El ganadero de la motosierra: nueve años de cárcel por intentar matar a su cuñado en una guerra familiar por una herencia

El ganadero de la motosierra: nueve años de cárcel por intentar matar a su cuñado en una guerra familiar por una herencia

El TSJ de Asturias confirma la condena a Manuel S. F., vecino de Peñamellera Alta, por atacar al marido de su hermana en un camino rural de Alles y seccionar la zona de la yugular mientras gritaba: “Te voy a trocear”

La herencia llevaba años pudriéndose en silencio. Primero fueron las discusiones. Después, las amenazas. Más tarde, una orden de alejamiento. Y finalmente, una tarde de agosto, una motosierra arrancada en mitad de un camino rural de Peñamellera Alta.

El Tribunal Superior de Justicia de Asturias ha confirmado la condena a nueve años de prisión para Manuel S. F., ganadero de 55 años y vecino de Alles, por intentar matar a su cuñado, José Antonio C. S., de 61 años, en un ataque tan brutal como anunciado. La sentencia considera probado que el condenado cogió una motosierra de su garaje, comprobó que funcionaba, la cargó en su vehículo y fue en busca del marido de su hermana, con quien mantenía desde hacía años una relación completamente rota por una disputa familiar relacionada con tierras y una casa.

El fallo, ya firme, ratifica la condena dictada en marzo por la Audiencia Provincial de Asturias por un delito de asesinato en grado de tentativa. La víctima salvó la vida de milagro: recibió un corte de arriba abajo que le alcanzó el cuello, el tórax y el brazo derecho, con afectación en la zona de la yugular. Herido, sangrando de forma abundante y sin teléfono encima, logró correr unos 200 metros hasta un bar. Allí varios vecinos le taponaron la herida y llamaron al 112. Aquella reacción inmediata fue, literalmente, la diferencia entre vivir y morir.

Una tarde de agosto en el camino de Valverín

Los hechos ocurrieron el 24 de agosto de 2024, sobre las ocho de la tarde, en el camino agrario de Valverín, en la parroquia de Alles, un lugar apartado del núcleo urbano. José Antonio se encontraba en la zona después de haber ido a una finca familiar. Según el relato judicial, Manuel llegó en su vehículo a gran velocidad, le cerró el paso y salió con la motosierra.

No fue una herramienta improvisada en un arrebato de segundos. La resolución recoge que el condenado había cogido antes la máquina de su garaje y se había asegurado de que funcionaba. Un vecino lo vio cargándola en el vehículo. Cuando llegó al camino, la llevaba preparada.

La escena que describe la sentencia es estremecedora: Manuel se bajó rápidamente, empuñó la motosierra ya arrancada y se dirigió hacia su cuñado, que también había salido de su coche. Entonces levantó la máquina y le lanzó un corte vertical, de arriba hacia abajo, al tiempo que le decía: “Te voy a trocear”.

La hoja alcanzó la zona derecha del cuello, el tórax y la extremidad superior derecha. La víctima sufrió lesiones graves en la vena yugular externa y en músculos del cuello. El riesgo vital fue inmediato. No murió porque pudo escapar y porque otros actuaron con una rapidez que vale una vida.

Doscientos metros hasta la salvación

José Antonio no tenía el móvil encima. Tampoco podía pedir ayuda desde el lugar del ataque. Así que hizo lo único que podía hacer: correr.

Con el cuello y el pecho abiertos, sangrando de forma masiva, huyó hasta un bar situado a unos 200 metros. Allí encontró a personas que reaccionaron de inmediato. Le taponaron la herida, alertaron a los servicios de emergencia y evitaron que se desangrara antes de recibir asistencia sanitaria.

La propia resolución judicial subraya que esa intervención de terceros fue decisiva para impedir la muerte. Es uno de los puntos más duros del caso: la diferencia entre una tentativa de asesinato y un crimen consumado estuvo en la resistencia de la víctima y en la reacción de los vecinos.

Una guerra familiar que llevaba años anunciando el desastre

El ataque no surgió de la nada. La relación entre Manuel, su hermana, su cuñado y su propia madre llevaba años deteriorada. El origen estaba en una herencia familiar tras la muerte del padre del condenado. Manuel sostenía que varios familiares querían quedarse con unas tierras y una casa. Aquella disputa fue creciendo hasta convertirse en una obsesión.

En el pueblo, la mala relación era conocida. Había discusiones, amenazas y miedo. Según la víctima, su cuñado sabía que aquel día estaría en la finca y lo vigilaba. También sostuvo que buscó el momento y el lugar para cerrarle el paso en un camino estrecho, sin apenas margen para escapar o defenderse.

El dato más inquietante es que no era la primera vez que aparecía la motosierra en esa guerra familiar. En septiembre de 2023, casi un año antes del ataque, Manuel ya había amenazado a su hermana y a su cuñado con una motosierra. Aquello acabó en los tribunales y derivó en una condena firme en julio de 2024 por dos delitos de amenazas graves: uno contra el cuñado y otro contra la hermana del condenado.

Es decir, solo un mes antes del ataque que pudo acabar en muerte, Manuel ya había sido condenado por amenazar a las mismas personas con la misma clase de herramienta. También existía una orden de alejamiento.

Once horas escondido

Tras el ataque, Manuel desapareció. La Guardia Civil lo buscó durante toda la noche. Fue localizado y detenido a la mañana siguiente, cerca de su domicilio.

Cuando los agentes lo encontraron, presentaba arañazos en la cara, cerca de un ojo, y manchas de pintura roja en las manos, el rostro o los brazos. Antes incluso de que los guardias civiles le preguntaran, ofreció su versión: dijo que había tenido “un incidente” con su cuñado y aseguró que él se había defendido después de que la víctima le atacara con un spray de pintura roja y una palanqueta de obra.

Esa explicación ha sido rechazada por los tribunales. El TSJ de Asturias desestima íntegramente el recurso del condenado y descarta la tesis de la legítima defensa. El tribunal considera que su relato no encaja con los hechos probados y subraya que la versión del acusado no supone ni siquiera una confesión parcial, porque se presenta a sí mismo como víctima de la agresión.

La defensa que no convenció al tribunal

Manuel recurrió la sentencia de la Audiencia Provincial y pidió que se condenara a su cuñado por un delito de lesiones. Su defensa sostuvo que el condenado había actuado para protegerse de una agresión previa. Pero el TSJ no acepta esa reconstrucción.

La Sala confirma que los hechos probados apuntan en dirección contraria: Manuel fue quien se desplazó hasta el lugar, quien llevaba la motosierra, quien cerró el paso a la víctima, quien la empuñó y quien lanzó el corte que casi acaba con la vida de José Antonio.

La resolución confirma así la pena de nueve años de prisión y deja sin recorrido la estrategia defensiva basada en la autodefensa. Al no haber recurrido ante instancias superiores, el fallo es ya firme.

De la acusación inicial al fallo definitivo

La Fiscalía había solicitado inicialmente ocho años de prisión por un delito de homicidio en grado de tentativa, además de trece años de alejamiento y una indemnización de 33.000 euros. La acusación particular elevaba la petición hasta los doce años.

Finalmente, la Audiencia Provincial condenó a Manuel a nueve años por asesinato en grado de tentativa, y el TSJ de Asturias ha confirmado ahora esa condena. La diferencia jurídica no es menor: la calificación como asesinato en grado de tentativa apunta a la especial gravedad con la que el tribunal valora la forma del ataque, el contexto previo y la situación de indefensión o superioridad en que se produjo.

El condenado llevaba en prisión provisional comunicada y sin fianza desde el 27 de agosto de 2024, apenas tres días después de la agresión. La medida fue adoptada por riesgo de reiteración y por la posibilidad de que pudiera volver a atacar de forma aún más grave a la víctima.

El pueblo que vio venir la tragedia

En Alles, la historia dejó una sensación amarga: la de algo que muchos temían que acabara ocurriendo. Las disputas por la herencia, las amenazas previas, la orden de alejamiento y la utilización reiterada de la motosierra como elemento intimidatorio dibujaban una escalada peligrosa.

La víctima lo ha explicado con claridad: cree que su cuñado lo vigilaba y que aquel día eligió el momento exacto para atacarle. El camino era estrecho, el lugar estaba apartado y el agresor llegó con la herramienta preparada. Para José Antonio, no fue un arrebato: fue una emboscada.

La justicia ha terminado dándole la razón en lo esencial. El ataque no fue una simple pelea familiar que se fue de las manos. Fue una agresión directa, violenta y potencialmente mortal, ejecutada con una motosierra arrancada y dirigida a una zona vital del cuerpo.

Una herencia, una motosierra y una vida salvada por segundos

El caso condensa todos los ingredientes de una tragedia rural llevada al límite: una herencia enquistada, una familia rota, amenazas repetidas, una orden judicial que no bastó para frenar la violencia y una víctima que terminó corriendo ensangrentada hasta un bar para no morir en un camino agrario.

José Antonio sobrevivió por centímetros y por minutos. Si el corte hubiese sido más profundo, si no hubiese logrado correr, si los vecinos no hubiesen taponado la herida, si el 112 hubiese tardado más, hoy la sentencia no hablaría de tentativa, sino de asesinato consumado.

Manuel S. F. cumplirá nueve años de prisión. El TSJ de Asturias ha cerrado el recorrido judicial ordinario de un caso que durante meses estremeció al oriente asturiano y que deja una conclusión brutal: a veces las tragedias no estallan de repente; avisan durante años. Y cuando nadie consigue detenerlas a tiempo, terminan arrancando una motosierra.

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