Asturias se sitúa entre las comunidades con más ausencias laborales de España, mientras la izquierda y los sindicatos acusan al PP de preparar recortes y los populares defienden que hay que combatir el fraude sin desproteger a quien enferma
El debate sobre el absentismo laboral ha dejado de ser una discusión técnica de empresarios, mutuas y sindicatos para convertirse en una nueva línea de choque político en Asturias. Las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo, que calificó el absentismo como un “cáncer” económico y cuestionó que un trabajador pueda cobrar lo mismo estando de baja que acudiendo a su puesto, han provocado una reacción inmediata de la izquierda asturiana y de las organizaciones sindicales. El PP, por su parte, ha tratado de reconducir el mensaje: asegura que habla de fraude, no de castigar a quien enferma.
Pero el incendio verbal ha prendido porque toca una cuestión sensible: las bajas médicas no son una anécdota en Asturias. Son un problema económico, sanitario, laboral y político de primer orden. Y conviene decirlo claro: el absentismo existe, crece y cuesta mucho dinero; pero meter en el mismo saco a una persona enferma, a una baja fraudulenta y a un permiso regulado es una forma bastante eficaz de embarrar el debate.
Asturias, segunda comunidad con más absentismo
El último informe de Randstad Research, elaborado a partir de la Encuesta Trimestral de Costes Laborales del INE, sitúa la tasa de absentismo en España en el 7,2% de las horas pactadas durante el primer trimestre de 2026. En Asturias, la tasa sube hasta el 9,1%, solo por detrás del País Vasco, que alcanza el 9,4%, y por encima de Canarias, con el 8,9%. Es decir, el Principado está en la parte alta de la tabla nacional. Muy alta.
La diferencia con España no es menor: Asturias supera en casi dos puntos la media nacional. Además, el repunte asturiano es especialmente intenso: un punto más que en el mismo periodo del año anterior, el mayor incremento interanual del país. Cuando se mira solo la incapacidad temporal, la fotografía es aún más clara: el absentismo por baja médica alcanza en Asturias el 7,3%, frente al 5,6% nacional.
Por sectores, el dato asturiano es llamativo. La industria registra una tasa de absentismo del 9,7%, con un 7,8% por bajas médicas; los servicios se sitúan en el 9,1%; y la construcción, aunque queda por debajo dentro de la comunidad, alcanza el 7,7%, una cifra que coloca a Asturias como líder nacional en ausencias dentro de este sector.
La factura: 615 millones al año en Asturias
El absentismo no solo afecta a la organización diaria de las empresas. También tiene una factura muy concreta. La presidenta de FADE, María Calvo, cifró recientemente en 615 millones de euros el coste directo del absentismo laboral en Asturias durante 2025. De esa cantidad, según la patronal asturiana, las empresas asumieron directamente 242 millones.
La patronal añadió otro dato relevante: 22.154 personas no acudían diariamente a su puesto de trabajo por incapacidad temporal en Asturias. FADE compara el impacto económico del absentismo con partidas presupuestarias esenciales y reclama más implicación institucional, refuerzo de la inspección médica y convenios con mutuas para aliviar listas de espera.
A escala nacional, las cifras también son de vértigo. Randstad calcula que, de media, 1.602.889 personas no acudieron diariamente a su trabajo en el primer trimestre de 2026; de ellas, 1.240.138 estaban de baja médica. Eso significa que casi ocho de cada diez ausencias estaban justificadas por incapacidad temporal.
Adecco, en su indicador adelantado del XV Informe sobre Empresa Saludable y Gestión del Absentismo, sitúa la tasa anual de absentismo de 2025 en el 7,68%, máximo histórico, con entre 1,6 y 1,7 millones de personas ausentes al día, de las cuales 1,27 millones estaban de baja médica.
El error de mezclar absentismo y baja médica
Ahí está el nudo del conflicto. El absentismo laboral puede incluir muchas realidades: incapacidad temporal, permisos, ausencias injustificadas u otras incidencias. Pero una baja médica no la “coge” libremente el trabajador como quien coge un paraguas al salir de casa. La prescribe un médico.
Por eso sindicatos e izquierda han acusado al PP de poner bajo sospecha a los trabajadores enfermos. UGT ha insistido en que las bajas médicas y el absentismo injustificado son cosas distintas, una distinción básica si se quiere hablar en serio del problema.
El PP nacional, tras el revuelo, matizó las palabras de Feijóo. Juan Bravo aseguró que el líder popular se refería “solo a los casos de fraude, no a cuando se está enfermo”, y reconoció que el partido pudo no haberse explicado bien. También afirmó que el PP no pretende reducir el salario de los trabajadores que estén legítimamente de baja.
El problema es que la frase inicial ya había hecho su trabajo: incendiar el debate. En Asturias, la FSA exigió a Álvaro Queipo que aclarase si comparte el planteamiento de Feijóo y acusó al PP de anticipar una “reforma laboral salvaje” si llega al Gobierno. Para los socialistas asturianos, no se trata de combatir el fraude, sino de abrir la puerta a recortes sobre trabajadores enfermos.
¿Cobran todos el 100% estando de baja? No
Uno de los puntos más delicados es la idea de que estar de baja equivale automáticamente a cobrar lo mismo que trabajando. No es así.
La Seguridad Social establece que, en una baja por enfermedad común o accidente no laboral, no se cobra prestación durante los tres primeros días; del cuarto al vigésimo día se percibe el 60% de la base reguladora; y desde el día 21, el 75%. En accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, la prestación es del 75% desde el día siguiente a la baja.
Otra cosa es que algunos convenios colectivos complementen esas cantidades hasta llegar al 100%. Ahí se sitúa parte del debate entre patronal y sindicatos. La CEOE quiere revisar esos complementos en la negociación colectiva, mientras que los sindicatos consideran que eliminarlos supondría castigar económicamente a quien ya está enfermo. Garamendi, presidente de la CEOE, ha pedido hablarlo en los convenios, pero también ha reclamado más médicos, más psicólogos, una sanidad pública más fuerte y mayor colaboración de las mutuas.
Las causas: envejecimiento, salud mental, listas de espera y trabajos duros
El aumento de las bajas no tiene una sola explicación. Hay fraude, sí, como en cualquier sistema. Pero no hay datos públicos sólidos que permitan afirmar que el fraude sea la causa principal del crecimiento. Lo que sí aparece de forma repetida en los informes es otra cosa: más bajas médicas, más largas y concentradas en determinados sectores y perfiles.
Adecco apunta al envejecimiento de la población activa, el aumento de los problemas de salud mental y la mayor duración de los procesos médicos como factores centrales. También subraya el peso de los trabajos con exigencia física, posturas forzadas y movimientos repetitivos, especialmente en industria, manufactura y actividades presenciales.
FADE y AMAT han puesto el foco en Asturias en la duración media de las bajas, que habría aumentado cerca de un 8%, y en los procesos de más de un año, que se han multiplicado por más de seis. También han destacado que las bajas por salud mental representan ya el 20% del total nacional y que en Asturias los trastornos mentales entre menores de 35 años han crecido más de un 567% en ocho años.
A ello se añade el atasco sanitario. Los especialistas, sindicatos y patronales coinciden en que las listas de espera prolongan bajas que podrían resolverse antes. Según datos recogidos por El País a partir de fuentes oficiales, en España había 853.509 personas en lista de espera quirúrgica y la espera media era de 121 días. En atención primaria, solo el 22% de los pacientes fue atendido el mismo día o al día siguiente, mientras que el 70% tuvo que esperar más.
Dicho sin anestesia: si una persona tarda meses en una prueba, una operación o una consulta especializada, la baja no se cura por decreto ni por bronca parlamentaria.
España frente a Europa: estamos arriba, pero la comparación tiene trampa
España aparece en la parte alta de Europa en bajas médicas. Según datos de Eurostat recopilados por IVIE y Umivale Activa, el 4,5% de los ocupados españoles de 20 a 64 años se ausentaron del trabajo por incapacidad temporal en 2024, casi el doble de la media comunitaria, situada en el 2,5%. España encabezaba la UE junto a Eslovenia, Bélgica y Francia.
Ahora bien, comparar países no es tan sencillo como poner porcentajes en fila india. Los sistemas de baja, los controles, los salarios durante la enfermedad, la cultura laboral y la forma de registrar los datos varían mucho. Euronews recuerda, por ejemplo, que en España no se cobra prestación los tres primeros días de una baja común, después se cobra el 60% y a partir del día 21 el 75%; mientras que otros países europeos tienen esquemas distintos, algunos más generosos y otros mucho más restrictivos.
DW, con datos de la OCDE, señala que Alemania registró unas 3,5 semanas de baja por trabajador, pero que Noruega, España y Eslovenia alcanzan cinco semanas o más en ciertas comparativas. También apunta que los problemas musculoesqueléticos y de salud mental son causas crecientes en Europa.
La conclusión es clara: España tiene un problema real, pero no basta con mirar a Europa para copiar una receta. Hay que mirar el sistema sanitario, la estructura productiva, el envejecimiento laboral, la prevención y la calidad del empleo.
¿Cómo se puede solucionar?
La primera solución es llamar a cada cosa por su nombre. Absentismo injustificado, baja médica, permiso laboral y fraude no son lo mismo. Si se mezclan, se consigue mucho ruido y pocas soluciones.
La segunda es acelerar la sanidad. Menos listas de espera, más atención primaria, más salud mental, más especialistas y mejor coordinación entre el sistema público, el INSS y las mutuas. Si una baja se alarga porque el paciente no llega a tiempo a diagnóstico o tratamiento, el coste se dispara y el trabajador tampoco gana nada: sigue enfermo, cobra menos en muchos casos y se deteriora más.
La tercera es reforzar la prevención en las empresas. En Asturias esto es clave por el peso de sectores industriales, servicios presenciales, limpieza, cuidados, construcción y actividades con exigencia física. Ergonomía, evaluación de riesgos psicosociales, adaptación de puestos, control de cargas, turnos más razonables y protocolos de reincorporación gradual no son adornos de recursos humanos: son política económica.
La cuarta es perseguir el fraude, pero con bisturí, no con motosierra. Si hay bajas fraudulentas, deben detectarse y sancionarse. Pero usar el fraude como argumento para recortar prestaciones a todo el mundo sería tan fino como arreglar una gotera dinamitando el edificio.
La quinta es abrir un acuerdo real entre Gobierno, comunidades autónomas, patronal y sindicatos. En Asturias, Foro ha reclamado que cualquier medida se encaje en la concertación social. Ese parece el camino más sensato: datos, diagnóstico compartido y medidas verificables.
Un debate demasiado serio para convertirlo en eslogan
Asturias tiene un problema de absentismo. España también. Los datos son contundentes y mirar hacia otro lado sería absurdo. Pero convertir el debate en una sospecha generalizada sobre los trabajadores enfermos es una mala salida. Y además es injusta.
La cuestión de fondo no es si hay que actuar. Hay que actuar. La cuestión es cómo. Si la respuesta pasa por recortar derechos de forma general, la izquierda y los sindicatos tendrán munición política de sobra para hablar de retroceso laboral. Si la respuesta pasa por perseguir el fraude, mejorar la sanidad, reducir listas de espera, reforzar la prevención y adaptar mejor los puestos de trabajo, entonces el debate puede salir del barro.
Porque el absentismo no se resuelve con una frase gruesa. Se resuelve haciendo justo lo contrario: separar el dato del prejuicio, el fraude de la enfermedad y la política útil del ruido. Que, visto lo visto, ya sería una reforma bastante ambiciosa.
