Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1998, la dirigente italiana falleció a los 78 años después de medio siglo en primera línea: del aborto y los derechos civiles a las crisis humanitarias, Europa, la pena de muerte y la justicia internacional
Emma Bonino nunca entendió la política como un lugar cómodo. Durante más de medio siglo convirtió la provocación cívica, la desobediencia civil y las instituciones en herramientas para defender las causas que consideraba necesarias, incluso cuando hacerlo significaba enfrentarse al poder político, a la opinión mayoritaria o a algunas de las instituciones más influyentes de Italia.
La histórica dirigente italiana falleció en Roma el 11 de septiembre de 2026 a los 78 años, después de haber sido hospitalizada días antes a consecuencia de una crisis respiratoria. Con su muerte desapareció una de las figuras más reconocibles del radicalismo italiano y del europeísmo de las últimas décadas.
En Asturias su nombre permanece ligado además a uno de los grandes reconocimientos internacionales concedidos desde el Principado. Emma Bonino recibió en 1998 el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con otras seis mujeres, por una trayectoria que el jurado resumió en «el esfuerzo por mejorar la condición de la mujer y la del conjunto de las sociedades».
De una pequeña ciudad italiana a una vida dedicada al activismo
Bonino había nacido el 9 de marzo de 1948 en Bra, en la región italiana del Piamonte. Su irrupción en la política no llegó desde los despachos ni desde las estructuras tradicionales de los grandes partidos.
Llegó desde la calle.
A comienzos de los años setenta se implicó en las campañas contra el aborto clandestino, cuando la interrupción voluntaria del embarazo seguía siendo ilegal en Italia. Ella misma relató años después cómo comenzó colaborando como voluntaria con organizaciones que atendían a mujeres y cómo aquella experiencia la introdujo en una forma de hacer política basada en la desobediencia civil pública y asumida.
Su activismo provocó detenciones y procesos judiciales y la convirtió en uno de los rostros de una batalla que terminaría transformando la legislación italiana. En 1978 Italia legalizó el aborto, después de años de movilización social en los que Bonino y el Partido Radical desempeñaron un papel destacado.
Aquella sería solamente la primera de una larga lista de campañas.
Divorcio, aborto, eutanasia, derechos de las mujeres
Junto al histórico dirigente radical Marco Pannella, Bonino hizo de los derechos civiles el eje de su carrera política.
Participó en campañas relacionadas con el divorcio, la interrupción voluntaria del embarazo, la eutanasia, los derechos de las personas homosexuales, la situación de los presos, la inmigración, la abolición de la pena de muerte o la legalización de determinadas drogas.
Su método político resultaba poco convencional: referendos, recogidas de firmas, huelgas de hambre, desobediencia civil y acciones públicas concebidas para obligar a la sociedad a discutir asuntos que hasta entonces permanecían fuera del debate político.
En 1976 entró en la Cámara de Diputados italiana. Después vendrían décadas de presencia en las instituciones nacionales y europeas. Fue elegida en distintas ocasiones diputada y senadora y ejerció también varias legislaturas como eurodiputada.
Una italiana que hizo de Europa su segunda casa
Si Italia fue el escenario de sus primeras batallas, Europa terminó convirtiéndose en uno de los grandes proyectos políticos de su vida.
Bonino defendió durante décadas una integración europea mucho más profunda y llegó a hacer del federalismo europeo una de sus principales banderas políticas.
Entre 1995 y 1999 fue comisaria europea, con responsabilidades que incluyeron la ayuda humanitaria, la política pesquera y la protección de los consumidores.
No fue precisamente una comisaria de despacho.
Durante aquellos años siguió de cerca algunas de las mayores tragedias internacionales de finales del siglo XX: los Balcanes, el genocidio de Ruanda o la situación de Afganistán.
Su estilo directo llegó también hasta la diplomacia internacional. Bonino podía sentarse en una institución europea por la mañana y aparecer poco después sobre el terreno en alguno de los lugares más castigados por una guerra o una crisis humanitaria.
Las mujeres afganas, una causa que llevó hasta el límite
Una de las causas que marcaron especialmente su carrera fue la situación de las mujeres en Afganistán.
Bonino denunció internacionalmente las restricciones impuestas a las mujeres afganas y convirtió su defensa en una cuestión política europea cuando todavía el país no ocupaba de forma permanente las portadas occidentales.
A lo largo de su trayectoria extendió esa lucha contra la discriminación femenina a otras cuestiones, entre ellas la mutilación genital femenina, una práctica contra la que promovió iniciativas internacionales durante años.
Del Parlamento italiano al Ministerio de Exteriores
Su recorrido institucional fue excepcionalmente largo.
Además de diputada, senadora, eurodiputada y comisaria europea, Bonino fue ministra de Comercio Internacional y Asuntos Europeos entre 2006 y 2008, durante el Gobierno de Romano Prodi, y alcanzó posteriormente uno de los cargos de mayor relevancia de su carrera.
Entre 2013 y 2014 fue ministra de Asuntos Exteriores de Italia en el Gobierno de Enrico Letta.
A esas alturas llevaba prácticamente cuatro décadas combinando dos mundos que pocas veces conviven con facilidad: el de la activista dispuesta a enfrentarse al Estado y el de la dirigente que ocupa algunos de sus cargos más importantes.
La batalla contra la pena de muerte y la justicia internacional
Otra de sus grandes causas fue la abolición universal de la pena de muerte.
Bonino participó durante décadas en las campañas internacionales contra las ejecuciones y defendió la creación de mecanismos judiciales capaces de perseguir crímenes de guerra y contra la humanidad.
También fue una firme impulsora del proyecto que desembocaría en la Corte Penal Internacional, cuyo Estatuto fue aprobado precisamente en Roma en 1998.
Esa dimensión internacional explica también la vinculación especial de Bonino con el Premio Príncipe de Asturias.
Asturias la distinguió en 1998
En aquel año, el jurado de los Premios Príncipe de Asturias decidió que el galardón de Cooperación Internacional no recayera en una sola persona, sino en siete mujeres de diferentes lugares del mundo.
Junto a Emma Bonino fueron premiadas Olayinka Koso-Thomas, Graça Machel, Fatiha Boudiaf, Rigoberta Menchú, Fatana Ishaq Gailani y Somaly Mam.
El jurado explicó que quería expresar su preocupación por la situación de las mujeres «en muchos lugares del mundo, en especial en aquellos en los que sufre discriminación o se le niega su plena igualdad de derechos como ser humano».
Destacaba además el trabajo de las premiadas por los derechos de las mujeres, la paz, la protección de los niños víctimas de las guerras y la solidaridad entre los pueblos.
El jurado estuvo presidido por Adolfo Suárez y contó, entre otros, con Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González, Marcelino Oreja, Antonio Garrigues Walker y Nicolás Sartorius.
Una voz que resonó en Oviedo
La ceremonia de entrega tuvo lugar el 23 de octubre de 1998.
Aquel día Bonino no se limitó a recoger el galardón. Fue una de las personas que pronunciaron discurso durante la ceremonia, junto a Francisco Ayala, Jacques Santer y el entonces presidente de la Fundación, José Ramón Álvarez Rendueles.
Presidió el acto quien entonces era todavía Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, actual Felipe VI.
Aquella edición de los premios reunió una nómina excepcional: Sebastião Salgado recibió el de las Artes; Francisco Ayala, el de las Letras; Arantxa Sánchez Vicario, el de los Deportes; y entre los distinguidos con la Concordia figuraban Vicente Ferrer y Muhammad Yunus.
Europa hasta el final
Bonino tampoco abandonó la política en sus últimos años.
En 2017 participó en la creación de +Europa, formación construida alrededor de una defensa abierta de la integración europea y de una visión liberal y federalista de la Unión.
Ni siquiera la enfermedad terminó con su actividad pública.
En 2015 anunció que padecía cáncer de pulmón. Continuó participando en la vida política durante los años siguientes y posteriormente comunicó que la enfermedad había entrado en remisión.
Sus posiciones siguieron provocando acuerdos y desacuerdos hasta el final, pero su capacidad para establecer relaciones personales atravesó fronteras ideológicas sorprendentes. Tras su muerte recibió reconocimientos procedentes de sectores políticos muy diferentes, desde dirigentes progresistas hasta la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. También mantuvo durante años una relación de respeto con el papa Francisco pese a las profundas diferencias que habían mantenido en cuestiones como el aborto.
Italia la despidió con un funeral de Estado
Cuatro días después de su muerte, el 15 de septiembre, Italia celebró en el Campidoglio de Roma unas exequias de Estado de carácter laico.
Acudieron el presidente de la República, Sergio Mattarella, la primera ministra Giorgia Meloni y las principales autoridades institucionales del país. La bandera europea tuvo también un lugar destacado en la despedida de una mujer que había dedicado buena parte de su carrera a defender una Europa políticamente más unida.
Medio siglo intentando cambiar las reglas
Emma Bonino recorrió prácticamente todos los niveles posibles de la política: fue activista, diputada, eurodiputada, senadora, comisaria europea y ministra de Exteriores.
Pero su biografía se entiende mejor a través de las causas que de los cargos.
Aborto, derechos civiles, igualdad de las mujeres, abolición de la pena de muerte, ayuda humanitaria, justicia penal internacional y construcción europea fueron apareciendo una y otra vez durante sus más de cincuenta años de actividad pública.
Y Asturias forma parte de esa historia.
Cuando el jurado del Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional de 1998 decidió reconocerla, no premió un cargo determinado. Premió precisamente una forma de entender la acción pública basada, según el acta de aquel año, en trabajar por los derechos de las mujeres, la paz y la solidaridad entre personas y pueblos.
Veintiocho años después, tras la muerte de Emma Bonino, aquellas palabras funcionan casi como un resumen anticipado de toda su vida.
