La joven, de 24 años y vecina de Lena, sufrió varias mordeduras profundas en una pierna cuando se dirigía a limpiar una vivienda en La Berruga. Necesitó una decena de puntos y ha denunciado los hechos ante la Guardia Civil.
Una joven de 24 años resultó gravemente herida el pasado martes tras ser atacada por un mastín cuando se dirigía a realizar un trabajo de limpieza en una vivienda de La Berruga, un pequeño núcleo rural del valle de Turón, en el concejo de Mieres.
La trabajadora, vecina de Lena, había estacionado la furgoneta de la empresa y caminaba hacia el domicilio en el que debía prestar servicio cuando observó que se acercaban dos perros, uno de ellos un mastín de gran tamaño.
Aunque el animal ladraba mientras avanzaba hacia ella, la joven continuó caminando al no considerar inicialmente que pudiera atacarla. Instantes después, el perro la alcanzó y comenzó a morderle repetidamente la pierna derecha.
La víctima sufrió varias dentelladas profundas y tuvo que defenderse utilizando la pierna que tenía libre. Finalmente logró apartar al animal, abrir la verja de la vivienda y refugiarse en el interior de la finca.
Sus gritos alertaron a las residentes de la casa, que salieron para auxiliarla y la trasladaron posteriormente al Hospital Álvarez-Buylla de Mieres.
Una decena de puntos por las mordeduras
Los sanitarios atendieron a la joven de aproximadamente media docena de heridas provocadas por las mordeduras. Las lesiones necesitaron limpieza, curas y alrededor de diez puntos de sutura.
La afectada permanece recuperándose en el domicilio de su madre, en Gijón, después de recibir el alta hospitalaria.
Además de las consecuencias físicas, el ataque le produjo un fuerte impacto emocional debido a la violencia del episodio y a las dificultades que tuvo para desprenderse del animal.
Denuncia ante la Guardia Civil
La joven comunicó lo ocurrido a la Guardia Civil el mismo día del ataque. Al día siguiente acudió al puesto de Ujo para presentar formalmente una denuncia, acompañada del correspondiente parte médico.
La víctima identificó al presunto propietario del mastín como un vecino de la zona. La Guardia Civil se ha hecho cargo de las investigaciones para determinar las circunstancias en las que se produjo el ataque y las posibles responsabilidades del dueño.
Según la información conocida hasta ahora, el perro no tendría implantado el microchip obligatorio. También deberá aclararse si el animal permanecía correctamente custodiado, cómo pudo acceder al camino por el que circulaba la trabajadora y si había protagonizado incidentes anteriores.
La ausencia de identificación dificultaría la localización inmediata del responsable y la comprobación del historial sanitario del perro.
El ataque se suma a otros episodios recientes en Asturias
El suceso de Turón vuelve a generar inquietud por la presencia de perros sin control en caminos, zonas rurales y espacios públicos.
En los últimos meses se han registrado en Asturias otros ataques graves. Una mujer y su hija resultaron heridas en Langreo después de ser atacadas por un perro que convivía con ellas. En Cangas de Onís, un hombre tuvo que ser evacuado en helicóptero tras sufrir varias mordeduras mientras se encontraba en una zona de montaña.
Estos casos producen una alarma comprensible, especialmente cuando están implicados perros grandes capaces de causar lesiones de consideración. Sin embargo, los ataques no pueden analizarse únicamente desde la raza o el tamaño del animal.
La mayoría de los expertos señala que influyen también la socialización, el adiestramiento, el estado de salud, el entorno en el que vive el perro y, principalmente, las medidas de vigilancia adoptadas por su propietario.
¿Hay cada vez más perros?
La población canina ha crecido de forma notable durante los últimos años. España cuenta con millones de perros registrados y Asturias presenta una elevada presencia de animales de compañía en relación con su población.
El aumento de perros en viviendas, pueblos y ciudades implica también una mayor frecuencia de contacto entre animales y personas. Por una simple cuestión estadística, cuantos más encuentros se producen, mayor es la posibilidad de que ocurra algún incidente.
Sin embargo, los registros no siempre permiten conocer con exactitud cuántos perros viven realmente en cada territorio. Algunos animales fallecidos continúan figurando durante años en los censos y no todas las comunidades aplican los mismos criterios para actualizar sus bases de datos.
Por tanto, puede afirmarse que hay más perros y una convivencia más intensa con ellos, pero no es sencillo calcular con precisión el crecimiento real.
¿Son ahora más peligrosos?
No existen datos suficientemente completos y homogéneos que permitan concluir que los perros actuales sean más agresivos o que los ataques estén aumentando proporcionalmente al crecimiento de la población canina.
España no dispone de una estadística nacional que reúna todas las mordeduras, su gravedad, las circunstancias en las que ocurrieron y el tipo de animal implicado. Muchos incidentes leves no se denuncian, mientras que otros quedan registrados como lesiones sin especificar su origen.
Los estudios disponibles indican además que una parte importante de las mordeduras se produce con perros conocidos por la víctima, pertenecientes a familiares, vecinos o personas cercanas.
La raza tampoco explica por sí sola el riesgo. Los perros de mayor tamaño pueden provocar lesiones más graves debido a su potencia física, pero cualquier animal puede reaccionar de manera agresiva si vive en malas condiciones, carece de socialización, siente dolor o no está correctamente controlado.
La responsabilidad del propietario, en el centro del problema
El ataque de Turón vuelve a poner el foco sobre las obligaciones de quienes poseen animales.
Un perro de gran tamaño, especialmente si desarrolla funciones de guarda o protección de una finca, no puede circular libremente por zonas utilizadas por trabajadores, repartidores, vecinos, senderistas o menores.
El propietario debe garantizar que el animal está identificado, registrado, correctamente custodiado y sometido a las medidas de seguridad necesarias. También debe impedir que pueda abandonar la propiedad o alcanzar espacios de tránsito público.
En caso de lesiones, el dueño puede tener que responder por los daños causados y afrontar consecuencias administrativas, civiles o incluso penales si se demuestra que actuó con negligencia grave.
Qué debe suceder ahora con el animal
Tras una agresión, las autoridades deben localizar e identificar al perro, comprobar su estado sanitario y someterlo al correspondiente control veterinario.
También será necesario valorar su comportamiento y las condiciones en las que se encontraba. El hecho de que un perro haya mordido a una persona no implica automáticamente su sacrificio, pero sí obliga a adoptar medidas para impedir que el ataque pueda repetirse.
La investigación deberá determinar si puede regresar con su propietario, si necesita medidas especiales de custodia o si debe ser declarado peligroso atendiendo a su comportamiento y antecedentes.
Más convivencia exige más control
El ataque sufrido por la joven lenense es especialmente grave porque ocurrió mientras se dirigía a trabajar y sin que existiera, aparentemente, ninguna provocación previa.
El caso no debe utilizarse para extender el miedo hacia todos los perros grandes ni hacia determinadas razas. Pero tampoco puede reducirse a un accidente inevitable.
La convivencia con un número creciente de animales exige más control, más responsabilidad y un cumplimiento riguroso de las normas.
El microchip, los cerramientos adecuados, la correa, el bozal cuando sea obligatorio, la socialización y la vigilancia no son simples trámites. Son medidas destinadas a evitar que una persona que sale de casa para cumplir con su trabajo termine en un hospital.
