Barbón mira a Uruguay frente a la política del insulto: «La democracia es como un mueble con polilla, puede deteriorarse sin que se vea»

Barbón mira a Uruguay frente a la política del insulto: «La democracia es como un mueble con polilla, puede deteriorarse sin que se vea»

El presidente asturiano elogia en Montevideo el respeto entre adversarios políticos y advierte de los riesgos de convertir al rival en enemigo. Tras reunirse con Yamandú Orsi, reivindica también el derecho al voto de los emigrantes y sitúa a los casi 5.000 asturianos de Uruguay dentro de una Asturias que, sostiene, no termina en sus fronteras.

Adrián Barbón ha encontrado en Uruguay algo que asegura echar cada vez más en falta en la política: respeto.

El presidente del Principado ha aprovechado su visita a Montevideo para lanzar una reflexión que fue mucho más allá de la agenda habitual de un viaje institucional. Frente a los insultos, la polarización y la creciente conversión del adversario político en enemigo, Barbón puso a Uruguay como ejemplo de una cultura democrática en la que las diferencias no han eliminado las formas.

Y dejó una de las imágenes más contundentes de su gira por Sudamérica.

La democracia, advirtió, puede deteriorarse como un mueble atacado por la polilla: aparentemente permanece intacto, pero por dentro empieza a destruirse.

La reflexión llegó durante su encuentro con la colectividad asturiana en el Centro Asturiano Casa de Asturias de Uruguay, dentro de una visita que precede al Congreso Mundial de Asturianía que comenzará este miércoles en Buenos Aires.

Uruguay como espejo

Barbón aseguró que una de las cosas que más le han impresionado durante su estancia ha sido precisamente el clima político uruguayo.

«Hay un enorme respeto institucional», destacó.

Para el jefe del Ejecutivo asturiano, las formas no son un elemento secundario de la democracia.

«Las formas también definen el fondo», sostuvo antes de advertir sobre lo que ocurre cuando la confrontación política supera determinadas líneas y el adversario deja de ser simplemente alguien con ideas diferentes.

El problema, explicó, comienza cuando la política se convierte en «un lugar de insulto permanente» y se acaba confundiendo al adversario con un enemigo.

Su mensaje adquirió así una evidente lectura española: preservar las instituciones no consiste únicamente en mantener elecciones, parlamentos o gobiernos funcionando, sino también en proteger las reglas no escritas de convivencia sobre las que descansa el sistema.

«La democracia es algo muy delicado»

Barbón recurrió a una metáfora especialmente gráfica para explicar ese riesgo.

La democracia, sostuvo, no siempre desaparece mediante una ruptura espectacular.

Puede deteriorarse lentamente.

Puede seguir existiendo formalmente mientras se debilitan por dentro la convivencia, la confianza institucional y el respeto entre quienes piensan diferente.

«Es como un mueble con la polilla: de lejos parece perfecto, pero cuando te acercas ves que se deteriora», afirmó.

Su llamada fue por ello a cuidar la democracia antes de que ese desgaste resulte irreversible.

Encuentro con Yamandú Orsi

La escala uruguaya permitió además a Barbón mantener un encuentro institucional con el presidente de la República, Yamandú Orsi, en la Torre Ejecutiva de Montevideo.

La Presidencia uruguaya confirmó que la reunión se celebró el lunes 5 de octubre y que estuvo centrada en el fortalecimiento de los vínculos económicos, sociales y culturales entre Asturias y Uruguay. Barbón trasladó además a Orsi su valoración positiva de varias políticas públicas desarrolladas en el país.

Uno de los asuntos que el presidente asturiano puso sobre la mesa fue precisamente la comunidad asturiana residente en Uruguay.

Según explicó posteriormente, trasladó a Orsi que en el país viven cerca de 5.000 asturianos y asturianas, y destacó el interés mostrado por el mandatario uruguayo hacia esta colectividad. La cifra también ha sido recogida oficialmente por la Presidencia de Uruguay.

«No caben dos tipos de nacionalidad»

Barbón aprovechó ese contexto para entrar en otro asunto de fuerte contenido político: el derecho de voto de los españoles que viven en el extranjero.

El presidente asturiano rechazó cualquier diferencia entre quienes viven dentro y fuera del país a la hora de ejercer sus derechos políticos.

«No caben dos tipos de nacionalidad. Solo cabe una, y la nacionalidad lleva de forma consustancial el derecho a voto», afirmó.

El mensaje adquiere especial relevancia para Asturias, una comunidad con una enorme diáspora histórica y con miles de descendientes de emigrantes repartidos por América Latina.

Para Barbón, vivir a miles de kilómetros no convierte a esos ciudadanos en asturianos de segunda categoría.

Una Asturias que no termina en Pajares

Esa idea atravesó prácticamente toda su intervención.

Para el presidente, Asturias no puede entenderse únicamente como un territorio delimitado sobre el mapa.

También existe otra Asturias repartida entre Argentina, Uruguay, México, Cuba, Venezuela, Estados Unidos y numerosos países europeos.

«Ser asturiano es sentirse dentro de Asturias», resumió.

El Centro Asturiano Casa de Asturias de Uruguay representa precisamente esa conexión.

Barbón agradeció el trabajo realizado durante más de un siglo por generaciones de emigrantes y descendientes para evitar que desaparecieran la cultura, las tradiciones y el sentimiento de pertenencia.

El hecho de que esas instituciones hayan sobrevivido durante décadas, señaló, no es consecuencia de la casualidad, sino del esfuerzo de quienes las mantuvieron vivas generación tras generación.

De Montevideo a Buenos Aires

La visita uruguaya sirve además como antesala de uno de los acontecimientos centrales de esta gira americana.

Buenos Aires acogerá los días 7 y 8 de octubre el V Congreso Mundial de Asturianía, que por primera vez se celebra fuera del Principado.

El encuentro reunirá aproximadamente a un centenar de participantes y representantes de 35 centros y casas regionales de Asturias de todo el mundo, bajo el lema AsturiES plural.

La decisión de trasladar el congreso a Argentina tiene una fuerte carga simbólica.

Durante generaciones, aquel país fue uno de los principales destinos de la emigración asturiana y conserva una de las colectividades más importantes de la diáspora.

Barbón explicó que precisamente ese deseo de acercarse a los asturianos del exterior fue el que le llevó también a incluir Uruguay en el itinerario.

«Podía haber dejado el viaje en Argentina, pero quería cruzar a Uruguay», explicó ante los asistentes en Montevideo.

La sidra también cruzó el Atlántico

El presidente utilizó incluso la cultura sidrera para ilustrar la relación entre Asturias y sus emigrantes.

Recordó el reconocimiento de la cultura sidrera asturiana como patrimonio cultural inmaterial y destacó el papel desarrollado por quienes abandonaron Asturias para mantener vivas sus costumbres en los países de acogida.

Y estableció un paralelismo entre la elaboración tradicional de la sidra y la supervivencia de los centros asturianos.

Ambas, dijo, son obras colectivas.

La cultura sidrera sobrevivió gracias a generaciones que trabajaron juntas y las casas de Asturias han llegado hasta hoy por una razón semejante: porque unas generaciones fueron entregando a las siguientes aquello que habían recibido.

Una advertencia política desde 10.000 kilómetros

Pero el mensaje más político de la jornada quedó lejos de la nostalgia emigrante.

Desde Uruguay, Barbón quiso poner el foco precisamente en algo mucho más actual: qué ocurre cuando una sociedad empieza a acostumbrarse al insulto, la descalificación y la consideración del contrario como enemigo.

Su elogio al respeto institucional uruguayo terminó convertido así en una advertencia sobre la salud democrática.

Las democracias, vino a decir, rara vez avisan claramente de que empiezan a deteriorarse.

No siempre se rompen de un día para otro.

A veces mantienen intacta la apariencia mientras algo empieza a carcomerlas por dentro.

Por eso, desde Montevideo, Barbón dejó una de las frases más políticas de su viaje por la Asturias exterior:

la democracia, como cualquier patrimonio valioso, no basta con haberla conquistado. Hay que seguir cuidándola.

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