Del hombre que lleva más de medio siglo salvando la memoria sonora asturiana al teatro rural resucitado en Piloña, pasando por la ciencia de Fernández-Vega, el legado de Jovellanos y tres décadas de inclusión de Raitana: la primera edición de los galardones reunió en el Teatro Riera cinco historias muy diferentes unidas por una misma idea, devolver algo a la sociedad
Hay premios que distinguen nombres. Y hay premios que, cuando se mira detrás de los nombres, terminan contando un territorio.
Eso ocurrió este viernes en el Teatro Riera de Villaviciosa.
Sobre su escenario coincidieron un hombre que pasó décadas grabando canciones asturianas allí donde alguien se arrancaba a cantar; un viejo edificio de socorro mutuo convertido cien años después en uno de los proyectos culturales más singulares del medio rural; una institución dedicada a impedir que Jovellanos se convierta simplemente en una estatua; uno de los grandes nombres de la oftalmología española y una asociación que lleva décadas trabajando para que tener una discapacidad no signifique quedarse fuera de la vida cotidiana.
Javier Díaz Fernández, “Javier de Arroes”; La Benéfica de Piloña; la Fundación Foro Jovellanos; Luis Fernández-Vega Sanz y la Asociación Raitana son los cinco protagonistas con los que han echado a andar los Premios Fundación Corripio Alonso.
Y probablemente ahí esté la mejor definición de esta primera edición: cinco maneras completamente diferentes de hacer Asturias.
Unos premios que nacen a 6.000 kilómetros y miran hacia casa
Para entender por qué estos galardones se entregan precisamente en Villaviciosa hay que retroceder casi nueve décadas.
José Luis Corripio Estrada, “Pepín Corripio”, nació en Arroes en 1934. Cuando apenas tenía cuatro años cruzó el Atlántico con su madre rumbo a República Dominicana, donde su padre se había instalado anteriormente. Allí la familia construyó con los años uno de los grandes grupos empresariales del país caribeño.
Pero Corripio nunca rompió el vínculo con Asturias ni con la casa familiar de Arroes, a la que siguió regresando.
La relación tiene incluso otro símbolo: en 1963 se casó con Ana María Alonso, natural de Piloña, en la Santa Cueva de Covadonga. Sus cuatro hijos —Manuel, José Alfredo, Lucía y Ana— participan también en el proyecto fundacional.
En 2022, Villaviciosa nombró a Pepín Corripio Hijo Predilecto del concejo. Dos años después, José Luis Corripio y Ana María Alonso formalizaron la creación de una fundación concebida precisamente para trasladar parte de lo conseguido durante toda una vida a la tierra de la que partieron.
La Fundación tiene especial vinculación con Villaviciosa, Piloña y Cabranes, aunque su ámbito de actuación puede extenderse al conjunto de Asturias, España e incluso al terreno internacional.
Ese viaje de ida y vuelta quedó este viernes condensado en el Riera.
Corripio no pudo asistir personalmente y participó mediante un mensaje grabado desde República Dominicana. Tres de sus hijos, Manuel, Lucía y Ana, sí acompañaron en Villaviciosa el nacimiento de unos premios que pretenden tener continuidad anual.
100.000 euros para convertir el reconocimiento en algo más que una estatuilla
Los Corripio Alonso no han creado unos premios únicamente honoríficos.
La convocatoria establece 100.000 euros en metálico por edición, distribuidos en cuatro categorías dotadas con 25.000 euros cada una, además de escultura, diploma e insignia.
Cuando un galardón se concede de manera compartida, la cantidad se divide entre los ganadores. Es lo ocurrido este año con Javier de Arroes y La Benéfica, que comparten la categoría de Letras, Artes y Conservación del Patrimonio Histórico.
La filosofía de fondo la expresó el propio Pepín Corripio desde Santo Domingo con un mensaje especialmente dirigido a los jóvenes: prepararse, trabajar, emprender y perseverar sigue mereciendo la pena.
Su hija Ana Corripio Alonso de Barceló llevó esa idea directamente hasta los cinco premiados: detrás de las grandes trayectorias, defendió, existen valores menos visibles —constancia, entrega, esfuerzo o vocación de servicio— que son precisamente los que permiten transformar una comunidad.
Y los premiados elegidos para inaugurar los galardones permiten entender perfectamente esa filosofía.
Javier de Arroes: el hombre que guardó la voz de Asturias
Probablemente sea la historia más entrañable de todas.
Mucho antes de los archivos digitales, Spotify, YouTube o las grabaciones almacenadas en la nube, Javier Díaz Fernández ya había decidido que las voces de Asturias no podían perderse.
Javier de Arroes, nacido en Niévares en 1932, comenzó a recopilar discos a finales de los años cincuenta y después empezó a llevar su magnetófono a concursos, fiestas, lagares, espichas y prácticamente cualquier lugar donde hubiera alguien dispuesto a cantar una tonada.
El resultado de aquella obsesión doméstica terminó convirtiéndose en patrimonio cultural.
Su archivo llegó a reunir miles de grabaciones, cerca de 600 discos, centenares de vídeos y CD, alrededor de 1.100 fotografías de cantantes, gaiteros y monologuistas y más de 6.000 canciones, además de hemeroteca y documentación acumulada durante décadas.
Musicólogos, historiadores y estudiosos de la canción asturiana han recurrido a ese material para sus investigaciones.
No fue una institución la que empezó a salvar aquellas voces.
Fue un hombre con un magnetófono.
Villaviciosa ya lo nombró Hijo Predilecto en 2019 por su papel en la conservación de la tonada. Ahora, a sus 94 años, los Corripio Alonso han convertido esa tarea silenciosa de toda una vida en uno de los primeros premios de su historia.
Javier lo recibió como un regalo inesperado.
Y pocas expresiones pueden definir mejor un reconocimiento que llega después de décadas dedicadas a guardar la memoria de los demás.
La Benéfica: un edificio de 1926 que volvió a tener gente dentro
La otra mitad del galardón cultural cuenta una historia completamente distinta y, al mismo tiempo, sorprendentemente parecida.
Porque La Benéfica de Piloña también consiste en impedir que algo desaparezca.
El edificio nació en L'Infiestu en 1926 como sede de una sociedad de socorro mutuo. Los vecinos aportaban dinero para ayudarse cuando aparecía una enfermedad, una viudedad o una dificultad económica en una época en la que las coberturas públicas eran incomparablemente menores.
La sociedad levantó una nave de unos 400 metros cuadrados que fue teatro, cine, salón de baile y lugar de encuentro.
Después llegaron décadas de otros usos y finalmente el abandono.
Hasta que un grupo encabezado por Rodrigo Cuevas, Ignacio Somovilla y Sergi Martí decidió recuperarlo.
En 2021 se constituyó la nueva asociación y la vieja Benéfica empezó una segunda vida como espacio de creación contemporánea, cultura popular, participación vecinal y encuentro intergeneracional.
Este 2026 el edificio ha cumplido precisamente cien años.
Rodrigo Cuevas recogió el premio en representación del proyecto y destacó precisamente una de sus señas de identidad: su funcionamiento horizontal y comunitario.
Un antiguo sistema de ayuda mutua de principios del siglo XX convertido en proyecto cultural del XXI.
Cambió la herramienta; sobrevivió la idea de comunidad.
Fernández-Vega: ciencia asturiana con proyección internacional
Si Javier de Arroes representa la memoria y La Benéfica la recuperación del territorio, Luis Fernández-Vega Sanz representa la ciencia.
El oftalmólogo ovetense ha desarrollado una trayectoria que combina medicina, docencia, investigación y gestión institucional.
Catedrático de Oftalmología de la Universidad de Oviedo desde 1982 y director médico del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, ha firmado más de 200 publicaciones científicas, presidió la Sociedad Española de Oftalmología entre 2011 y 2015 y estuvo al frente de la Fundación Princesa de Asturias entre 2018 y 2022.
Entre sus reconocimientos figuran la Medalla del Principado de Asturias y la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.
En Villaviciosa recibió ahora el Premio de Emprendimiento, Investigación Científica y Técnica.
Fernández-Vega resumió el reconocimiento mirando hacia delante: no como la culminación de una carrera, sino como un estímulo para continuar investigando y atendiendo pacientes.
El Foro Jovellanos: impedir que la Ilustración se quede en los libros de historia
También fue reconocida una organización que lleva tres décadas planteándose una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué puede seguir diciéndonos Jovellanos hoy?
La actual Fundación Foro Jovellanos tuvo su origen en una asociación creada en Gijón en 1995, cuando un grupo encabezado por el catedrático José Miguel Caso González quiso mantener vivo el impulso generado por las conmemoraciones dedicadas al ilustrado asturiano.
En 1998 se transformó en fundación cultural.
Desde entonces desarrolla investigación, publicaciones, conferencias y actividades destinadas no solo a estudiar a Gaspar Melchor de Jovellanos, sino a proyectar sus ideas sobre educación, progreso, ciudadanía y servicio público hacia los problemas contemporáneos.
Su director, Orlando Moratinos, recibió el Premio de Ciencias Sociales, Comunicación y Humanidades destacando además algo especialmente conectado con la familia fundadora: la dimensión iberoamericana de la institución.
Un puente intelectual entre Asturias y América dentro de unos premios creados, precisamente, por una familia cuya historia también transcurre a ambos lados del Atlántico.
Raitana: cuando la inclusión se construye todos los días
La quinta historia quizá sea la menos conocida fuera de Villaviciosa, pero es una de las que mejor explican por qué estos premios han querido bajar también al terreno de lo cotidiano.
La Asociación Pro Personas con Discapacidad Raitana nació en 1992 y llegó a disponer de un centro ocupacional en Tornón, aunque tuvo que cerrar por falta de recursos.
La organización resurgió en 2015, cuando pudo disponer de un espacio en la Casa de la Oliva, cedido por José Cardín.
Desde entonces ha ido ampliando sus servicios para personas con discapacidad y sus familias.
A los programas de ocio y acompañamiento se han sumado fisioterapia, apoyos individuales para personas con gran dependencia, atención educativa, logopedia y programas para favorecer la vida independiente.
Su presidenta, Emilia de Agustín, recogió el Premio al Bienestar Social y los Deportes como un impulso para continuar con esos proyectos y recordó el apoyo recibido durante décadas.
Aquí la transformación social no tiene grandes titulares.
A menudo consiste sencillamente en conseguir que alguien pueda hacer por sí mismo mañana algo para lo que hoy necesita ayuda.
Una gala para estrenar tradición
El Coro Cara Voce abrió una ceremonia que reunió en el Riera a representantes institucionales, sociales y culturales.
El alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, volvió sobre los valores que acompañaron el nacimiento de la Fundación —trabajo, disciplina, constancia y esfuerzo colectivo— y reivindicó la importancia de conservar referentes capaces de transmitirlos.
El secretario de la Fundación, Andrés Álvarez Iglesias, fue el encargado de conducir la entrega de los diplomas y esculturas.
Pero el gran protagonista terminó siendo algo menos tangible.
La idea del regreso.
La Fundación Corripio Alonso nació formalmente en 2024 con la intención declarada de devolver a Asturias parte de lo que sus fundadores consideran que Asturias entregó a su familia.
Sus programas abarcan cultura, patrimonio, bienestar social, investigación, educación y medio ambiente, con especial atención a Villaviciosa, Piloña y Cabranes.
Este viernes ese propósito dejó de ser solamente una declaración fundacional.
Tomó la forma de cinco premiados.
Un coleccionista que guardó miles de canciones para que no desaparecieran.
Un pueblo que recuperó un teatro abandonado.
Una fundación empeñada en que Jovellanos siga hablando al presente.
Un médico que convirtió Asturias en referencia internacional de una especialidad.
Y una asociación que lleva más de treinta años acompañando a personas con discapacidad y a sus familias.
Cinco historias muy diferentes. Una misma idea: que una sociedad también se construye reconociendo a quienes llevan años mejorándola sin esperar a que nadie les dé un premio.
