La ingeniería asturiana consigue luz verde para cuatro años de nueva actividad en la central de Tula mientras negocia desprenderse del histórico taller de Langreo para facilitar la llegada de Indra
Duro Felguera acaba de mover prácticamente al mismo tiempo dos piezas que pueden marcar su nueva etapa.
Una está a 8.500 kilómetros de Asturias, en México, y supone 210 millones de dólares de nueva actividad durante 47 meses.
La otra está en Barros, Langreo, donde el Principado acaba de poner sobre la mesa una oferta próxima a los 10,7 millones de euros para adquirir uno de los principales activos industriales de la compañía y alquilárselo posteriormente a Indra.
Una operación busca generar negocio.
La otra, transformar patrimonio en liquidez y facilitar un nuevo proyecto industrial en Asturias.
Juntas dibujan algo bastante más importante que dos operaciones aisladas: los primeros movimientos visibles de Duro Felguera después de la homologación de su plan de reestructuración.
210 millones de dólares y cuatro años de trabajo en México
La Junta General Extraordinaria de Duro Felguera aprobó este viernes la participación de la compañía en la Central de Ciclo Combinado Francisco Pérez Ríos, en Tula, estado mexicano de Hidalgo.
Se trata de una instalación de 1.000 megavatios, promovida por la Comisión Federal de Electricidad mexicana y cuyo contratista principal es Mota-Engil México.
Duro Felguera no construirá simplemente una parte aislada de la planta.
Su cometido incluye la dirección y coordinación técnica del proyecto, el suministro e integración del denominado Balance of Plant —el conjunto de sistemas auxiliares necesarios para que funcione la central— y la coordinación de los grandes equipos tecnológicos con el resto de las instalaciones.
La operación supondrá para el grupo 210 millones de dólares de nueva actividad durante 47 meses.
Es decir: casi cuatro años de trabajo asociado a un único contrato.
Y, después de los problemas financieros que han marcado los últimos ejercicios de Duro Felguera, esa duración importa casi tanto como la cifra.
La primera prueba después de la reestructuración
La propia dirección de Duro Felguera identifica Tula como una de las primeras materializaciones comerciales de la etapa abierta tras la homologación judicial de su Plan de Reestructuración.
El presidente ejecutivo, Eduardo Espinosa, fue particularmente explícito ante los accionistas: el objetivo ahora pasa por recuperar actividad y reconstruir cartera.
La compañía llega además a esta operación después de haber cerrado el primer semestre de 2026 con un EBITDA positivo de 5,13 millones de euros, frente a los 18 millones negativos registrados en el mismo periodo del año anterior.
Es una mejora significativa, aunque todavía insuficiente para proclamar ninguna recuperación definitiva.
El verdadero examen será conseguir que esos contratos se conviertan en facturación, márgenes y caja.
Pero hay una particularidad importante en Tula
No es un contrato completamente ajeno a los accionistas de Duro Felguera.
La operación tiene consideración de operación vinculada porque Grupo Prodi participa tanto en el capital de Duro Felguera como en Mota-Engil México.
Precisamente por su dimensión, la contratación necesitaba autorización de la Junta General de Accionistas.
La aprobación despeja ahora el camino para que el proyecto pueda convertirse efectivamente en actividad industrial para el grupo.
Y mientras México aporta cartera, Barros puede aportar liquidez
Casi simultáneamente se mueve otra operación completamente distinta.
La Sociedad Regional de Promoción del Principado de Asturias ha remitido ya a Duro Felguera una oferta no vinculante cercana a los 10,7 millones de euros para adquirir el taller de Barros.
El importe concreto anunciado anteriormente por el Gobierno asturiano es de 10,658 millones de euros.
El Principado no pretende explotar directamente las instalaciones.
El plan es adquirirlas y posteriormente alquilarlas a Indra, que proyecta instalar allí su segunda factoría asturiana vinculada al sector de defensa y seguridad. La operación planteada contempla un arrendamiento de larga duración y las conversaciones entre Gobierno, Duro Felguera e Indra se están desarrollando en paralelo.
La previsión trasladada por el Principado es intentar cerrar tanto la compra como el acuerdo posterior con Indra en un plazo aproximado de tres meses.
Duro quiere vender, pero no regalar
La posición expresada por Eduardo Espinosa ante los accionistas introduce además un matiz importante.
Duro Felguera está dispuesta a facilitar una salida al taller de Barros, pero quiere hacerlo, según su presidente, preservando el valor del activo y los intereses de sus accionistas.
Por tanto, los 10,7 millones todavía no son una venta cerrada.
Son una oferta no vinculante.
Quedan negociación, condiciones, documentación y acuerdo definitivo.
Dos movimientos y una misma pregunta
La fotografía empresarial de Duro Felguera empieza así a cambiar.
Por un lado, la ingeniería recupera actividad internacional con un proyecto de 210 millones de dólares y casi cuatro años de ejecución.
Por otro, negocia convertir en efectivo uno de sus grandes activos industriales asturianos, mientras esas instalaciones podrían iniciar inmediatamente una segunda vida de la mano de Indra.
No es todavía el final de los problemas de Duro Felguera.
Tampoco basta un gran contrato para reconstruir una compañía que ha necesitado una profunda reestructuración financiera.
Pero sí aparece algo que durante mucho tiempo había faltado: movimiento simultáneo en cartera, actividad y activos.
México puede proporcionar trabajo.
Barros puede proporcionar liquidez.
Y el siguiente dato será el verdaderamente decisivo: comprobar si ambos movimientos empiezan a convertirse en facturación, caja y rentabilidad.
Porque después de años hablando de deuda, rescates, negociaciones y reestructuración, Duro Felguera empieza a enfrentarse de nuevo a una prueba mucho más empresarial y bastante más sencilla de formular:
volver a ganar dinero trabajando.
