La mortalidad asociada al calor se dispara un 112% respecto a 2025 y triplica la registrada hace solo dos años. Los mayores concentran la inmensa mayoría de las víctimas en un verano que rompe la imagen de Asturias como refugio frente a las temperaturas extremas
Asturias también está pagando con vidas el aumento de las temperaturas.
El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, MoMo, dependiente del Instituto de Salud Carlos III, estima en 144 las muertes atribuibles al exceso de temperatura en Asturias entre el 15 de mayo y el 9 de septiembre de 2026.
La cifra es contundente: el año pasado fueron 68.
En apenas doce meses, por tanto, la mortalidad asociada estadísticamente al calor ha aumentado un 112% en el Principado. Y si la comparación se realiza con 2024, cuando se estimaron 47 fallecimientos, el número se ha más que triplicado.
Nunca se habían estimado tantas muertes por calor en Asturias
Los 144 fallecimientos convierten este periodo de 2026 en el de mayor mortalidad atribuible al calor de toda la última década en Asturias.
La evolución permite comprobar hasta qué punto destaca este verano:
2026: 144 muertes estimadas.
2025: 68.
2024: 47.
2023: 92.
2022: 20.
2021: 2.
2020: 13.
2019: 6.
2018: 4.
2017: 33.
2016: 26.
2015: 19.
Hasta ahora, el máximo de esta serie correspondía a 2023, con 92 fallecimientos. Este año se supera aquel registro en 52 muertes, casi un 57% más.
El dato adquiere especial significado en una comunidad tradicionalmente percibida como refugio climático durante los meses de verano. Asturias continúa teniendo temperaturas generalmente menos extremas que buena parte del centro y sur peninsular, pero eso no significa que su población esté protegida de los efectos sanitarios del calor.
Y las cifras comienzan a demostrarlo.
Más de 5.400 muertes en España
El fenómeno va mucho más allá del Principado.
Desde mediados de mayo, MoMo estima 5.485 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas en España. De ellos, 5.048 correspondieron a personas de 65 años o más, lo que supone aproximadamente nueve de cada diez casos.
Los mayores son el colectivo especialmente castigado por episodios prolongados de temperaturas elevadas.
Las personas con enfermedades crónicas, quienes viven solas, los menores, las embarazadas y quienes trabajan o realizan esfuerzos físicos al aire libre también forman parte de los grupos especialmente vulnerables.
¿Significa que 144 personas murieron literalmente por un golpe de calor? No
Esta distinción es fundamental.
MoMo no afirma que existan 144 certificados de defunción asturianos en los que figure como causa directa un golpe de calor.
La cifra es una estimación epidemiológica.
El sistema compara las defunciones que realmente se producen con las que estadísticamente cabría esperar según las series históricas y estudia su relación con las temperaturas registradas. De ese modelo obtiene una estimación de la mortalidad que puede atribuirse al exceso de temperatura.
Por eso, una muerte asociada al calor puede aparecer clínicamente vinculada a una enfermedad cardiovascular, respiratoria, renal o a la descompensación de una patología previa y no necesariamente a un diagnóstico explícito de golpe de calor.
La diferencia no resta gravedad al dato. Al contrario: muestra una parte del impacto de las altas temperaturas que normalmente permanece invisible.
El calor no necesita alcanzar los 40 grados para matar
Uno de los errores más habituales es asociar el riesgo únicamente con jornadas espectaculares de temperaturas superiores a los 40 grados.
El riesgo sanitario depende también de la adaptación de cada territorio y de su población.
Una temperatura que puede resultar habitual en una zona del sur peninsular puede tener consecuencias más graves en territorios donde la población está menos acostumbrada a soportar episodios prolongados de calor.
Cada zona dispone de sus propios umbrales de riesgo en función de la relación histórica entre temperatura y mortalidad.
Y ahí está una de las claves para Asturias.
No hacen falta temperaturas propias de Córdoba o Sevilla para que exista riesgo. Lo importante es cuánto se separa el calor de las condiciones a las que está acostumbrada la población de cada zona.
El verano que obliga a Asturias a mirar el calor de otra manera
Los 144 fallecimientos estimados dejan una advertencia difícil de ignorar.
Asturias puede seguir siendo uno de los territorios españoles con veranos más suaves, pero ya no puede considerar el calor extremo como un problema ajeno.
En una comunidad envejecida, con una elevada población mayor y con muchas personas que padecen enfermedades crónicas, los episodios de temperaturas altas plantean un problema que va mucho más allá del confort.
Afectan a la salud pública.
Y este verano de 2026 deja el dato más contundente hasta ahora:
144 muertes atribuibles al calor. Más del doble que hace un año. El mayor registro de la última década.
El termómetro ya no es únicamente una cuestión meteorológica.
También puede convertirse en una estadística de mortalidad.
