Hostelería, construcción, comercio y servicio doméstico concentran buena parte del empleo de otros países en una comunidad que necesita mano de obra para sostener su mercado laboral
Colombia y Venezuela son ya los principales países de origen, por delante de Rumanía, mientras la patronal asturiana impulsa programas para atraer profesionales de Perú y Paraguay
Asturias mira cada vez más al exterior para sostener su mercado laboral. La llegada de trabajadores extranjeros ha dejado de ser un fenómeno periférico para convertirse en una pieza clave en una comunidad castigada por el envejecimiento, la baja natalidad y las dificultades de muchas empresas para cubrir vacantes. El dato es muy claro: en mayo había 31.910 cotizantes extranjeros a la Seguridad Social en el Principado, 764 más que en abril y 5.571 más que un año antes. Es decir, un crecimiento interanual del 21,15%, el mayor entre las comunidades autónomas y muy por encima de la media nacional, situada en el 9,4%.
El salto es aún más llamativo si se amplía la mirada. En mayo de 2021, Asturias tenía 13.128 afiliados extranjeros. Cinco años después, la cifra se ha más que duplicado. La región no solo gana trabajadores de otros países: depende cada vez más de ellos para mantener actividad en sectores donde el relevo generacional no llega, donde faltan profesionales o donde las condiciones laborales han expulsado a buena parte de la mano de obra local.
El fenómeno se produce, además, en un momento de récord laboral. Asturias cerró junio con 402.364 afiliados totales a la Seguridad Social, tras superar por primera vez desde 2008 la barrera de los 400.000 ocupados. Ese avance del empleo tiene muchas explicaciones, pero una de ellas es evidente: sin población extranjera, el mercado laboral asturiano tendría mucho menos oxígeno.
Más extracomunitarios que europeos
La mayoría de los trabajadores extranjeros afiliados en Asturias procede de fuera de la Unión Europea. De los 31.910 cotizantes registrados en mayo, 24.743 son de países extracomunitarios, frente a 7.167 comunitarios. La fotografía confirma un cambio profundo en el perfil migratorio de la región: América Latina gana peso con fuerza, mientras la inmigración europea, que en otros momentos tuvo un papel más visible, queda en segundo plano.
Por países, Colombia encabeza la lista con 4.470 trabajadores afiliados. Le sigue Venezuela, con 4.150. En tercer lugar aparece Rumanía, con 3.153 cotizantes, y después Paraguay, con 1.729. Marruecos, Perú, Cuba, Italia, Brasil y Ucrania completan los diez principales países de procedencia.
Solo Colombia y Venezuela suman ya 8.620 afiliados, más de una cuarta parte del total de trabajadores extranjeros en Asturias. Si se añaden Rumanía y Paraguay, los cuatro primeros países concentran más de 13.500 cotizantes, alrededor del 42% de toda la afiliación extranjera en la comunidad.
Hostelería, construcción y cuidados
La hostelería es el gran motor de este empleo. Entre los asalariados extranjeros, concentra 6.375 trabajadores, el 24,3% del total. No es casualidad: bares, restaurantes, hoteles y alojamientos turísticos arrastran desde hace años problemas para completar plantillas, especialmente en temporada alta, fines de semana y puestos de cocina o sala.
La construcción ocupa el segundo lugar, con 3.034 afiliados extranjeros por cuenta ajena, el 11,56%. Le siguen el servicio doméstico, con 2.985 trabajadores, y el comercio, con 2.948. También tienen un peso relevante las actividades administrativas y servicios auxiliares, con 1.998 cotizantes, y las actividades sanitarias y de servicios sociales, con 1.975.
El reparto demuestra que la inmigración laboral está sosteniendo sectores muy distintos: desde el ladrillo hasta los cuidados, desde la barra de un restaurante hasta el pequeño comercio. Dicho fino: Asturias no solo necesita ingenieros y técnicos; también necesita camareros, albañiles, cuidadoras, empleadas del hogar, dependientes y personal auxiliar. Y ahí la mano de obra extranjera ya no es complemento, es columna vertebral.
También emprenden
El crecimiento no se limita al trabajo asalariado. Asturias cuenta con 5.442 autónomos extranjeros, un 17,05% del total de cotizantes foráneos. En este grupo, la construcción vuelve a ocupar el primer lugar, con 963 trabajadores por cuenta propia, el 17,7% del total. Le sigue el comercio, con 924 autónomos, el 16,98%.
Pero aparece también un dato especialmente significativo: 539 autónomos extranjeros trabajan en telecomunicaciones y programación informática, el 10,65% del colectivo. Es un peso mucho mayor que el que este sector tiene entre los asalariados extranjeros, donde apenas representa el 1,44%. La lectura es interesante: una parte de la inmigración que llega o se asienta en Asturias no solo cubre empleos de baja o media cualificación, sino que también entra en actividades tecnológicas, profesionales y de mayor valor añadido.
Las actividades profesionales, científicas y técnicas reúnen otros 452 autónomos extranjeros, el 8,3% del total. Es una señal de diversificación que conviene no pasar por alto: la inmigración laboral no cabe ya en el cliché del empleo precario o estacional. Hay de eso, sí; pero hay bastante más.
El factor demográfico
La explicación de fondo está en la demografía. Asturias tiene una de las poblaciones más envejecidas de España y lleva años buscando fórmulas para compensar la pérdida natural de habitantes. La Estadística Continua de Población del INE situó a la comunidad, a 1 de enero de 2026, en 1.021.733 habitantes. De ellos, 128.219 habían nacido en el extranjero, el 12,54% del total.
La inmigración está ayudando a contener el declive. Sin ese aporte, el Principado tendría muchas más dificultades para mantener población activa, consumo, cotizaciones y servicios. El reto, por tanto, ya no es solo atraer trabajadores, sino retenerlos: vivienda, integración, formación, homologación de títulos, estabilidad laboral y escolarización de los hijos son factores decisivos para que Asturias no sea solo un lugar de paso.
La patronal busca trabajadores fuera
La Federación Asturiana de Empresarios defiende desde hace tiempo la necesidad de recurrir a la movilidad laboral internacional para cubrir vacantes difíciles. A principios de este mes, FADE renovó su convenio de colaboración con Talento Grupo Internacional para seleccionar y atraer profesionales cualificados procedentes de Perú. El objetivo para este año es incorporar otros 200 trabajadores, después de una campaña anterior en la que ya llegaron alrededor de dos centenares.
Los perfiles buscados muestran dónde aprieta más el zapato: soldadores, caldereros, electricistas industriales, técnicos de mecatrónica, personal de mantenimiento electromecánico, operarios de control numérico, pintores industriales, chapistas, albañiles y encofradores. La demanda se concentra sobre todo en industria, mantenimiento y construcción.
Fuentes conocedoras de estos procesos insisten en que no se trata de importar mano de obra barata, sino de cubrir puestos reales con las condiciones marcadas por convenio. A esos salarios se suman los costes de selección, intermediación, tramitación administrativa y regularización de los permisos necesarios.
Hasta ahora, este programa ha beneficiado a 29 empresas asturianas. En abril, FADE firmó además un acuerdo con la Fundación Nortempo para poner en marcha el Proyecto Puente, otra iniciativa destinada a facilitar la llegada de personal cualificado procedente del extranjero y con capacidad legal para incorporarse al mercado laboral de forma inmediata.
Paraguay y la construcción
La construcción asturiana también ha movido ficha por su cuenta. CAC-Asprocon impulsó un acuerdo con los gobiernos de España y Paraguay para incorporar trabajadores paraguayos bajo la fórmula de empleo circular. El plan contempla la llegada de profesionales del sector para contratos temporales y rotatorios: nueve meses en Asturias y tres meses de regreso a su país, con posibilidad de mantener el ciclo durante varios años.
La fórmula busca responder a una carencia evidente en el sector: faltan manos. Faltan albañiles, encofradores, oficiales y personal cualificado para una actividad que ha recuperado pulso pero arrastra problemas de relevo. El empleo circular se presenta como una vía intermedia: permite cubrir necesidades de empresas asturianas y, al mismo tiempo, garantiza una movilidad ordenada y con retorno al país de origen.
Un debate que va más allá de las cifras
El aumento de trabajadores extranjeros abre una discusión más amplia. Por un lado, las empresas necesitan personal y la Seguridad Social gana cotizantes. Por otro, la llegada de población extranjera exige políticas públicas de integración, vivienda, formación lingüística cuando sea necesaria, servicios sociales y reconocimiento de cualificaciones.
También obliga a revisar las condiciones de algunos sectores. En hostelería, cuidados o construcción, la falta de trabajadores no se explica solo por la demografía. Pesan también los salarios, los horarios, la temporalidad, la dureza física de algunos empleos y las dificultades para conciliar. La inmigración puede aliviar el problema, pero no debe servir para tapar debates incómodos.
Asturias está ante una evidencia: los trabajadores extranjeros ya son una parte imprescindible de su presente laboral y demográfico. En cinco años se han duplicado, rozan los 32.000 afiliados y ganan peso en sectores esenciales. La pregunta ya no es si la región necesita inmigración laboral. La pregunta real es si será capaz de convertir esa llegada en arraigo, estabilidad y futuro compartido.
