de encuentro.

Y desde este jueves, durante once días, Gijón vuelve a convertirse en una enorme sidrería.

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