Digital Valley Asturias proyecta diez centros de datos, 120 megavatios de capacidad y obras hasta 2030. El complejo promete transformar el concejo y generar un fuerte impacto económico, pero todavía debe asegurar financiación, energía, clientes y autorizaciones, y aclarar cuántos puestos de trabajo permanentes creará realmente
Asturias acaba de colocar sobre la mesa uno de los mayores proyectos privados anunciados en su historia reciente. No será una fábrica, una mina ni una planta siderúrgica. Será una enorme infraestructura destinada a guardar, procesar y mover el combustible más valioso de la nueva economía: los datos.
La empresa Sales For You Consulting promueve en el concejo de Salas la construcción de Digital Valley Asturias, un campus tecnológico compuesto por diez módulos de centros de datos y preparado para alojar servicios de inteligencia artificial, computación en la nube, almacenamiento digital y procesamiento de información.
La inversión total anunciada asciende a 1.226,3 millones de euros y el calendario presentado por los promotores prevé completar el complejo a finales de 2030. El Gobierno asturiano considera que la iniciativa podría situar a la comunidad en el mapa europeo de las grandes infraestructuras digitales. Pero, por ahora, el proyecto se encuentra todavía en la casilla de salida: ha sido presentado públicamente, aunque no dispone aún de la declaración de Proyecto de Interés Estratégico Regional a la que aspira.
Diez edificios para almacenar y procesar el futuro
El campus ocupará una parcela de 154.584 metros cuadrados, una superficie equivalente a más de veinte campos de fútbol. De esa extensión, 46.865 metros cuadrados estarán destinados a equipamientos y un 28% se reservará para zonas verdes.
El proyecto contempla diez módulos independientes de centros de datos, una subestación eléctrica propia, una instalación fotovoltaica con 350 paneles y 375 plazas de aparcamiento. Cuando alcance su desarrollo completo dispondrá de 120 megavatios de capacidad informática, una dimensión que lo situaría entre los grandes campus digitales proyectados en España.
La construcción se dividirá en dos grandes fases:
- La primera movilizará 240 millones para instalar 24 megavatios.
- La segunda supondrá otros 960 millones y añadirá 96 megavatios.
- El resto de la inversión se destinará a la adquisición o preparación de los terrenos, la urbanización, la subestación y la instalación fotovoltaica.
La tramitación administrativa ocuparía 2026 y 2027. Las obras de urbanización comenzarían en el segundo semestre de 2027 y finalizarían durante la primera mitad de 2028. La construcción de los edificios se desarrollaría progresivamente desde el tercer trimestre de 2027 hasta finales de 2030.
La enorme factura energética que habrá que resolver
Los 120 megavatios anunciados constituyen uno de los datos decisivos del proyecto. No representan la electricidad consumida por todo el recinto, sino la potencia informática final prevista para los servidores.
Si esa capacidad estuviera ocupada y funcionando permanentemente, supondría teóricamente unos 1,05 teravatios hora anuales solo para los equipos informáticos, antes de añadir la energía necesaria para refrigeración, seguridad, baterías, bombeos y otros sistemas auxiliares. El consumo efectivo dependerá de la ocupación progresiva del campus, de su eficiencia y del modelo tecnológico finalmente instalado.
Por eso, una de las grandes preguntas pendientes es cómo se garantizará el acceso a la red eléctrica. El anuncio incluye una subestación propia, pero no detalla si existe ya permiso de conexión, qué compañía suministrará la energía, qué parte procederá de fuentes renovables ni cuál será la potencia total demandada por el complejo.
Tampoco se ha precisado la potencia de los 350 paneles solares anunciados. Sin ese dato no puede calcularse qué proporción del consumo cubrirán. En una infraestructura de 120 megavatios, la diferencia entre un elemento energético relevante y una aportación meramente complementaria es considerable.
Agua, refrigeración y calor: las preguntas ambientales
Un centro de datos es, en esencia, una gran instalación industrial llena de servidores que generan calor durante las 24 horas. Su funcionamiento exige sistemas de refrigeración capaces de mantener los equipos dentro de márgenes muy estrictos de temperatura y humedad.
Digital Valley Asturias no ha explicado todavía públicamente qué tecnología utilizará: refrigeración mediante aire exterior, circuitos cerrados, sistemas evaporativos, refrigeración líquida directa o una combinación de varias soluciones.
Ese detalle determinará buena parte de su consumo de agua y electricidad. También falta saber si el proyecto plantea reutilizar el calor residual para viviendas, empresas, invernaderos o instalaciones públicas cercanas.
El informe presentado sí destaca que el 28% de la parcela se reservará como zona verde, pero no ofrece todavía cifras de consumo hídrico, emisiones asociadas, eficiencia energética prevista o indicadores técnicos como el PUE, utilizado por el sector para medir cuánta energía consume un centro de datos además de la destinada directamente a sus servidores.
Los 1.318 empleos no son 1.318 trabajadores dentro del campus
El dato laboral es uno de los más llamativos y también uno de los que exige mayor precisión.
Los promotores calculan que Digital Valley Asturias generará 1.318 empleos anuales, pero esa cifra suma puestos directos, indirectos e inducidos. Por tanto, no significa que 1.318 personas vayan a trabajar de manera permanente dentro del recinto.
En la estimación pueden incluirse trabajadores de la construcción, transportistas, instaladores, empresas suministradoras, seguridad, mantenimiento, hostelería, comercio y actividad económica estimulada por la inversión. Además, la expresión “empleos anuales” suele emplearse en informes de impacto para expresar puestos equivalentes a jornada completa durante un año, no necesariamente contratos indefinidos mantenidos durante toda la vida del proyecto.
Por ahora no se ha divulgado el desglose entre:
- empleo durante las obras;
- plantilla directa una vez abierto el campus;
- puestos indirectos;
- empleos inducidos;
- perfiles técnicos y no técnicos;
- y trabajadores contratados en Asturias.
Esa será la cifra verdaderamente importante para Salas: no únicamente cuántas personas participarán en la construcción entre 2027 y 2030, sino cuántos empleos estables permanecerán cuando los edificios entren en funcionamiento.
Un impacto de 4.177 millones que todavía es una previsión
Un estudio elaborado por PwC estima que el proyecto aportaría 4.177 millones de euros al producto interior bruto asturiano durante veinte años.
La misma evaluación calcula un beneficio fiscal acumulado de 753 millones. De ellos, 26,4 millones corresponderían al Ayuntamiento de Salas durante la construcción, previsiblemente mediante impuestos, tasas y licencias vinculados a las obras.
Son cifras de enorme magnitud para un concejo rural del centro-occidente asturiano, pero deben presentarse como lo que son: estimaciones económicas realizadas antes de que la inversión esté ejecutada.
Su cumplimiento dependerá del ritmo real de construcción, la ocupación de los módulos, la contratación de clientes, el volumen de compras a proveedores regionales, la procedencia de los trabajadores y el nivel de actividad que finalmente alcance el recinto.
¿Quién está detrás de Digital Valley Asturias?
El Gobierno identifica como promotora a Sales For You Consulting, S.L., conocida como S4U. La propia compañía se presenta como un socio especializado en desarrollo comercial para fabricantes, integradores y proveedores del ecosistema de las infraestructuras digitales, y asegura acumular más de dos décadas de experiencia en este mercado. También vincula su trayectoria al nacimiento de Digital Valley Spain.
El Registro Mercantil recoge la existencia de Digital Valley Spain, S.L. desde 2022. La sociedad modificó entonces su órgano de administración y dejó de tener carácter unipersonal. En 2024 trasladó su domicilio social a San Sebastián de los Reyes, en Madrid.
La presentación de Salas estuvo encabezada por Armando Layna, socio director de Digital Valley, acompañado por representantes de PwC y del Gobierno asturiano. Sin embargo, la documentación pública difundida hasta ahora no identifica:
- el operador que gestionará los centros de datos;
- los inversores que aportarán el capital;
- las entidades que financiarán la deuda;
- posibles fondos de inversión asociados;
- proveedores tecnológicos principales;
- ni clientes que hayan comprometido el alquiler de capacidad.
En un proyecto de 1.226 millones, esas respuestas son fundamentales. El anuncio acredita una intención inversora y un plan técnico, pero no permite todavía comprobar qué porcentaje de la financiación está cerrado ni si existen clientes ancla que garanticen la viabilidad comercial.
La declaración estratégica puede acelerar el proyecto, pero no sustituye los permisos
Digital Valley Asturias aspira a ser reconocido como Proyecto de Interés Estratégico Regional, la figura creada por la Ley asturiana 7/2024 para impulsar inversiones con especial relevancia económica, tecnológica o territorial.
La declaración corresponde al Consejo de Gobierno. La ley establece un plazo máximo de tres meses para resolver una solicitud completa y permite que los expedientes declarados estratégicos se tramiten con carácter urgente y prioritario, reduciendo a la mitad numerosos plazos administrativos. También concede preferencia para determinadas líneas de financiación, avales, incentivos a la inversión, formación y contratación.
Pero obtener esa calificación no equivale a recibir automáticamente autorización para construir. El proyecto seguirá necesitando los permisos urbanísticos, ambientales, energéticos, de conexión eléctrica, abastecimiento, telecomunicaciones y actividad que correspondan.
La ley exige además que el promotor deposite una garantía equivalente al 1% de la inversión, aunque con un límite máximo de 300.000 euros, y prevé un seguimiento trimestral hasta el inicio de la actividad. En materia laboral, la empresa deberá informar anualmente sobre la contratación y el mantenimiento del empleo durante los tres primeros ejercicios.
La oportunidad de que el dinero no pase de largo
La llegada de una infraestructura de estas dimensiones podría modificar profundamente la economía de Salas y del centro-occidente asturiano. Durante las obras serían necesarios movimientos de tierras, construcción, instalaciones eléctricas, climatización, redes de fibra, seguridad, ingeniería y transporte.
Una vez abierto, el campus demandaría técnicos de sistemas, especialistas en redes, electricistas, personal de mantenimiento, operadores de infraestructuras críticas, ciberseguridad, vigilancia y servicios auxiliares.
El verdadero efecto territorial dependerá de que una parte significativa de esos contratos llegue a empresas asturianas y de que los perfiles profesionales puedan formarse dentro de la comunidad. La ley de proyectos estratégicos permite diseñar planes formativos específicos con el promotor, pero esos compromisos deberán traducirse en programas concretos antes de que comience la contratación.
También será necesario anticipar necesidades de vivienda, transporte, formación profesional y conectividad. Una inversión puede ser gigantesca sobre el papel y dejar un impacto local limitado si los proveedores, los trabajadores cualificados y los servicios se contratan mayoritariamente fuera del territorio.
El reto: convertir un gran anuncio en diez edificios funcionando
Digital Valley Asturias reúne todos los ingredientes de una noticia extraordinaria: 1.226 millones de inversión, diez centros de datos, inteligencia artificial, 120 megavatios y miles de empleos contabilizados en su impacto económico.
Pero entre una presentación institucional y un campus operativo hay todavía un largo camino.
El proyecto deberá acreditar financiación, cerrar la disponibilidad de los terrenos, obtener capacidad eléctrica, superar la evaluación ambiental, asegurar el suministro de agua, conseguir clientes, adjudicar las obras y detallar cuál será su empleo directo estable.
Si supera esas pruebas, Salas podría pasar de ser un concejo ajeno a los grandes corredores tecnológicos a alojar una de las infraestructuras digitales más importantes del norte de España.
La apuesta es enorme. También lo son las incógnitas. A partir de ahora, la noticia ya no estará en las cifras anunciadas, sino en comprobar cuántas de ellas comienzan realmente a materializarse.
