Hoy Balbina tira de patata, picadillo y sidra para preparar uno de esos platos asturianos que saben a casa, a domingo y a cocina con la cazuela haciendo chup-chup. «Y el que diga que con una tiene bastante, o miente o ye de muy poco comer».
Ay, rapacinos, hoy vais quedar como marqueses.
Porque vamos facer patates rellenas de picadillu, una cosa muy nuestra, muy asturiana y muy de ponerse a la mesa diciendo «solo voy comer una» y acabar mirando pa la cazuela a ver quién dejó la última.
Yo siempre digo que una casa con patates tien medio problema resuelto. Porque con patates haces de todo: unes fritines, unes cocíes, tortilla, guisu… y, si la cosa se pone seria, les rellenas de carne y ya quedas como Dios.
Mi güela decía:
—Balbina, onde haya patata y cebolla, nun pasa fame nadie.
Y llevaba razón la muy condenada.
Así que venga, ponéis el mandil, laváis les manes y nun me revolváis mucho por la cocina, que yo cocino mejor cuando nun tengo a nadie preguntando cada dos minutos:
—¿Falta mucho?
Pues falta lo que tenga que faltar, home.
Lo que voy necesitar
Pa cuatro persones con buen saque yo preparo:
- 8 patates medianes, que sean más o menos del mismo tamaño.
- 350 gramos de picadillu de chorizu.
- 1 cebolla grande.
- 2 dientes de ajo.
- 1 huevo.
- Un poco de harina.
- Un vasín de sidra natural.
- Medio litro de caldo de carne.
- Una cucharadina de pimentón.
- Aceite de oliva.
- Sal.
- Pimienta.
- Perejil.
- Y pan, bastante pan, porque esa salsa nun se puede dejar sola en el plato, ye un pecado.
Y si sois de los míos, podéis meter también un poquitín de Cabrales nel relleno.
Pero poco, ¿eh?
Que el Cabrales ye muy rico, pero ye como una vecina cotilla: como le des entrada, acaba mandando en toda la casa.
Empiezo con les patates
Yo primero pelo les patates y les miro bien, porque quiero que sean más o menos iguales.
Si una ye como una pelota de balonmano y la otra como una canica, aquello luego nun cuece ni pa Dios.
Les corto una tapina arriba y voy vaciándoles con una cucharilla.
Con cuidadín.
Nun me hagáis una excavación minera, que esto ye una patata, no el pozu Sotón.
Yo dejo un poquito de pared alrededor pa que aguante bien el relleno y nun se deshaga luego nel guisu.
Y todo lo que saco de dentro, guardao.
Aquí nun se tira nada.
Mañana facemos un puré, unes tortillines o lo que toque. Ya veremos. La cocina también ye saber apañase.
Ahora voy con el picadillu
Pongo una sartén al fuego con un chorrín pequeño de aceite.
Echo media cebolla bien picadina y un diente de ajo.
Y dejo que vaya faciéndose despacín.
Nada de correr.
Mi madre decía que la cebolla tien que sudar, no sufrir.
Cuando ya está blandina, echo el picadillu y voy rompiéndolo con la cuchara de madera.
Aquello empieza a oler y, como siempre, aparece alguno por la puerta:
—Balbina, qué bien huele.
Sí.
Ya.
Qué casualidad.
Cuando tocaba pelar patates nun apareció nadie.
Yo lo dejo unos minutos, sin hacerlo del todo, porque luego va seguir cocinándose dentro de la patata.
Si voy echar Cabrales, lo pongo ahora.
Una migayina.
Lo mezclo todo, apago el fuego y dejo templar.
Agora toca rellenar
Cojo les patates y voy metiendo el picadillu dentro con una cucharilla.
Aprieto un poco, pero tampoco como si estuviera rellenando morcilles.
Hasta arriba.
Que estén bien prestoses.
Después paso la parte abierta primero por harina y luego por huevo batido.
Pongo aceite en una sartén y las frío solo un poco, sobre todo por la parte del relleno.
Así se forma una especie de tapina y nun se me escapa luego el picadillu por media cazuela.
Cuando ya están, las voy sacando y reservando.
Y aquí siempre cae un trocín de picadillo.
Pa probar.
Eso nun ye comer.
Eso ye control de calidad.
Agora hago la salsa
En una cazuela grande pongo un poco de aceite y echo la otra media cebolla picadina.
Añado el otro ajo.
Lo dejo facer suave.
Cuando ya está todo blandín, echo una cucharadina de harina y remuevo bien.
Aparto un momento la cazuela del fuego y pongo el pimentón.
Esto ye importante.
Si quemáis el pimentón, luego sabe amargo y ya podemos rezar a la Santina porque aquello nun lo arregla nadie.
Remuevo y echo un vasín de sidra.
Uno.
Pa la cazuela.
Que os veo.
Dejo que hierva un par de minutos y luego añado el caldo.
Un poco de sal, una vuelta de pimienta y otra vez al fuego.
Meto les patates nel guisu
Ahora voy colocando les patates dentro de la cazuela.
De pie, bien juntines, como cuando salíamos de misa y había que posar pa la foto.
El caldo tiene que llegar más o menos hasta media patata o un poquitín más.
Tapo la cazuela y dejo que cuezan unos 35 o 45 minutos, dependiendo del tamaño.
Fuego suave.
Chup-chup.
Así.
Sin prisas.
Yo de vez en cuando cojo la cazuela por les ases y la muevo un poco.
Nun meto la cuchara.
Porque si empezáis a meter cucharones ahí dentro, al final en vez de patates rellenas vais tener puré con accidentes.
Pincho una con cuidado.
Cuando entra el cuchillo suave, ya están.
Apago el fuego y echo perejil por encima.
Y agora viene lo peor: esperar
Sí.
Esperar.
Diez minutinos.
Ya sé que huele.
Ya sé que tenéis fame.
Pero un guisu reposao ye otra cosa.
La patata coge la salsa, el picadillu deja el sabor dentro y todo se pone como tiene que ponerse.
Yo mientras pongo la mesa.
Platos hondos.
Tenedores.
Pan.
Y sidra, si hay.
Y si nun hay sidra, pues agua, que tampoco vamos morir hoy.
Yo las sirvo así
Pongo dos patates por persona.
Bien regadines con la salsa.
Un poco de cebolla por encima.
Y el pan al lado.
Luego ya cada uno que haga lo que quiera.
Hay gente fina que moja discretamente.
Y luego estamos los demás, que dejamos el plato tan limpio que parece recién comprao.
Eso sí: si facéis esta receta por la mañana y la coméis por la noche, está buena.
Pero si sobra pa mañana…
Ay, fíu.
Al día siguiente está todavía mejor.
El guisu reposao ye como les persones: algunas con unes hores encima mejoren muchísimo.
Y nun me vengáis con dietes
Esto nun ye ensalada.
Son patates rellenas de picadillu.
Aquí venimos a comer.
Así que nada de:
—Balbina, yo solo una.
Una, dices.
Come dos y luego hablamos.
Que después vais por ahí comprando suplementos, vitaminas y barritas con semillas que saben a cartón, y tenéis aquí una patata rellena que arregla cuerpo, alma y hasta una discusión familiar.
Yo soy la abuela Balbina, y hoy os lo digo bien claro:
comer bien nun ye comer mucho; ye comer algo que te haga cerrar los ojos nel primer bocao.
Y estes patates…
¡ay, madre del alma, cómo entren!
Venga, rapacinos.
A la mesa, que enfríen les patates y después la culpa va ser mía.

