España enseña los dientes y ya espera Portugal: el Mundial entra en territorio salvaje

España enseña los dientes y ya espera Portugal: el Mundial entra en territorio salvaje

La selección firma ante Austria su partido más serio del torneo, gana 3-0, rompe una barrera de 16 años sin superar una eliminatoria mundialista y se cita en octavos con la Portugal de Cristiano, Leão y Gonçalo Ramos

España ya no está calentando motores. España ya está en el Mundial de verdad. La selección de Luis de la Fuente derrotó a Austria por 3-0 en los dieciseisavos de final, con doblete de Mikel Oyarzabal y un gol de Pedro Porro, y se metió en octavos con una actuación que cambia el tono del torneo: menos dudas, más autoridad y una sensación cada vez más clara de equipo grande. No fue solo ganar. Fue ganar sin encajar, sin conceder un disparo a puerta y con esa frialdad que separa a los candidatos de los equipos que simplemente pasan rondas.

El premio no será precisamente cómodo: Portugal. El derbi ibérico llega el lunes 6 de julio, a las 21:00 hora española, en el Dallas Stadium de Arlington. Una eliminatoria de octavos con aroma de final anticipada, con España creciendo y Portugal sobreviviendo. Porque los lusos también pasaron, pero lo hicieron por el alambre: 2-1 ante Croacia, penalti de Cristiano Ronaldo y cabezazo salvador de Gonçalo Ramos en el descuento.

España vuelve a parecer España

La victoria ante Austria fue mucho más que un trámite superado. Fue una declaración de intenciones. España venía de ganar su grupo, pero todavía arrastraba esa sensación incómoda de equipo brillante a ratos, algo intermitente, como si tuviera guardada una marcha más. Ante Austria apareció esa marcha.

La Roja presionó mejor, circuló con más claridad, abrió el campo, encontró profundidad por las bandas y volvió a juntar talento y agresividad. Lamine Yamal agitó el ataque, Cucurella fue un puñal por la izquierda, Oyarzabal ejerció de delantero con colmillo y Pedro Porro apareció desde atrás para firmar un gol de los que explican el estado de ánimo de un equipo: llegada, fe y hambre.

El 1-0 llegó con Oyarzabal en el minuto 36. El 2-0, obra de Pedro Porro, cayó en el 66. Y el 3-0, de nuevo de Oyarzabal, cerró la noche en el 89. El delantero ya suma cuatro goles en el Mundial y ha aparecido justo donde los torneos exigen que aparezcan los delanteros: en el área y en los cruces.

La defensa también gana Mundiales

La mejor noticia para España no está solo en los goles. Está en la portería. O, mejor dicho, en lo poco que está pasando cerca de ella. La selección sigue sin recibir un gol en el torneo y ante Austria no permitió ni un solo disparo a puerta. Reuters subrayó que no se veía algo así en una eliminatoria mundialista desde la final de 2014, cuando Alemania dejó sin tiros a puerta a Argentina.

Ese dato no es una anécdota. Es una señal. Los Mundiales no se ganan solo con fútbol bonito, por mucho que España tenga talento para aburrir a medio planeta. Se ganan con porteros tranquilos, centrales concentrados, laterales que no se parten, centrocampistas que muerden tras pérdida y delanteros que empiezan a defender antes de que el rival pueda levantar la cabeza.

España está encontrando ese equilibrio. Y ahí es donde empieza a dar miedo.

De la Fuente pisa el freno: “La satisfacción puede matar”

Luis de la Fuente, que sabe perfectamente que los Mundiales se le escapan a quien se mira demasiado al espejo, no quiso vender euforia barata después del 3-0. El seleccionador admitió que la imagen del equipo había sido “fabulosa”, pero avisó de que todavía hay margen de mejora y dejó una frase que sirve de titular interno para el vestuario: “La satisfacción puede matar”.

El mensaje es claro: España ha hecho su mejor partido, pero no ha ganado nada todavía. En realidad, ahora empieza lo serio. Ya no hay rivales cómodos, ni posibilidad de esconder un mal día detrás de una clasificación por puntos. Ahora un error te manda a casa. Y el siguiente rival es Portugal, que de errores ajenos entiende bastante.

Una barrera rota 16 años después

El triunfo ante Austria también tuvo valor histórico. España no superaba una eliminatoria mundialista desde 2010, el año de Johannesburgo, Iniesta y la estrella. Después llegaron las caídas, los penaltis, los torneos torcidos y esa memoria amarga de selecciones españolas incapaces de imponer su fútbol cuando el Mundial pasaba de la fase de grupos al modo supervivencia.

Por eso esta victoria pesa más de lo que parece. No es solo un 3-0. Es quitarse una losa. Es volver a ganar un partido de eliminación directa en un Mundial. Es decirle al torneo: España está aquí otra vez.

Portugal llega viva, no brillante

Portugal será el rival en octavos, pero no llega envuelta en una alfombra roja de autoridad. Llega tocada, discutida y, precisamente por eso, peligrosa. Su victoria ante Croacia fue un ejercicio de resistencia más que de dominio. El equipo de Roberto Martínez empezó espeso, sufrió muchísimo, se vio por detrás en el marcador con un gol de Ivan Perišić y necesitó un penalti de Cristiano Ronaldo para regresar al partido. Después, cuando parecía que la prórroga asomaba la cabeza, apareció Gonçalo Ramos en el minuto 94 para cabecear el 2-1 y evitar males mayores.

Portugal no enamoró. Pero sobrevivió. Y en un Mundial eso también es una forma de amenaza.

Porque una selección con Cristiano Ronaldo, Rafael Leão, Bruno Fernandes, Vitinha, Bernardo Silva, Diogo Costa y Gonçalo Ramos puede jugar mal durante muchos minutos y aun así decidir una eliminatoria en una acción aislada. Ese es el veneno portugués: no necesita dominarte para hacerte daño.

Cristiano sigue siendo una sombra enorme

Cristiano Ronaldo ya no es aquel ciclón que convertía cada partido en una propiedad privada. Pero sigue siendo Cristiano. Sigue condicionando defensas, árbitros, estadios, cámaras, rivales y compañeros. Ante Croacia empató de penalti en el momento más delicado para Portugal, aunque Roberto Martínez acabó sustituyéndolo en la recta final, una decisión fuerte que precedió al gol definitivo de Gonçalo Ramos.

El duelo ante España tendrá además un componente generacional inevitable: Cristiano frente al nuevo tiempo del fútbol español, representado sobre todo por Lamine Yamal. No será un partido de uno contra uno, porque el fútbol no funciona así, aunque la televisión se empeñe en venderlo con neones. Pero la imagen es potente: el veterano que se resiste a despedirse y el adolescente que juega como si el futuro ya fuera suyo.

Dónde puede hacer daño Portugal

España debe tener cuidado con tres zonas muy concretas. La primera, las pérdidas en salida. Portugal sufre cuando debe construir con paciencia, pero es letal si roba y encuentra metros por delante. Rafael Leão puede destrozar un partido abierto. Bruno Fernandes y Vitinha tienen pase para activar una transición en dos segundos. Y Gonçalo Ramos vive de atacar espacios y remates.

La segunda zona de riesgo son los centros laterales. Portugal tiene rematadores, carga muy bien el área y llega con gente desde segunda línea. España defendió de maravilla ante Austria, pero Portugal tiene otra pegada. Concede menos perdón.

La tercera amenaza es emocional. Si el partido entra en territorio de nervios, protestas, VAR, faltas laterales y marcador corto, Portugal se siente cómoda. No necesita jugar bien para competir bien. Y ahí España debe ser adulta: mover el balón, no precipitarse, no regalar contras y no caer en una eliminatoria de ida y vuelta.

Dónde puede ganar España

España tiene argumentos de sobra para hacer daño. Portugal sufrió ante Croacia cuando tuvo que atacar un bloque bien plantado y cuando el partido le exigió imaginación constante. Si España logra instalarse en campo rival, mover la pelota con velocidad y castigar las espaldas de los laterales portugueses, el partido puede inclinarse.

La clave estará en sostener el ritmo sin partirse. Pedri, Rodri, Dani Olmo, Baena, Lamine y los laterales tienen que convertir la posesión en dominio real, no en anestesia. España debe tener la pelota para mandar, no para dormir la noche. Y arriba, Oyarzabal llega con confianza de delantero serio, de esos que no necesitan veinte ocasiones para dejar huella.

También será fundamental la presión tras pérdida. Si España aprieta como ante Austria, Portugal tendrá dificultades para correr. Si España pierde y mira, Portugal se convertirá en una navaja.

El Mundial ya no espera a nadie

El camino se ha puesto serio de golpe. Alemania ya está fuera, varias favoritas han sufrido más de lo esperado y el nuevo formato ha convertido los cruces en una trampa constante. España ha llegado a octavos con una goleada, una portería imbatida y la sensación de que el equipo está creciendo en el momento adecuado. Pero Portugal es otra cosa. Es rivalidad, talento, oficio y amenaza permanente.

El lunes no habrá margen para discursos suaves. España se juega el pase a cuartos ante el vecino incómodo, el rival que nunca se va del partido aunque parezca estar contra las cuerdas. La Roja llega mejor. Portugal llega viva. Y en los Mundiales, a veces, estar viva ya es suficiente para asustar.

España ha enseñado los dientes. Ahora tiene que morder.

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