Gijón cierra filas con Moreda Riviere: más de 700 empleos dependen de la fábrica de Tremañes

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Gijón cierra filas con Moreda Riviere: más de 700 empleos dependen de la fábrica de Tremañes

El Pleno municipal respalda por unanimidad la continuidad íntegra de la actividad y reclama un acuerdo urgente. La plantilla mantiene desde el 12 de junio un conflicto por el contrato de relevo, las externalizaciones y las condiciones salariales, pese a la evolución positiva de los resultados empresariales.

Gijón ha enviado un mensaje unánime a la dirección de Moreda Riviere Trefilerías y a su plantilla: la fábrica de Tremañes debe conservar toda su actividad y todos sus puestos de trabajo. No se trata de una instalación industrial más. De ella dependen directa o indirectamente más de 700 empleos en Asturias.

El Pleno del Ayuntamiento ha aprobado este miércoles una declaración institucional en apoyo a los trabajadores y ha pedido a las dos partes que intensifiquen la negociación para resolver cuanto antes el conflicto laboral abierto desde el pasado 12 de junio.

La factoría cuenta con aproximadamente 250 trabajadores fijos, emplea a otros 80 profesionales pertenecientes a empresas contratistas y sostiene más de 400 puestos indirectos vinculados al transporte, el mantenimiento, los suministros, los servicios industriales y la cadena comercial.

La cifra permite dimensionar el problema: cada empleo directo en Tremañes mantiene a su alrededor casi otros dos puestos de trabajo. Una pérdida de producción o un proceso de externalización no afectaría únicamente a quienes atraviesan diariamente las puertas de la fábrica, sino a una red de pequeñas y medianas empresas repartidas por Asturias.

La declaración aprobada por el Ayuntamiento reclama que el acuerdo garantice la continuidad íntegra de la actividad en Tremañes, la totalidad del empleo y una mejora de las condiciones laborales acorde con la evolución positiva de los resultados empresariales.

Una fábrica que convierte acero en alambre

Moreda Riviere no produce acero primario. Su especialidad es la trefilería, un proceso industrial mediante el cual el alambrón —una barra de acero presentada en grandes bobinas— se hace pasar por sucesivas matrices para reducir su diámetro y convertirlo en alambres con diferentes grosores, resistencias y acabados.

A partir de ese alambre pueden elaborarse cerramientos, mallas, productos agrícolas y ganaderos, alambres galvanizados o plastificados y otros componentes utilizados en la construcción, la industria y las infraestructuras.

Es una actividad situada en la parte final de la cadena siderúrgica: recibe el acero y le añade valor mediante su transformación en productos terminados o semiterminados.

Esta posición convierte a Tremañes en una pieza relevante dentro del ecosistema siderúrgico asturiano. La planta se encuentra próxima a grandes instalaciones productoras de acero, al puerto de El Musel, a las conexiones ferroviarias y a una extensa red de empresas auxiliares.

De la histórica Moreda al Grupo Celsa

El nombre de Moreda está unido a la historia industrial de Gijón desde finales del siglo XIX. La antigua Fábrica de Moreda, puesta en marcha en 1880, llegó a emplear a centenares de trabajadores y fue uno de los principales motores siderúrgicos de la ciudad.

Aunque las instalaciones y la estructura empresarial se transformaron profundamente, la actividad de trefilería sobrevivió a las sucesivas reconversiones y acabó integrada en el Grupo Celsa.

La compañía incorporó Trefilerías Moreda en 1991 y Riviere en 1999. De aquellas operaciones surgió la actual Moreda Riviere Trefilerías.

La empresa continúa formando parte del grupo siderúrgico, aunque recientemente el grupo industrial francés Picot adquirió un 40% de su propiedad. Este movimiento accionarial añade un elemento estratégico a la negociación: la plantilla quiere conocer qué modelo industrial se pretende aplicar y qué parte de la producción continuará realizándose en Asturias.

Por qué comenzó la huelga

El conflicto no nació por el anuncio de un cierre. La empresa no ha comunicado formalmente que pretenda clausurar la planta de Tremañes. La disputa se centra en la renovación del convenio colectivo y en una serie de cambios organizativos que, según el comité, podrían reducir progresivamente el empleo directo y los derechos laborales.

La representación de los trabajadores convocó inicialmente paros de 24 horas para los días 12, 15, 19, 22, 26 y 30 de junio. La movilización se mantiene como una huelga indefinida articulada mediante paros semanales.

Entre las principales causas del conflicto se encuentran:

  • Los cambios planteados en el sistema de jubilación parcial y los contratos de relevo.
  • La posible externalización de procesos realizados hasta ahora por personal propio.
  • La reducción de derechos consolidados en el convenio.
  • La devaluación salarial denunciada por el comité.
  • La falta de avances en la negociación del nuevo convenio colectivo.
  • Los supuestos incumplimientos de algunos artículos del convenio todavía vigente.

El comité acusa a la dirección de utilizar el incumplimiento de determinados acuerdos como presión para aceptar un nuevo marco laboral con menos derechos. Los representantes de los trabajadores sostienen, no obstante, que mantienen su disposición al diálogo y reclaman una propuesta que garantice el futuro industrial.

El contrato de relevo: mucho más que una jubilación

Uno de los asuntos más sensibles es el contrato de relevo. Este mecanismo permite que un trabajador próximo a la jubilación reduzca su jornada y que otra persona sea contratada para cubrir, al menos, las horas que quedan vacantes.

Para una fábrica con una plantilla de elevada edad media, el sistema cumple una doble función. Facilita una salida gradual de los trabajadores veteranos y permite incorporar personal joven que aprende los procesos antes de que se pierda el conocimiento acumulado durante décadas.

El conflicto aparece cuando la empresa y el comité discrepan sobre cuántas vacantes deben cubrirse, con qué tipo de contrato, durante cuánto tiempo y en qué condiciones salariales.

Desde la perspectiva de la plantilla, una aplicación restrictiva del relevo puede convertirse en una reducción silenciosa del empleo: se jubila un trabajador, pero su puesto no se cubre completamente o sus funciones se reparten, se amortizan o se trasladan a una contrata.

La dirección puede buscar, por su parte, mayor flexibilidad para adaptar la plantilla a la carga de pedidos y a las necesidades productivas. Sin embargo, no ha trascendido públicamente una explicación detallada de su propuesta ni una cuantificación de los puestos que podrían verse afectados.

El temor a las externalizaciones

La segunda gran preocupación es la salida de trabajos hacia empresas contratistas o hacia otras instalaciones.

Externalizar una actividad no significa necesariamente que desaparezca, pero sí puede cambiar radicalmente las condiciones en las que se realiza. Un puesto cubierto por personal propio, sujeto al convenio de la fábrica y con una relación laboral estable, puede pasar a depender de otra empresa, con salarios, jornadas y garantías diferentes.

El riesgo señalado por los trabajadores es doble: perder empleo directo y debilitar progresivamente la capacidad industrial de Tremañes. Cuando una planta deja de ejecutar determinados procesos, también pierde maquinaria, especialización y autonomía para completar los pedidos.

La declaración institucional del Ayuntamiento no se limita por eso a reclamar que la fábrica permanezca abierta. Exige la continuidad íntegra de la actividad, una expresión destinada a impedir que la factoría sobreviva formalmente mientras una parte creciente de su producción se traslada a otros centros o empresas.

Un conflicto en una empresa con resultados positivos

El respaldo municipal se apoya también en un argumento económico. La Corporación gijonesa alude expresamente a la evolución positiva de los resultados empresariales y sostiene que las mejoras deberían trasladarse a la plantilla.

No se han difundido durante esta negociación cifras desglosadas de facturación o beneficio correspondientes únicamente a la planta de Tremañes. Por tanto, no puede afirmarse qué parte de los resultados procede de esta factoría ni cuál es su margen operativo exacto.

Sí se conocen las dimensiones globales de Celsa. El grupo declara para 2025 una facturación de 3.347 millones de euros, una producción de 4,4 millones de toneladas de acero y una plantilla de 5.097 profesionales. Esos datos corresponden al conjunto de la multinacional, no específicamente a Moreda Riviere.

El comité sostiene que la productividad y el compromiso de la plantilla han contribuido a la mejora del negocio y que no existe justificación para imponer recortes salariales o laborales. La empresa, en cambio, deberá explicar si sus propuestas responden a problemas concretos de competitividad de Tremañes o a una reorganización general del grupo.

Qué puede ocurrir si no hay acuerdo

No existe actualmente un anuncio de cierre y conviene no presentar los más de 700 empleos como puestos condenados a desaparecer de manera inmediata. El peligro es más gradual, pero no por ello menos importante.

Si el conflicto se prolonga, pueden producirse varias consecuencias:

  • Descenso de la producción por los paros sucesivos.
  • Retrasos en la entrega de pedidos a los clientes.
  • Traslado temporal o definitivo de cargas de trabajo a otras instalaciones.
  • Pérdida de contratos si los compradores buscan proveedores con mayor estabilidad.
  • Deterioro de la relación entre la plantilla y la dirección.
  • Reducción progresiva del empleo mediante jubilaciones no sustituidas.
  • Mayor externalización de labores de mantenimiento o procesos productivos.
  • Menores inversiones futuras en la fábrica asturiana.

La experiencia industrial demuestra que el riesgo para una planta no comienza siempre con un anuncio de cierre. En ocasiones lo hace con una pérdida de pedidos, una reducción de inversiones y un vaciamiento paulatino de actividades.

Pero el enquistamiento también tendría costes para la empresa. Moreda Riviere dispone en Tremañes de una plantilla experimentada, instalaciones consolidadas, proximidad a proveedores siderúrgicos y buenas comunicaciones con los mercados nacionales y europeos. Sustituir esa capacidad industrial tampoco es una operación rápida ni gratuita.

Un respaldo político sin fisuras

La unanimidad del Pleno resulta especialmente significativa en una Corporación dividida en numerosos asuntos. Todos los grupos han coincidido en que Moreda Riviere forma parte del núcleo industrial que Gijón no puede permitirse perder.

La declaración municipal no permite al Ayuntamiento tomar el control de la negociación ni imponer un resultado. El Consistorio carece de competencias para redactar el convenio colectivo, pero sí puede ejercer presión política, solicitar información y movilizar a otras administraciones para proteger la actividad.

El mensaje común es que un eventual acuerdo no debería limitarse a poner fin a los paros. Tendría que asegurar tres garantías:

  • El mantenimiento de los 250 empleos directos.
  • La continuidad de todos los procesos productivos en Tremañes.
  • Un plan industrial que permita renovar la plantilla e invertir en la planta.

Las próximas negociaciones determinarán si el respaldo unánime de Gijón sirve para acercar posiciones. Mientras tanto, la huelga continúa y más de 700 puestos de trabajo permanecen pendientes de que empresa y comité encuentren una salida.

Moreda Riviere no está hoy ante un cierre anunciado. Pero Gijón ha decidido reaccionar antes de que la pérdida de empleo o actividad pueda convertirse en irreversible.

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