El alcalde advierte de que el histórico certamen podría estar acercándose a sus últimas ediciones si no se resuelve el tratamiento de los residuos ganaderos y lácteos; el Principado promete una solución mientras el sector afronta el descenso de la leche de oveja y cabra, el encarecimiento de la producción y los efectos del cambio climático
Un queso Cabrales puede alcanzar en una subasta un precio reservado a los automóviles de lujo. Puede aparecer en televisiones de medio mundo, acumular récords y convertirse durante unas horas en la pieza de queso más cara del planeta.
Pero detrás de esa imagen de éxito internacional se está abriendo una grieta mucho menos brillante.
Ganaderos y queseros del concejo de Cabrales afrontan dificultades crecientes para mantener sus explotaciones, gestionar los residuos que genera la actividad, asegurar el suministro de leche y soportar unos costes de producción cada vez mayores. El problema ha alcanzado tal dimensión que el alcalde cabraliego, José Sánchez, ha lanzado una advertencia extraordinariamente dura: si no se actúa, el famoso Certamen del Queso Cabrales podría encontrarse ante su “penúltima o antepenúltima” edición.
No existe en este momento ningún procedimiento para extinguir la Denominación de Origen Protegida Cabrales ni puede afirmarse que el producto vaya a desaparecer de manera inmediata. Pero el aviso coloca sobre la mesa una paradoja inquietante: Asturias puede presumir del queso más caro del mundo y, al mismo tiempo, estar poniendo en riesgo el sistema rural que permite elaborarlo.
Una advertencia que heló la presentación del certamen
Las palabras del alcalde se produjeron durante la presentación de la 54.ª edición del Certamen del Queso Cabrales, que se celebrará el próximo domingo 30 de agosto en Arenas de Cabrales.
El escenario elegido fue el Llagar de Colloto, establecimiento que durante las últimas ediciones ha protagonizado las mayores pujas por el queso ganador y ha contribuido decisivamente a convertir la subasta en un acontecimiento internacional.
Lo que debía ser una presentación festiva terminó transformándose en una llamada de socorro.
José Sánchez aseguró que el concejo atraviesa un momento “muy complicado” y advirtió del riesgo que corre una denominación histórica si las administraciones y la sociedad no valoran y sostienen el trabajo de ganaderos y queseros. El alcalde situó en el centro del problema la gestión de los residuos lácteos y ganaderos, una cuestión que condiciona directamente la continuidad de las explotaciones.
La directora general de Desarrollo Rural y Agroalimentación, Begoña López, reconoció durante el mismo acto la gravedad de la situación y aseguró que el Gobierno asturiano intentará resolver el problema para que productores y elaboradores puedan continuar trabajando. También relacionó las dificultades actuales con los efectos del cambio climático sobre la producción.
No está desapareciendo la DOP, pero sí se tambalea su base productiva
Conviene precisar el alcance real de la alarma.
La DOP Cabrales continúa activa, mantiene sus órganos de control y certificación y prepara con normalidad la edición número 54 de su certamen. El Consejo Regulador garantiza el cumplimiento de las normas de elaboración, certifica las queserías y controla que cada pieza comercializada bajo la denominación responda a los requisitos establecidos.
Por tanto, no existe una decisión formal de cerrar la denominación ni una fecha para dejar de producir queso Cabrales.
El peligro es más profundo y menos inmediato: que cada vez haya menos ganaderos dispuestos a producir leche, menos relevo generacional, mayores costes y más obstáculos técnicos para mantener abiertas las explotaciones.
Una denominación puede seguir existiendo jurídicamente durante años, pero perder poco a poco la actividad que le da sentido. El nombre sobreviviría sobre el papel mientras se debilita la red de familias, animales, queserías, cuevas y pueblos que lo sostienen.
Un queso que solo puede nacer en un territorio muy pequeño
El Cabrales no es una receta que pueda trasladarse a cualquier fábrica.
Su producción está vinculada al concejo de Cabrales y a tres localidades limítrofes de Peñamellera Alta. Se elabora artesanalmente con leche cruda de vaca o con una mezcla de leche de vaca, oveja y cabra, y completa su maduración en cuevas naturales de los Picos de Europa.
Ese proceso depende de elementos imposibles de deslocalizar:
- Ganaderías activas dentro del territorio autorizado.
- Leche producida conforme a las condiciones de la denominación.
- Queserías certificadas.
- Cuevas naturales con las condiciones de humedad y temperatura necesarias.
- Conocimientos transmitidos entre generaciones.
- Una población rural capaz de mantener la actividad durante todo el año.
Cuando una explotación desaparece, no se pierde únicamente una empresa. También se reduce el suministro local de leche, se abandonan pastos, desaparece actividad económica y se rompe una parte de la cadena que mantiene vivo el paisaje de los Picos de Europa.
La producción se mantiene, pero pierde diversidad ganadera
Los últimos datos completos publicados por el Consejo Regulador muestran que en 2024 se produjeron 361.108 kilos de queso Cabrales, prácticamente la misma cantidad que en 2023, cuando se alcanzaron 361.722 kilos.
La cifra puede transmitir una apariencia de estabilidad. Sin embargo, los datos de la leche utilizada muestran señales más preocupantes.
La leche de vaca pasó de 4.343.744 litros en 2023 a 4.292.438 en 2024. La de cabra descendió desde 32.631 hasta 29.271 litros. Mucho mayor fue la caída de la leche de oveja, que se redujo prácticamente a la mitad: de 10.276 a 5.429 litros.
Materia prima 2023 2024 Evolución
| Leche de vaca | 4.343.744 litros | 4.292.438 litros | –1,2% |
| Leche de cabra | 32.631 litros | 29.271 litros | –10,3% |
| Leche de oveja | 10.276 litros | 5.429 litros | –47,2% |
| Queso producido | 361.722 kilos | 361.108 kilos | –0,2% |
El Consejo Regulador señaló entonces que el número de ganaderos y queseros inscritos se mantenía estable. Sin embargo, el fuerte descenso de la leche de oveja y cabra revela una pérdida progresiva de las producciones minoritarias que históricamente dieron complejidad y personalidad al Cabrales.
No todo el queso Cabrales lleva necesariamente las tres leches, ya que puede elaborarse solo con leche de vaca. Pero la desaparición de rebaños de ovejas y cabras empobrecería la diversidad de la denominación y dificultaría la continuidad de determinadas elaboraciones tradicionales.
El estiércol se ha convertido en un problema estratégico
El tratamiento de los residuos ganaderos no es una cuestión secundaria ni un simple trámite administrativo.
Las explotaciones generan estiércol y otros subproductos orgánicos que deben recogerse, transportarse y tratarse de acuerdo con la normativa ambiental. En un territorio de montaña, con fuertes pendientes, carreteras estrechas, núcleos dispersos y espacios de gran valor natural, esa gestión resulta especialmente compleja y costosa.
Cabrales dispone de una planta de tratamiento de estiércol en Ortiguero. Durante 2025, esa instalación recogió 4.123.690 kilos de residuos y obtuvo 1.756.970 kilos de material compostado, equivalente al 42,6% del volumen tratado. En mayo de 2026, el Principado anunció que reforzaría su gestión y elevaría el presupuesto hasta los 1,1 millones de euros.
La magnitud de esas cifras permite entender el problema: no se trata de unas pocas toneladas que cada ganadero pueda resolver de forma individual. Es un flujo de millones de kilos que exige una infraestructura estable, financiación pública, transporte especializado y una salida útil para el material tratado.
El Gobierno asturiano aprobó también nuevas instrucciones para mejorar el funcionamiento de la planta, incluyendo sistemas digitales que permitan seguir los residuos desde su origen hasta su destino final.
La planta de biogás aparece como una posible salida
Una de las soluciones planteadas es la construcción de una planta de biogás en Arenas de Cabrales.
La instalación permitiría aprovechar residuos ganaderos y otros materiales orgánicos para producir energía, reducir su impacto ambiental y transformar un problema costoso en un recurso aprovechable.
El Principado considera viable el proyecto y anunció el pasado 16 de julio que acompañará al Ayuntamiento de Cabrales en la tramitación urbanística. El Gobierno regional calificó la planta como una infraestructura estratégica tanto para el futuro del sector quesero como para la gestión sostenible de los residuos ganaderos.
El proyecto, sin embargo, todavía debe superar trámites, autorizaciones y condicionantes técnicos. La promesa de una solución futura no elimina las dificultades inmediatas que afrontan quienes tienen que retirar y tratar los residuos todos los días.
Ese desfase entre la urgencia de las explotaciones y los tiempos administrativos explica parte de la dureza de la advertencia lanzada por el alcalde.
Cambio climático: menos agua, menos pasto y más incertidumbre
A los problemas administrativos y económicos se suma el clima.
Las variaciones en las lluvias, los episodios de calor, las sequías estacionales y los cambios en el crecimiento de los pastos afectan directamente al ganado. Cuando disminuye el alimento disponible en el campo, aumentan las compras de forraje y pienso, se encarece la producción y puede reducirse la cantidad de leche.
El impacto es especialmente delicado en explotaciones pequeñas y de montaña, donde los márgenes económicos son estrechos y resulta más difícil mecanizar o ampliar la actividad.
El cambio climático también puede alterar las condiciones de humedad y temperatura en las cuevas naturales donde madura el queso. Aunque esas cavidades ofrecen una gran estabilidad, no están completamente aisladas de las transformaciones ambientales del territorio.
La representante del Principado mencionó expresamente durante la presentación del certamen el impacto climático como uno de los factores que preocupan al sector.
El queso de 36.000 euros frente a una actividad que lucha por sobrevivir
El Certamen del Queso Cabrales ha alcanzado una repercusión extraordinaria gracias a su subasta final.
En 2024, la pieza ganadora fue adquirida por 36.000 euros, estableciendo un nuevo récord mundial. El queso, de algo más de dos kilos, había sido elaborado por la quesería Ángel Díaz Herrero, de Tielve.
La cifra tiene un enorme valor promocional. Cada récord coloca el nombre de Cabrales en medios nacionales e internacionales y genera una publicidad que difícilmente podría pagarse mediante una campaña convencional.
Pero los 36.000 euros no son el precio habitual que reciben los productores por sus quesos ni resuelven las dificultades estructurales de la denominación.
La subasta representa una pieza excepcional, seleccionada en un concurso y adquirida mediante una puja con una fuerte dimensión promocional y solidaria. La inmensa mayoría de la producción se vende a precios normales y debe sostener explotaciones, salarios, alimentación animal, electricidad, transporte, controles sanitarios, maduración y distribución.
El récord mundial ilumina durante un día el escaparate. El resto del año, el sector continúa trabajando con botas, cubas de leche, cuevas húmedas, carreteras de montaña y cuentas que tienen que cuadrar.
Lo que Asturias perdería si retrocede el Cabrales
La desaparición o reducción drástica de la actividad no afectaría únicamente a las queserías.
Golpearía a una cadena económica y cultural mucho más amplia:
- Ganaderos de vacuno, ovino y caprino.
- Trabajadores de queserías y cuevas.
- Transportistas y distribuidores.
- Comercios y mercados.
- Sidrerías y restaurantes.
- Alojamientos y empresas turísticas.
- Ferias y actividades culturales.
- La conservación de los pastos y del paisaje rural.
- La población permanente de los pueblos de Cabrales.
El queso funciona además como una marca territorial. Muchas personas conocen Cabrales antes por su producto que por su ubicación geográfica. El nombre del concejo viaja impreso en cada etiqueta y aparece en cartas de restaurantes de España, Europa y otros mercados internacionales.
La DOP es, por tanto, una industria agroalimentaria, pero también una poderosa campaña permanente de promoción turística de Asturias.
Una denominación protegida desde 1981
El Queso Cabrales está protegido mediante denominación de origen desde 1981, lo que lo convierte en una de las figuras de calidad más veteranas de España. Su certificación garantiza el origen, el método de elaboración y el cumplimiento de unas condiciones estrictas.
Esta protección evita que cualquier queso azul producido fuera de la zona pueda utilizar legalmente el nombre Cabrales.
Pero una denominación de origen no se conserva solo mediante reglamentos. Necesita productores, leche, explotaciones, instalaciones, compradores y relevo generacional.
La etiqueta protege el nombre. Las personas mantienen vivo el producto.
La edición de 2026 se celebrará, pero con una sombra inesperada
La 54.ª edición del certamen está anunciada para el último domingo de agosto, el día 30. El concurso volverá a reunir en Arenas de Cabrales a queserías, jurados, vecinos, visitantes y compradores.
Habrá degustaciones, piezas excepcionales y una nueva subasta que previsiblemente volverá a atraer las cámaras.
Sin embargo, esta vez cada puja tendrá detrás una pregunta incómoda: ¿de qué sirve presumir del queso más caro del planeta si no se garantiza el futuro de quienes lo hacen posible?
La advertencia del alcalde no debe interpretarse como el anuncio de una desaparición inmediata, pero tampoco como una frase protocolaria pronunciada para llamar la atención.
El problema de los residuos existe. La caída de la leche de oveja y cabra es cuantificable. Los costes aumentan. El relevo rural resulta difícil. El clima introduce nuevas incertidumbres. Y las soluciones técnicas avanzan con una lentitud que no siempre coincide con las necesidades diarias de las explotaciones.
Cabrales no pide un homenaje: pide poder seguir trabajando
Asturias lleva décadas utilizando el queso Cabrales como emblema gastronómico.
Aparece en campañas turísticas, menús institucionales, ferias, concursos y promociones internacionales. Es uno de esos productos capaces de resumir un territorio entero en un solo sabor: montaña, cuevas, humedad, ganado y tradición.
Pero los símbolos también necesitan infraestructuras.
Necesitan plantas de tratamiento que funcionen, sistemas de recogida asumibles, apoyo a las explotaciones de montaña, precios que remuneren el trabajo, adaptación climática y jóvenes que encuentren razones para continuar.
El próximo 30 de agosto puede volver a batirse otro récord mundial. Una pieza podría venderse por 40.000 euros, por 50.000 o por una cifra todavía más espectacular.
La verdadera victoria, sin embargo, no será ver cuánto paga alguien por el mejor queso del año.
Será conseguir que dentro de diez, veinte o cincuenta años todavía haya ganaderos ordeñando en Cabrales, queseros trabajando en los pueblos y piezas madurando lentamente en las cuevas de los Picos de Europa.
