Más de un centenar de ganaderos se concentraron este lunes en Colunga para lanzar un mensaje inequívoco: no quieren que el lobo termine asentándose en la Sierra del Sueve. Los convocantes atribuyen al depredador más de 150 bajas de ganado en lo que va de año y consideran que los controles realizados hasta ahora no han conseguido frenar el problema. El conflicto llega justo cuando acaba de entrar en vigor el nuevo programa asturiano de control del lobo, que prevé inicialmente la extracción de dos ejemplares específicamente en el Sueve dentro de una planificación regional de hasta 67 lobos.
La imagen de más de cien ganaderos reunidos en Colunga resume uno de los conflictos rurales más difíciles de resolver en Asturias.
A un lado está una especie cuya conservación continúa formando parte de la política ambiental asturiana.
Al otro, explotaciones de ganadería extensiva que aseguran soportar pérdidas continuas y que consideran que determinadas zonas tradicionalmente ganaderas están convirtiéndose en nuevos territorios de presencia estable del lobo.
Y en medio está la Sierra del Sueve, un espacio especialmente sensible por su enorme tradición ganadera y por un modelo de manejo basado precisamente en mantener animales durante largos periodos en el monte.
Los ganaderos concentrados este lunes sostienen que el lobo ha provocado más de 150 muertes de animales durante 2026 y reclaman al Gobierno del Principado medidas capaces de impedir que la especie termine consolidándose en la sierra.
La cifra es impactante.
Pero exige una precisión importante: es un balance aportado por los propios ganaderos y no puede presentarse todavía como una estadística administrativa confirmada de daños de lobo.
Para hacerlo habría que conocer cuántos de esos casos han sido inspeccionados, cuántos expedientes han determinado oficialmente la autoría del lobo y cuántos animales han terminado finalmente incluidos en expedientes indemnizables.
Eso no resta gravedad a la protesta. Pero permite separar la denuncia del sector de la estadística oficialmente reconocida.
El Principado también reconoce que el Sueve es ya una zona problemática
Aquí aparece uno de los datos más importantes para entender el conflicto.
El problema del Sueve no figura únicamente en las pancartas de los ganaderos.
Aparece negro sobre blanco en el nuevo Programa de Actuaciones de Control del Lobo 2026-2027, aprobado por la Consejería de Medio Rural.
El documento oficial señala expresamente que en 2024 y 2025 se detectaron ejemplares de lobo en la Sierra del Sueve.
Y lo hace dentro de un apartado especialmente significativo: las denominadas Áreas Sin Gestión Específica, territorios donde la presencia del lobo se considera esporádica y donde la intención de la Administración es evitar que esa presencia termine transformándose en una ocupación estable.
Es decir, la propia planificación autonómica reconoce algo muy próximo a lo que sostienen los manifestantes: el Sueve no forma parte de las grandes zonas tradicionales de presencia habitual del lobo y la política oficial pretende mantenerlo como área de presencia esporádica.
Ahí está el verdadero centro del debate.
Los ganaderos no están reclamando únicamente que se paguen mejor los animales muertos.
Están reclamando que el lobo no se consolide en la sierra.
Dos lobos previstos para el Sueve
El nuevo programa establece una extracción máxima inicial de 67 lobos en Asturias hasta finales de 2027.
Dentro de las áreas sin gestión específica se han planificado 18 extracciones.
Y el reparto incluye expresamente al Sueve.
La previsión inicial es retirar dos ejemplares en esta sierra.
Otros territorios considerados de presencia esporádica también tienen asignaciones concretas: cuatro en Llosorio-Alfilorios, tres en el Cuera, tres en La Escapa-Hibeo, tres en Gallinero, dos en Candamo-Las Regueras y uno en Suarias-Peñarrubia.
Pero hay una particularidad fundamental.
Esas cifras no funcionan necesariamente como un techo inamovible.
El propio programa permite incrementar las extracciones en las áreas sin gestión específica cuando la evolución de los daños, la presencia de lobos o la conflictividad lo aconsejen.
Por tanto, esos dos ejemplares previstos para el Sueve son una planificación inicial, no necesariamente el final de las actuaciones posibles.
El problema es que localizar y extraer un lobo no resulta sencillo
Hay otro antecedente que ayuda a comprender el enfado.
Durante el programa anterior, agentes medioambientales realizaron numerosos aguardos y recechos en la Sierra del Sueve.
Los partes oficiales registran actuaciones en zonas como Espineres, Parres, Requexu, Potril, Vasos, Villores, Sardea, Españeu, Pienzu o Bustacu.
Una y otra vez aparece el mismo resultado en los documentos administrativos:
cero ejemplares extraídos.
Eso muestra una realidad que muchas veces desaparece del debate público: aprobar un control sobre el papel no significa necesariamente conseguir ejecutarlo sobre el terreno.
El lobo se desplaza grandes distancias, utiliza zonas forestales y abruptas y puede cambiar rápidamente de territorio.
El Principado contempla para los controles aguardos y recechos selectivos realizados por agentes medioambientales o personal autorizado, apoyo durante determinadas cacerías de otras especies y, cuando resulte necesario, batidas coordinadas por agentes.
La eficacia real de esas actuaciones será ahora una de las cuestiones que deberán medirse en el Sueve.
1.006 animales afectados en las zonas donde el lobo debería ser esporádico
El nuevo programa aporta además un dato que ayuda a entender por qué la tensión se ha disparado.
En las áreas asturianas clasificadas como sin gestión específica, donde teóricamente la presencia del lobo debe mantenerse como esporádica, el Principado contabilizó en 2025 1.006 cabezas de ganado afectadas.
En 2020 habían sido 399.
Y únicamente entre 2024 y 2025 los daños aumentaron un 73%.
Son cifras oficiales.
Y explican por qué el Ejecutivo asturiano ha reservado hasta 18 extracciones para esos territorios en el nuevo programa.
En el conjunto de Asturias, durante 2025 los ataques confirmados afectaron a 3.893 cabezas de ganado bovino, ovino, caprino y equino.
Las indemnizaciones alcanzaron los 1,91 millones de euros.
Desde 2021, el número de animales afectados ha aumentado alrededor de un 30%, mientras que el coste de las compensaciones se ha incrementado cerca de un 59%.
Asturias calcula que tiene al menos 412 lobos
La otra parte de la ecuación es la conservación de la especie.
El último censo utilizado por el Gobierno asturiano identifica 50 manadas, de las cuales 46 tienen reproducción confirmada.
La población mínima estimada es de 412 lobos, aunque los cálculos oficiales sitúan la horquilla potencial hasta aproximadamente los 460 ejemplares.
El lobo ocupa ya alrededor del 83% del territorio asturiano y su distribución abarca aproximadamente 8.300 kilómetros cuadrados.
Sobre esa población mínima se ha calculado el máximo regional de 67 extracciones.
Si llegaran a ejecutarse todas, supondrían alrededor del 16,26% de la población mínima estimada, porcentaje que la Administración considera compatible con la conservación de la especie.
Este es precisamente el difícil equilibrio que intenta construir el nuevo programa: mantener una población viable de lobos y, al mismo tiempo, reducir su incidencia sobre la ganadería extensiva.
El Sueve no es cualquier territorio ganadero
En el Sueve el conflicto adquiere además una dimensión especialmente simbólica.
La sierra es uno de los grandes paisajes ganaderos del Oriente asturiano y está íntimamente asociada a animales criados durante buena parte del año en régimen extensivo.
Es también territorio histórico del asturcón, una de las razas equinas más emblemáticas de Asturias.
En este tipo de sistemas no resulta viable vigilar individualmente a cada animal durante las veinticuatro horas del día.
Por eso los ganaderos rechazan muchas veces que toda la solución se reduzca a cerrar el ganado, instalar cercados o utilizar mastines.
El Principado dispone actualmente de ayudas que pueden financiar determinadas medidas preventivas —cercados, sistemas de geolocalización o perros de protección—, además de indemnizaciones por los animales cuya muerte se acredita como consecuencia de ataques de fauna silvestre.
Pero el sector sostiene que prevenir tiene límites cuando el lobo entra en territorios de ganadería extensiva donde cientos de animales viven dispersos por una montaña.
La verdadera batalla será comprobar qué ocurre ahora
La concentración de Colunga se produce en un momento especialmente significativo.
El nuevo programa de control acaba de entrar en vigor.
Ya no estamos, por tanto, ante la discusión sobre si el Principado puede o no actuar.
Puede hacerlo y tiene autorizados controles.
La pregunta ahora es otra:
¿será capaz de ejecutarlos en el Sueve?
Los ganaderos reclaman una sierra libre de lobos.
El programa autonómico prevé inicialmente la extracción de dos ejemplares y deja abierta la posibilidad de ampliar las actuaciones si fuera necesario.
Y los antecedentes demuestran que intentar localizar al depredador no garantiza conseguirlo.
Mientras tanto, queda también pendiente convertir las denuncias en una radiografía precisa: número exacto de animales muertos durante 2026, especies afectadas, ataques certificados por los técnicos, explotaciones perjudicadas, indemnizaciones solicitadas, compensaciones ya pagadas y tiempos de resolución.
Esa estadística permitirá saber hasta qué punto las más de 150 bajas denunciadas por los ganaderos coinciden con los expedientes oficiales.
Pero la protesta de Colunga ya ha dejado algo claro.
El conflicto del lobo ha llegado al Sueve.
Y para quienes mantienen allí sus animales, la discusión ya no es teórica ni pertenece a un debate lejano sobre conservación.
Está ocurriendo en sus pastos, en sus explotaciones y en una sierra donde ahora se decidirá hasta dónde puede llegar la convivencia entre el lobo y la ganadería extensiva.
