Trabajador de Arcelor y apasionado de la fotografía de motor, falleció tras ser arrollado por un coche participante durante la prueba disputada en Logrezana. La Guardia Civil investiga las causas del siniestro, que obligó a suspender de forma definitiva la carrera
El automovilismo asturiano quedó este sábado golpeado por una tragedia de las que dejan silencio incluso en los lugares acostumbrados al ruido de los motores. Jorge Villa, gijonés, trabajador de Arcelor y fotógrafo aficionado muy vinculado al mundo del motor, falleció tras ser arrollado por un vehículo participante en el VIII Rallysprint de Carreño, una prueba puntuable para el Campeonato de Asturias de Rallysprint.
Jorge no era un espectador cualquiera. Para muchos aficionados asturianos era una presencia habitual cámara en mano, buscando el ángulo preciso, el instante exacto, la trazada que resume en una sola imagen la emoción de un rally. Su nombre estaba asociado a cunetas, asistencias, coches de competición, derrapajes, cambios de rasante y jornadas enteras siguiendo pruebas automovilísticas por Asturias. La fotografía era su refugio, su manera de estar en el mundo del motor y también una seña de identidad.
El accidente se produjo durante la disputa del Rallysprint de Carreño, en la parroquia de Logrezana, en las inmediaciones de la casa Pedregal y en el entorno del kilómetro 6 de la carretera CE-2. Fue durante una de las pasadas al tramo cronometrado cuando un vehículo participante sufrió una salida de vía en una zona de rasante y alcanzó a Jorge, que se encontraba realizando fotografías.
El impacto fue mortal. La víctima quedó atrapada bajo el coche y, pese a la rápida movilización de los servicios de emergencia, no pudo salvarse su vida. Hasta el lugar se desplazaron efectivos de Bomberos, una UVI móvil y un helicóptero medicalizado. Los sanitarios trataron de intervenir, pero el fallecimiento se produjo prácticamente en el acto.
El piloto y la copiloto del vehículo implicado también resultaron heridos y fueron evacuados al Hospital Universitario Central de Asturias, en Oviedo. La Guardia Civil desplazó varias patrullas del Sector de Tráfico y la Unidad de Investigación de Siniestros Viales, que ha asumido las diligencias para esclarecer las circunstancias exactas del accidente.
La prueba quedó suspendida de inmediato. La Federación de Automovilismo del Principado de Asturias confirmó la cancelación definitiva del VIII Rallysprint de Carreño tras conocerse el fallecimiento del aficionado. También la organización, a cargo de la Escudería Candás Competición, expresó públicamente su pesar por lo ocurrido.
Uno de los extremos que deberá quedar aclarado en la investigación es la ubicación exacta de la víctima en el momento del accidente. Según distintas informaciones publicadas tras el siniestro, la organización sostuvo que el lugar en el que se encontraba era una zona no autorizada para el público y que previamente se habría advertido de ello durante el paso de las caravanas de seguridad. Es un dato relevante, pero debe manejarse con prudencia: será la investigación oficial la que determine las circunstancias concretas del accidente, las medidas adoptadas y la secuencia completa de lo sucedido.
El Rallysprint de Carreño celebraba este año su octava edición. La cita, organizada por Candás Competición, reunía a 91 equipos inscritos y contaba con un recorrido total de 79,760 kilómetros, de los que 38,070 correspondían a tramos cronometrados. Era, además, la tercera prueba del Campeonato de Asturias de Rallysprint y puntuaba también para otras copas regionales vinculadas al automovilismo asturiano.
La tragedia ha sacudido con especial fuerza a la comunidad del motor porque Jorge Villa formaba parte de ese paisaje humano que rodea cada rally. No competía, pero estaba. No aparecía en las clasificaciones, pero sus fotos ayudaban a contar cada prueba. En un deporte donde la imagen tiene un valor enorme, los fotógrafos aficionados son muchas veces la memoria visual de los equipos, de los pilotos modestos, de los coches que no siempre salen en las grandes portadas y de los aficionados que sostienen la pasión desde la cuneta.
Villa había hecho de la fotografía una pasión constante. Su archivo estaba muy ligado al mundo del motor, pero no se limitaba a él. También realizó trabajos fotográficos con modelos y colaboraciones puntuales vinculadas a la imagen de negocios gijoneses. En el ámbito automovilístico, su nombre ya había tenido reconocimiento público: en 2019 fue destacado como ganador del Concurso de Fotografía SoloEscort, una muestra de que su trabajo era conocido y valorado dentro de ese entorno.
Su muerte deja, además, una reflexión incómoda y necesaria sobre la seguridad en las pruebas de carretera. Los rallys y rallysprint se celebran en escenarios abiertos, en carreteras reales, con público repartido por el recorrido y con vehículos que circulan al límite. Esa combinación exige una disciplina absoluta: de los organizadores, de los equipos, de los comisarios y también de los espectadores. Una ubicación aparentemente atractiva para hacer una foto puede convertirse en una trampa mortal si coincide con una salida de vía.
El caso de Carreño será ahora objeto de investigación. Habrá que analizar la trayectoria del coche, el punto exacto de impacto, la señalización del tramo, las advertencias previas, la ubicación del público, el trabajo de las caravanas de seguridad y todos los elementos que pudieron influir en el desenlace. Hasta que esas diligencias concluyan, lo responsable es no dictar sentencias precipitadas.
Lo que sí queda ya fuera de toda duda es la pérdida humana. Jorge Villa murió en una prueba que conocía, en un ambiente que amaba y con una cámara como compañera. Esa imagen resume la dimensión más dolorosa de la tragedia: la de un aficionado que no estaba allí por casualidad, sino por pasión.
El automovilismo asturiano, tan acostumbrado a vivir los fines de semana entre motores, asistencia, cronos y cunetas llenas de público, se enfrenta ahora a una jornada de duelo. El Rallysprint de Carreño no terminó con una clasificación, sino con una suspensión, una investigación abierta y una ausencia difícil de encajar.
Jorge Villa deja tras de sí algo más que una noticia trágica. Deja fotografías, recuerdos, carreras vistas a través de su objetivo y la huella discreta de quienes no buscan protagonismo, pero terminan formando parte imprescindible de una afición.
Este sábado, en Carreño, el motor se detuvo. Y Asturias perdió una mirada.
