Tener nómina ya no garantiza llenar la nevera: el Banco de Alimentos atiende a 14.000 personas en Asturias

Tener nómina ya no garantiza llenar la nevera: el Banco de Alimentos atiende a 14.000 personas en Asturias

La entidad detecta un aumento de trabajadores que necesitan ayuda para comer y destina 200.000 euros cada dos meses a comprar productos básicos

La pobreza alimentaria está cambiando de rostro en Asturias. Ya no afecta únicamente a personas desempleadas o sin ingresos: cada vez llegan más familias en las que al menos uno de sus miembros trabaja y cobra un salario, pero el dinero no alcanza para cubrir simultáneamente la vivienda, los suministros, el transporte y una alimentación adecuada.

La nueva presidenta de la Fundación Banco de Alimentos de Asturias, Josefa Cañadas, ha advertido de esta realidad al presentar los últimos datos de la organización. La entidad sostiene actualmente una red que permite ayudar a unas 14.000 personas y distribuye cerca de dos millones de kilos de alimentos al año.

El dato más revelador no es solamente el volumen de beneficiarios, sino su evolución social: tener una nómina ha dejado de ser una garantía frente a la necesidad. El Banco de Alimentos confirma que está atendiendo a un número creciente de trabajadores cuyos ingresos resultan insuficientes para mantener a sus hogares.

Una compra de 200.000 euros cada dos meses

Las donaciones particulares, las campañas solidarias y los excedentes recuperados de empresas alimentarias ya no cubren por sí solos las necesidades. La fundación tiene que destinar alrededor de 200.000 euros cada dos meses a comprar productos básicos que faltan en sus almacenes.

Si ese ritmo se mantuviera durante todo un año, el desembolso equivaldría a unos 1,2 millones de euros. No se trata de la totalidad del presupuesto de la organización, sino de una proyección del gasto destinado específicamente a completar la cesta alimentaria.

El problema se agravó tras la desaparición del antiguo programa europeo FEAD. La propia fundación calculó que aquel cambio supuso la pérdida de unos 500.000 kilos de alimentos. En 2024 también registró una caída de aproximadamente el 35% en las donaciones económicas y en especie, mientras la Gran Recogida quedó un 45% por debajo de las previsiones.

La combinación resulta especialmente difícil: menos producto gratuito, mayor necesidad de comprar alimentos y una demanda que no desaparece pese a la mejora de algunos indicadores económicos.

El empleo reduce el riesgo, pero no lo elimina

Los datos sociales ayudan a dimensionar la advertencia. El último informe territorial de EAPN, elaborado con estadísticas oficiales, situó a más de 210.000 asturianos —el 20,9% de la población— en riesgo de pobreza o exclusión social durante 2024.

Entre la población mayor de 16 años que tenía empleo, un 12,5% se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión y un 9% vivía por debajo del umbral de pobreza. Es decir, trabajar reduce claramente la vulnerabilidad, pero no siempre proporciona ingresos suficientes para escapar de ella.

La vivienda aparece como uno de los grandes factores de presión. El riesgo de pobreza o exclusión alcanzaba al 42,4% de quienes vivían en alquiler a precio de mercado. También resultaban especialmente vulnerables los hogares con menores económicamente dependientes.

Estas cifras generales no representan necesariamente el perfil exacto de quienes reciben alimentos, pero permiten comprender por qué familias con ingresos laborales terminan necesitando ayuda para cubrir algo tan elemental como la comida.

131 entidades llevan la ayuda a los hogares

El Banco de Alimentos no entrega habitualmente los productos directamente a cada particular. Recupera excedentes, recibe donaciones, organiza campañas, compra los alimentos que faltan y los distribuye mediante una red de organizaciones sociales acreditadas.

En 2024 trabajaba con 131 entidades receptoras repartidas por Asturias, entre ellas comedores sociales, residencias, asociaciones y organizaciones de apoyo a colectivos vulnerables. Son estas entidades las que detectan y justifican las necesidades y hacen llegar los productos a los beneficiarios.

La última memoria completa de la fundación contabilizaba 13.500 personas atendidas en 2024. La cifra comunicada ahora ronda las 14.000, lo que indica que la necesidad continúa en niveles muy elevados.

Una emergencia que las estadísticas no siempre muestran

El concepto de pobreza laboral es especialmente difícil de percibir. Una persona puede figurar como ocupada y, sin embargo, encontrarse al límite por trabajar pocas horas, encadenar empleos temporales, cobrar un salario bajo o sostener con una sola nómina a varios miembros de la familia.

También puede tener ingresos superiores al umbral estadístico de pobreza y sufrir dificultades reales después de pagar un alquiler elevado, la electricidad, el transporte o los gastos derivados de la crianza.

La presencia creciente de trabajadores entre quienes necesitan alimentos obliga a mirar más allá de las cifras de afiliación y desempleo. Crear puestos de trabajo es esencial, pero también importan su estabilidad, su jornada, el salario efectivo y la capacidad de ese sueldo para afrontar el coste real de la vida.

Alimentos, dinero y voluntariado

La Fundación Banco de Alimentos de Asturias está gestionada por personas voluntarias y depende de las aportaciones de empresas, instituciones y particulares. Además de productos no perecederos, necesita recursos económicos para adquirir aquello que no llega mediante las campañas y para cubrir almacenamiento, transporte y seguridad alimentaria.

La entidad prioriza alimentos básicos y de larga duración, como aceite, leche, legumbres, arroz, pasta, conservas o productos infantiles. Las personas que necesiten ayuda deben dirigirse a los servicios sociales municipales o a las entidades sociales que forman parte de la red, ya que la fundación canaliza el reparto a través de esas organizaciones.

 

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