El calor ya mata también en el norte: Asturias registra 51 fallecimientos en junio y España bate su peor récord con más de mil víctimas

El calor ya mata también en el norte: Asturias registra 51 fallecimientos en junio y España bate su peor récord con más de mil víctimas

El Principado, tradicional refugio climático, supera las 50 muertes atribuibles a las altas temperaturas en un mes histórico. España suma 1.031 fallecimientos estimados, junio se convierte en el más letal desde que funciona el sistema MoMo y Europa vuelve a comprobar que el calor extremo es ya una emergencia sanitaria global

Asturias ya no puede mirar las olas de calor como un problema del sur. El Principado registró en junio 51 muertes atribuibles a las altas temperaturas, según las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, MoMo, del Instituto de Salud Carlos III. La cifra coloca a la comunidad asturiana entre los territorios más golpeados de España en un mes que deja un dato demoledor: 1.031 fallecimientos atribuibles al calor en todo el país, un 153% más que en junio de 2025, cuando se estimaron 407.

El dato no es solo grave. Es histórico. Junio de 2026 se convierte en el mes de junio con más muertes asociadas al calor desde que el sistema MoMo comenzó a funcionar en 2015. El calor, ese enemigo que no hace ruido, que no rompe cristales ni deja imágenes espectaculares de destrucción, ha vuelto a demostrar que es una de las amenazas más mortales y menos visibles del cambio climático. Y esta vez el aviso ha llegado con una crudeza especial al norte peninsular.

Asturias: 51 muertes y una tasa que impresiona

Los 51 fallecimientos atribuidos al calor en Asturias adquieren más dimensión si se ponen en relación con la población. El Principado ronda los 1,02 millones de habitantes a 1 de enero de 2026, según datos provisionales del INE recogidos por fuentes autonómicas. Eso supone una tasa aproximada de 5 muertes atribuibles al calor por cada 100.000 habitantes en solo un mes. En el conjunto de España, con 49.570.725 residentes a comienzos de 2026, la tasa de junio se sitúa alrededor de 2,1 muertes por cada 100.000 habitantes. Es decir, proporcionalmente, Asturias habría sufrido un impacto relativo más del doble que la media nacional.

Conviene subrayar que se trata de una estimación estadística, no de un listado de certificados de defunción donde aparezca escrito “calor” como causa directa. El MoMo compara la mortalidad observada con la esperada y la cruza con los episodios de temperaturas de riesgo. Además, el propio sistema advierte de que los datos pueden cambiar de forma retroactiva por los retrasos de notificación. Pero esa cautela metodológica no reduce la gravedad del fenómeno; más bien la explica.

El norte dejó de ser refugio

Asturias vivió en junio registros impropios de su imaginario climático. Durante la ola de calor se superaron los 40 grados en varios puntos del Principado: 40,6 grados en Cabrales, 40,3 en Panizales, en Amieva, y valores cercanos a los 40 en otros puntos del interior, con Oviedo también sometida a temperaturas muy elevadas.

Este es el cambio de paradigma: el norte ya no queda al margen. Las zonas tradicionalmente consideradas “frescas” están sufriendo episodios cada vez más extremos, y eso aumenta el riesgo porque muchas viviendas, centros de trabajo, residencias y hábitos cotidianos no están preparados para temperaturas de este calibre. En Andalucía o Extremadura el calor extremo es un enemigo conocido; en Asturias, Galicia, Cantabria o el País Vasco, golpea sobre una población y unas infraestructuras menos adaptadas. Dicho claro: donde antes bastaba abrir la ventana, ahora puede hacer falta un plan de salud pública.

España: más de mil muertos y un junio fuera de escala

En España, junio de 2026 ha sido calificado como un mes “extremadamente cálido”. La temperatura media diaria en la España peninsular fue de 23,2 grados, con una anomalía de 3,2 grados por encima de la media del periodo 1991-2020. Es el segundo junio más cálido de la serie histórica de Aemet, solo por detrás de junio de 2025.

La parte más dura llegó en los últimos días del mes. Según los datos conocidos, la mayoría de las muertes se concentraron en el tramo final de junio, coincidiendo con la ola de calor que afectó a buena parte del país. El día 25 fue el de mayor mortalidad atribuible, con 120 fallecimientos estimados. El perfil de las víctimas vuelve a ser el habitual en estos episodios: personas mayores, especialmente mayores de 85 años, y más mujeres que hombres entre los fallecidos.

Por comunidades, Cataluña encabeza la lista con 218 muertes atribuibles al calor en junio. Le siguen País Vasco, con 147; Castilla y León, con 96; Madrid, con 92; Galicia, con 88; Andalucía, con 72; Comunidad Valenciana, con 62; Navarra, con 53; Asturias, con 51; Cantabria, con 49; Aragón, con 45; Castilla-La Mancha, con 31; La Rioja, con 13; Extremadura, con 7; y Murcia, con 3. Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla no notificaron fallecimientos atribuibles al calor en ese periodo según los datos publicados.

La ola que rompió el calendario

Aemet ha descrito el episodio de finales de junio como histórico. Los días 22 y 23 de junio estuvieron entre los más cálidos registrados en España para ese mes desde, al menos, 1950, con una anomalía media peninsular de +7,1 grados. Además, las noches del 22 y 23 fueron las más cálidas de junio en la serie analizada, un dato clave porque las noches tórridas impiden que el cuerpo se recupere del estrés térmico acumulado durante el día.

El norte peninsular fue uno de los territorios donde la anomalía resultó más llamativa. En el aeropuerto de Bilbao, por ejemplo, se alcanzaron 42,7 grados el 24 de junio, el valor más alto registrado allí en un mes de junio o julio y solo superado por tres datos de agosto en los últimos años. Aemet destaca que en 2026 se superaron allí los 40 grados en tres ocasiones durante el mismo mes, algo inédito en la serie.

La lectura es inquietante: el verano ya no empieza cuando empezaba, ni aprieta solo donde apretaba. Las olas de calor se adelantan, se alargan y alcanzan zonas que hasta hace poco se consideraban relativamente protegidas.

Europa, el continente que más rápido se calienta

Lo ocurrido en Asturias y en España forma parte de una fotografía mucho más amplia. La Organización Meteorológica Mundial ha advertido de que la ola de calor de finales de junio en Europa ha batido numerosos récords y ha tenido impactos importantes en la salud, los ecosistemas, la agricultura, las infraestructuras y la productividad laboral.

Europa es, además, el continente que se calienta más rápido del planeta. Copernicus señala que el continente se está calentando a más del doble de la media mundial y que ya ha acumulado alrededor de 2,5 grados de calentamiento respecto a niveles preindustriales. No hablamos de una amenaza abstracta para 2100. Hablamos de un fenómeno que ya está alterando la mortalidad, el trabajo, las ciudades, la agricultura, el transporte y la vida cotidiana.

La comparación europea deja otro dato escalofriante: según Copernicus, en Europa se estimaron alrededor de 62.800 muertes relacionadas con el calor en 2024, 47.700 en 2023 y 61.700 en 2022. El informe europeo de The Lancet Countdown también concluye que prácticamente todas las regiones europeas monitorizadas han visto aumentar las muertes atribuibles al calor en el periodo 2015-2024 frente a 1991-2000.

El mundo: casi medio millón de muertes al año

A escala global, la Organización Mundial de la Salud estima que entre 2000 y 2019 se produjeron aproximadamente 489.000 muertes relacionadas con el calor cada año. El 45% se concentró en Asia y el 36% en Europa. La OMS recuerda además dos antecedentes que siguen siendo referencia del desastre térmico: las cerca de 70.000 muertes en Europa durante la ola de calor de 2003 y las 56.000 muertes en la ola de calor rusa de 2010.

La clave sanitaria es que el calor mata de muchas formas. No siempre aparece como golpe de calor fulminante. A menudo descompensa enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o neurológicas; agrava la deshidratación; altera el sueño; reduce la capacidad del cuerpo para regular la temperatura; y dispara el riesgo en personas mayores, niños, enfermos crónicos, trabajadores expuestos y personas que viven en viviendas mal aisladas.

Asturias ante una nueva realidad sanitaria

Para Asturias, el dato de junio debería ser un punto de inflexión. La comunidad ha vendido durante años su clima como refugio frente al calor extremo. Y en buena medida lo sigue siendo frente al centro y el sur peninsular. Pero ya no basta con decir “aquí se duerme bien”. Junio ha demostrado que el Principado también necesita reforzar la prevención: residencias de mayores, centros de salud, viviendas antiguas, barrios con poco arbolado, trabajadores al aire libre y personas que viven solas deben entrar en el radar.

La demografía asturiana agrava el riesgo. Asturias es una de las comunidades más envejecidas de España, y el calor castiga especialmente a los mayores. El dato nacional lo confirma: la inmensa mayoría de los fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas en junio correspondió a personas de más de 65 años, y una parte muy elevada a mayores de 85.

Esto exige una respuesta menos improvisada: alertas comprensibles, llamadas y seguimiento a mayores solos, adaptación de residencias, refugios climáticos, revisión de horarios laborales, más sombra urbana, mejor aislamiento en edificios y protocolos específicos para centros sanitarios. El calor ya no es solo una incomodidad meteorológica. Es un problema de salud pública.

Y lo peor: el verano acaba de empezar

La preocupación aumenta porque el episodio de junio puede no ser una excepción aislada. Aemet ya ha advertido de la posibilidad de nuevos episodios de calor extremo en los primeros días de julio, con temperaturas de 40 a 42 grados en los valles del Tajo, Guadiana y Guadalquivir, y noches muy cálidas en amplias zonas del país.

España encadena dos junios excepcionalmente cálidos, 2025 y 2026, y el primer semestre de este año ha sido el más cálido de la serie histórica nacional, con una temperatura media 1,6 grados superior a lo normal.

El dato de Asturias —51 muertes atribuibles al calor en junio— debe leerse como lo que es: una alarma. No una anécdota. No una estadística pasajera. Una alarma. El calor extremo ha dejado de ser un fenómeno lejano, del sur, de los mapas rojos del telediario. Ya está aquí, también en el norte. Y si Asturias quiere seguir siendo un refugio climático, tendrá que prepararse para defenderlo.

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