Cofiño sale del tablero orgánico de la FSA y Barbón mueve piezas ante el pulso electoral de 2027

Cofiño sale del tablero orgánico de la FSA y Barbón mueve piezas ante el pulso electoral de 2027

El presidente de la Junta General renuncia a presidir el Comité Autonómico y se queda sin cargos internos en el partido. Mariví Monteserín, alcaldesa de Avilés, toma el relevo en plena tensión territorial, con críticas desde Villaviciosa y malestar del SOMA por el relato político del acuerdo de Hunosa

La Federación Socialista Asturiana entra en una nueva fase interna cuando apenas queda un año para que arranque la carrera real hacia las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2027. Juan Cofiño, presidente de la Junta General del Principado y una de las figuras de más peso institucional del socialismo asturiano durante la última década, ha renunciado a la presidencia del Comité Autonómico de la FSA-PSOE, el máximo órgano del partido entre congresos.

El movimiento no es menor. Cofiño no solo deja ese puesto: se queda sin ningún cargo orgánico en la Federación Socialista Asturiana. Mantiene, eso sí, su responsabilidad institucional al frente del Parlamento asturiano, pero abandona el último espacio interno que aún conservaba dentro de la estructura del partido.

La decisión se hizo efectiva en el Comité Autonómico celebrado este lunes en Oviedo, aunque la salida venía madurándose desde hace semanas. Su sustituta será Mariví Monteserín, alcaldesa de Avilés, que asumirá la presidencia del órgano. El relevo llega acompañado de otro cambio en la mesa del Comité: Mario Efrén García será vicepresidente, en sustitución de Norma Bernad, que también había presentado su dimisión. La designación de Monteserín se produjo antes del arranque de la reunión y fue aprobada por unanimidad.

Un paso al lado con lectura institucional

La explicación formal del movimiento apunta a la voluntad de Cofiño de preservar la independencia de la Presidencia de la Junta General en un momento de alta tensión parlamentaria entre PSOE y PP. En el entorno del dirigente socialista se interpreta que su permanencia al frente de un órgano interno de la FSA podía alimentar críticas de parcialidad justo cuando el Parlamento autonómico se ha convertido en uno de los escenarios centrales del choque político asturiano.

La semana pasada, el portavoz parlamentario adjunto del PP, Luis Venta, acusó a Cofiño de actuar de manera partidista. La renuncia llega, por tanto, en un contexto en el que el presidente de la Cámara busca separar con más nitidez su papel institucional de cualquier función orgánica en el PSOE. La operación tiene una lógica clara: cuanto más se caliente la legislatura, más blindado necesita estar el árbitro parlamentario.

Cofiño fue elegido presidente de la Junta General del Principado en junio de 2023, tras haber sido vicepresidente del Gobierno asturiano en la anterior legislatura. El propio portal de Actualidad del Principado recogió entonces la felicitación de Adrián Barbón al nuevo presidente del Parlamento autonómico durante el acto de constitución de la Cámara.

Del núcleo duro de Barbón a una posición institucional

La salida orgánica de Cofiño confirma una evolución política que ya venía produciéndose desde 2023. Durante la legislatura 2019-2023 fue uno de los hombres fuertes del Ejecutivo de Adrián Barbón, vicepresidente del Gobierno y referente en materias sensibles como la administración autonómica, la relación con el tejido empresarial y varias iniciativas legislativas de alto impacto.

Tras las elecciones de 2023, Barbón lo situó en la Presidencia de la Junta General. Ese movimiento permitió, además, abrir una nueva etapa de entendimiento con Izquierda Unida, socio minoritario del Ejecutivo autonómico, después de una legislatura anterior en la que IU había sido especialmente crítica con algunas de las leyes impulsadas desde el área de Cofiño.

Su presencia orgánica en la FSA, sin embargo, no desapareció de golpe. En agosto de 2023, Barbón propuso incorporar a Cofiño a la Comisión Ejecutiva Autonómica como secretario ejecutivo, al mismo tiempo que Rita Camblor entraba en la dirección del partido. Aquella incorporación se justificó entonces por el valor de contar con su experiencia política e institucional.

La siguiente estación fue el 34.º Congreso de la FSA-PSOE, celebrado en Avilés en enero de 2025. Allí, Barbón revalidó su liderazgo con una Ejecutiva de 42 miembros y el 90,9% de los votos de los delegados. La lista del Comité Autonómico, que obtuvo el mismo respaldo, situaba a Cofiño como presidente de ese órgano.

La designación formal llegó meses después, en junio de 2025, durante la reunión constitutiva del Comité Autonómico en Lugones. En aquella cita, Cofiño fue aprobado por unanimidad como presidente, con Norma Bernad como vicepresidenta y Begoña Fernández como secretaria de actas.

Ahora, apenas un año después de aquella constitución formal, Cofiño sale definitivamente del tablero interno.

Monteserín, una veterana municipalista para pilotar el órgano entre congresos

La elección de Mariví Monteserín no parece casual. La alcaldesa de Avilés representa un perfil político con fuerte raíz municipal, amplia trayectoria socialista y experiencia institucional prolongada. El Ayuntamiento de Avilés la identifica oficialmente como alcaldesa y responsable directa de áreas como Comunicación, Policía Local e Igualdad.

Su llegada a la presidencia del Comité Autonómico refuerza una idea que Barbón viene repitiendo internamente: el PSOE asturiano necesita ordenar el mapa territorial antes de 2027. Las autonómicas serán importantes, pero las municipales pueden ser igual de decisivas para medir la fortaleza real de la FSA. Y ahí los alcaldes, los candidatos locales y las agrupaciones van a pesar tanto como los grandes discursos autonómicos.

En el Comité de este lunes, Barbón pidió a las agrupaciones que eligieran candidatos capaces de ganar elecciones también fuera del ámbito interno del partido. Su mensaje fue claro en términos políticos: no basta con ganar una asamblea; hay que sumar en la calle.

Villaviciosa avisa: malestar territorial en año preelectoral

El Comité Autonómico no fue una reunión de ruptura, pero tampoco un paseo militar. Según las fuentes consultadas, el alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, expresó críticas hacia la dirección y hacia el Ejecutivo regional, al que reprochó incumplimientos. También trasladó dudas sobre el rumbo del partido de cara a 2027.

La intervención de Vega tiene más fondo del que aparenta. No estamos ante un dirigente menor en el mapa local socialista. El alcalde de Villaviciosa logró cambiar el signo político del concejo en 2015, revalidó después el gobierno municipal y alcanzó mayorías absolutas en 2019 y 2023. El Fielato ya informó en 2025 de que Vega dejaría la Secretaría General del PSOE de Villaviciosa tras 12 años, en un contexto de discrepancias conocidas con la línea oficial del partido.

Ese antecedente ayuda a entender la importancia de lo ocurrido este lunes. La FSA encara 2027 con un reto doble: conservar el Gobierno autonómico y proteger su poder municipal. Para eso necesita evitar que los alcaldes con peso territorial lleguen al ciclo electoral desmotivados, incómodos o con la sensación de que Oviedo no escucha.

El aviso de Villaviciosa no tumba ningún tablero, pero lo mueve. Y en política local, a veces una pieza aparentemente pequeña acaba diciendo mucho del clima de fondo.

Hunosa: acuerdo histórico, batalla por el relato

El otro foco de tensión llegó desde el ámbito minero. El SOMA-FITAG-UGT trasladó su malestar por el modo en que se ha interpretado políticamente el acuerdo entre Hunosa y los sindicatos para el nuevo Plan de Empresa 2025-2028.

El pacto, en sí mismo, es de enorme calado para Asturias. La dirección de Hunosa y los sindicatos SOMA-FITAG-UGT y CCOO de Industria alcanzaron un principio de acuerdo, bajo la presidencia de SEPI, para guiar la actividad de la compañía y darle estabilidad hasta 2050. La propia SEPI lo presenta como el cierre de 30 años de reconversión y destaca que, por primera vez en décadas, crecerá el empleo neto en la empresa pública.

Las cifras explican la importancia del acuerdo: más de 130 millones de euros en inversiones, 160 incorporaciones entre la matriz y la filial Sadim, 80 nuevos empleos directos en Hunosa, otros 80 vinculados a la actividad de Sadim como medio propio y 27 millones para sociedades de promoción empresarial, con previsión de impulsar hasta 700 empleos en las Cuencas entre 2026 y 2028.

Entre los proyectos más destacados figuran la transformación de la térmica de La Pereda en una central de biomasa, con una inversión de unos 56 millones; un parque energético renovable en el Pozo San Nicolás, con bombeo reversible, aprovechamiento hidráulico y fotovoltaica; y la creación de un Centro Nacional de Rescates en el pozo Santiago, en Aller, integrado con la Brigada de Salvamento Minero.

El choque no está en el acuerdo, sino en quién se apunta el mérito

El malestar del SOMA no nace del contenido del plan, sino del relato político posterior. Según fuentes conocedoras de la reunión socialista, en el sindicato no ha sentado bien que el encuentro celebrado en La Moncloa la pasada semana, con presencia de Adrián Barbón, el consejero de Ciencia, Borja Sánchez, y el director de la Oficina Económica del Principado, José Sicre, pudiera interpretarse como una intervención decisiva del Gobierno asturiano en la recta final de la negociación.

El matiz es importante. Las negociaciones de Hunosa duraron tres años y acumularon 47 reuniones oficiales, además de otros contactos informales. Ese dato no es menor: sitúa el peso principal del acuerdo en una negociación larga entre empresa, SEPI y sindicatos, no en una foto final.

Desde el ámbito sindical se reivindica que el resultado es fruto de un trabajo prolongado, especialmente de los representantes de los trabajadores. Y dentro del socialismo asturiano ese mensaje se escuchó con claridad: el acuerdo puede ser celebrado por el conjunto del partido y por el Gobierno regional, pero no conviene que nadie desplace el protagonismo de quienes llevaron el peso negociador durante años.

La cuestión es políticamente sensible porque Hunosa no es una empresa cualquiera en Asturias. Es memoria industrial, empleo, territorio, transición energética y símbolo. En las Cuencas, la autoría de un acuerdo de esta naturaleza no es un detalle ornamental: es parte del respeto a una historia.

Barbón reordena la casa antes de 2027

La renuncia de Cofiño, el ascenso de Monteserín, las críticas desde Villaviciosa y el roce con el SOMA dibujan una FSA que no está rota, pero sí obligada a ajustar costuras. Y lo hace en un momento especialmente delicado: con el PSOE nacional bajo presión por distintos frentes, con una legislatura asturiana exigente, con IU como socio de gobierno y con el PP tratando de convertir cada grieta socialista en argumento electoral.

Barbón llega a este tramo con el control formal del partido, una Ejecutiva renovada y una estructura orgánica diseñada en el Congreso de Avilés de 2025. Pero el poder interno no basta. La batalla de 2027 se ganará —o se perderá— en el territorio, en las alcaldías, en las Cuencas, en las ciudades medianas y en la capacidad del Gobierno para que sus acuerdos se traduzcan en confianza.

Cofiño se aparta de la maquinaria orgánica y se refugia en el papel institucional. Monteserín entra para presidir el órgano que vertebra al partido entre congresos. Villaviciosa recuerda que los alcaldes no son figurantes. Y el SOMA deja claro que en Asturias el relato de la minería no se improvisa en el último minuto.

La FSA no vive una crisis abierta, pero sí una advertencia seria: antes de pedir a los asturianos que renueven su confianza en 2027, el socialismo asturiano necesita ordenar su propia casa, cuidar a sus territorios y evitar que los méritos compartidos se conviertan en disputas internas.

Porque en política, como en la mina, lo peligroso no siempre es el derrumbe visible. A veces empieza por una grieta pequeña, una que todos ven pero nadie quiere nombrar demasiado pronto.

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