Bares, restaurantes, cafeterías y hoteles afrontan el verano con dificultades para completar plantillas pese al tirón turístico. Los empresarios niegan que el problema sea solo salarial y los sindicatos responden que sin empleo de calidad no habrá profesionales suficientes.
La hostelería asturiana encara el verano con las terrazas llenas, las reservas al alza y una paradoja que desespera al sector: hay trabajo, pero cuesta encontrar trabajadores. La queja se repite de Gijón a Avilés, de Oviedo a las Cuencas y de Pola de Siero a los negocios de costa. Faltan camareros, cocineros, ayudantes, personal de sala, refuerzos de fin de semana y empleados dispuestos a cubrir los picos de la temporada alta. Y lo que antes era una dificultad puntual empieza a convertirse, según los empresarios, en un problema estructural.
La frase que más se escucha ya no es solo “no encontramos gente”. Es peor: “La gente no acude ni a las entrevistas”.
El malestar estalla en un momento especialmente delicado para Asturias. La comunidad llega al verano con buenas expectativas turísticas, más actividad, más contratos previstos y un mercado laboral que ya no ofrece la bolsa de candidatos de otros años. El paro ha bajado, la afiliación crece y la campaña estival vuelve a tirar de la contratación. Sobre el papel, debería ser una buena noticia. En la práctica, muchos negocios se encuentran con una situación endiablada: necesitan reforzar equipos justo cuando el margen para atraer personal se estrecha.
No es un debate nuevo, pero este verano llega más caliente que nunca. La patronal denuncia falta de mano de obra y sostiene que el sector ha cambiado, que las jornadas ya no son las de antes y que muchos establecimientos ofrecen mejores condiciones que hace una década. Los sindicatos replican que el problema no está en los trabajadores, sino en unas condiciones laborales que todavía arrastran mala fama: horarios partidos, fines de semana, presión en temporada alta, parcialidad, horas no siempre reconocidas y salarios que, aunque han subido por convenio, siguen compitiendo contra empleos con más estabilidad y mejor conciliación.
El choque está servido. Y, como casi siempre, la realidad es más incómoda que el eslogan.
Un sector con trabajo, pero sin candidatos suficientes
La hostelería es uno de los motores económicos de Asturias. Da empleo a decenas de miles de personas, sostiene buena parte del atractivo turístico del Principado y mantiene vivos centros urbanos, villas, zonas rurales y concejos costeros. Pero también es uno de los sectores donde más se nota el desajuste entre lo que las empresas necesitan y lo que muchos trabajadores están dispuestos a aceptar.
La campaña de verano multiplica la presión. Randstad prevé más de 15.000 contratos estivales en Asturias, con un crecimiento cercano al 12% respecto al año anterior. A nivel nacional, el turismo y la hostelería siguen generando empleo, con casi tres millones de ocupados en actividades turísticas al inicio de 2026. Es decir, el sector no está parado. Al contrario: se mueve, contrata y necesita personal.
La cuestión es otra: ¿qué tipo de empleo ofrece y qué tipo de empleo busca hoy la gente?
Ahí aparece el verdadero nudo. Los empresarios aseguran que ya no basta con publicar una oferta. En muchos casos, los candidatos se inscriben, pero no responden. Otros aceptan una entrevista y no aparecen. Algunos confirman que empiezan y, antes de incorporarse, comunican que han encontrado algo mejor, más cerca de casa o con horarios más asumibles. La hostelería compite ya no solo con otros bares y restaurantes, sino con logística, comercio, reparto, industria alimentaria, supermercados, atención al cliente y otros sectores que también tiran de empleo en verano.
Y muchos trabajadores hacen cuentas. Fines de semana, noches, festivos, desplazamientos, alquiler, transporte y conciliación. Si el sueldo no compensa todo eso, se van a otra parte. Sin mucho drama. Sin fidelidad romántica al oficio. El mercado laboral también se ha hecho frío.
Avilés: ofertas publicadas y candidatos que desaparecen
En Avilés, David Franqueira, propietario de tres locales en pleno centro, resume la sensación de muchos hosteleros: contratar para el verano “no está siendo nada fácil”. Asegura que el sector ya no es el de antes y que las condiciones han mejorado. “Antes era muy esclavo, pero ahora todo eso ha cambiado; somos el gremio que más inspecciones tiene. Los turnos son de seis o siete horas, nada que ver con lo de antaño”, sostiene.
Su mayor queja no es solo que falten perfiles formados, sino la falta de respuesta. Tiene ofertas publicadas en JobToday y denuncia que muchos candidatos ni contestan. “Se inscriben y, cuando les preguntas si pueden hacer la entrevista, no vienen”, lamenta. En su caso, la mayoría de los puestos están cubiertos, pero el diagnóstico es claro: el sector necesita profesionalización y más compromiso.
Pola de Siero: el fin de semana, línea roja
En Pola de Siero, Pelayo Gayo, responsable de El Corral de Gayo, en la plaza de Les Campes, describe una situación similar. “Es imposible encontrar a nadie. Muchas veces ni vienen a las entrevistas”, asegura. La dificultad se agrava cuando se trata de cubrir fines de semana, una pieza clave en cualquier negocio hostelero.
Gayo cree que el problema ya no es únicamente económico. Antes, dice, llegaba gente con experiencia que negociaba por horas. Ahora muchos candidatos plantean de entrada trabajar de lunes a viernes. “En hostelería eso no se sostiene”, advierte. La frase apunta a uno de los grandes cambios de fondo: el sector necesita cubrir precisamente los momentos en los que buena parte de la sociedad descansa.
La hostelería vive cuando los demás salen. Ese ha sido siempre su ADN. Pero cada vez menos trabajadores aceptan que esa regla se traduzca en renunciar sistemáticamente a fines de semana, festivos y vida personal.
La Felguera: pocas candidaturas para medias jornadas
En las Cuencas, Gadea Fernández, propietaria de una pastelería y cafetería en La Felguera, también confirma la dificultad. El año pasado empezó en mayo a buscar personal para trabajar fines de semana y no logró cubrir la plaza hasta agosto. “El tema de la contratación está muy complicado, sobre todo para medias jornadas y fines de semana”, explica.
Su caso muestra otro problema habitual: las jornadas parciales pueden ser útiles para la empresa, pero no siempre resultan atractivas para el trabajador. Si una persona tiene que desplazarse, organizar su vida y renunciar al fin de semana por pocas horas, la oferta pierde fuerza. Más aún si compite con otros empleos de temporada con horarios más compactos o salarios similares.
Oviedo: contratos completos y aun así dificultades
La dificultad no afecta solo a negocios que ofrecen pocas horas o condiciones poco competitivas. En Oviedo, Alberto Casanova, responsable de Aura Bar Restaurante, en la calle Bermúdez de Castro, afirma que desde la apertura del local, hace mes y medio, completar la plantilla ha sido una de las principales barreras.
Según explica, muchas personas mostraban interés y concertaban entrevistas, pero no acudían. Otras llegaron a confirmar su incorporación y después comunicaron que habían encontrado una oportunidad mejor o más cerca de casa. Casanova sostiene que el establecimiento ofrece contratos de 40 horas semanales, dos días libres, jornadas continuas y salario por encima del convenio. Aun así, cuesta cerrar equipo.
Ante ese escenario, el restaurante ha optado por formar a parte de su propia plantilla desde dentro, priorizando actitud y ganas de aprender. Es una solución que cada vez se repite más: si no aparece el profesional hecho, toca fabricarlo en casa.
Gijón: sin migrantes, muchos negocios no abrirían
En Gijón, Emilio Rubio, gerente de La Montera Picona de Ramón, coincide con la patronal en que la falta de personal es un “mal endémico” que no afecta solo a Asturias. Asegura que las condiciones han mejorado respecto a hace años, pero que aun así cuesta encontrar empleados en cualquier época.
Rubio apunta además a un factor clave: la población migrante. En su plantilla, de 17 trabajadores, solo dos son españoles. Su conclusión es rotunda: “Si no fuera por los emigrantes, la hostelería estaría cerrada”.
La afirmación encaja con una realidad cada vez más visible en el sector. La hostelería española depende de forma creciente del talento extranjero, especialmente en puestos de sala, cocina, limpieza, alojamiento y servicios auxiliares. Sin esa mano de obra, muchos establecimientos tendrían todavía más problemas para abrir todos los días, ampliar horarios o cubrir temporadas altas.
Los sindicatos: “El trabajador nunca es el problema”
Frente al relato empresarial, los sindicatos piden autocrítica. Fermín de Con Longo, secretario general de FeSMC de UGT Asturias, considera que la patronal debe preguntarse por qué no encuentra personal. Su tesis es clara: los buenos profesionales no aparecen si no hay empleo de calidad y salarios dignos.
“Buenos profesionales que aporten talento al sector va necesariamente unido a empleo de calidad y salarios dignos”, advierte. Para UGT, las jornadas parciales y la distribución irregular del tiempo de trabajo restan atractivo al sector, tanto para quienes llegan por vocación como para quienes lo hacen por necesidad.
De Con defiende que empresarios y sindicatos están obligados a trabajar juntos si Asturias quiere un turismo de calidad. Pero lanza una advertencia directa: “El trabajador nunca es el problema”. A su juicio, las empresas que ofrezcan salarios acordes y buenas condiciones no deberían tener dificultades para cubrir sus necesidades.
CC OO comparte el diagnóstico sindical. Su secretario general en Asturias, José Manuel Zapico, califica la queja empresarial de “manido y cansino hit del verano” y pide modernizar el debate cumpliendo el convenio, acabando con las jornadas interminables, declarando todas las horas trabajadas y ofreciendo salarios dignos. También introduce un factor que cada vez pesa más: la vivienda en zonas tensionadas.
Ahí el problema laboral se cruza con el inmobiliario. Si un trabajador no puede vivir cerca de donde trabaja, si el alquiler se come buena parte del sueldo o si el transporte convierte cada turno en una odisea, la oferta pierde atractivo aunque el contrato sea legal.
El convenio sube, pero la pregunta es si basta
El convenio de hostelería de Asturias está en vigor hasta 2027 y sus tablas salariales han ido actualizándose. En 2025, los salarios base mensuales por niveles se mueven entre algo más de 1.100 y algo más de 1.440 euros, sin contar complementos. Es un suelo pactado, no necesariamente lo que pagan todos los negocios ni lo que perciben todos los trabajadores.
Y ahí está otra parte del debate. Para los empresarios, cumplir el convenio, mejorar turnos y ofrecer continuidad debería bastar para atraer candidatos. Para los sindicatos, el convenio es el mínimo, no la meta. Y para muchos trabajadores, especialmente jóvenes, la comparación ya no se hace solo dentro de la hostelería. Se compara con cualquier empleo que permita ordenar mejor la vida.
El salario importa, pero no lo explica todo. También pesan los horarios, la previsibilidad de los turnos, los descansos reales, la distancia a casa, el ambiente de trabajo y la posibilidad de no vivir pendiente del móvil por si falta alguien y toca cubrir.
Vivienda y transporte: el problema que ya no cabe debajo de la barra
La falta de personal no puede separarse del coste de vida. El alquiler en Asturias ha subido con fuerza y en ciudades como Gijón, Oviedo o Avilés alcanza niveles que complican la movilidad laboral. Para un trabajador de hostelería, aceptar un empleo lejos de casa puede no compensar si implica gasolina, transporte público irregular, aparcamiento, comida fuera o incluso mudarse.
Este problema, muy visible en destinos turísticos de costa en otras comunidades, empieza a sentirse también en Asturias. El turismo genera empleo, sí, pero también presiona la vivienda y encarece la vida en las zonas más demandadas. Si el trabajador que sirve las mesas no puede permitirse vivir cerca de esas mesas, el modelo empieza a crujir.
La hostelería necesita horarios amplios, disponibilidad y presencia física. No puede teletrabajar. No puede abrir una terraza desde casa. Por eso, la vivienda y el transporte no son asuntos ajenos al sector: son parte de la plantilla invisible.
El cambio generacional: trabajar sí, vivir también
Hay otro factor que muchos empresarios reconocen, aunque no siempre les guste: la mentalidad laboral ha cambiado. Los jóvenes no rechazan necesariamente trabajar en hostelería, pero sí rechazan determinadas condiciones que antes se asumían como inevitables. Quieren saber horarios, salario, descansos y posibilidades reales antes de comprometerse. Y si no les encaja, no entran. O entran y se van rápido.
La hostelería fue durante años una puerta de entrada al mercado laboral. Muchos empezaban sirviendo cafés, cubriendo barras o ayudando en cocina. Hoy sigue siéndolo, pero compite con más opciones y con una generación que da mucho más valor a la conciliación. Dicho de forma simple: trabajar de noche, fines de semana y festivos tiene que compensar. Si no compensa, el candidato desaparece.
Para el empresario, eso puede parecer falta de compromiso. Para el trabajador, puede ser pura lógica.
La profesionalización pendiente
Varios hosteleros coinciden en una idea: falta gente formada. No solo personas dispuestas a servir mesas, sino profesionales que entiendan el oficio, sepan tratar al cliente, aguanten la presión, conozcan ritmos de sala, trabajen en equipo y puedan incorporarse sin empezar desde cero.
El problema es que la profesionalización exige inversión, tiempo y estabilidad. Si el sector se apoya demasiado en contratos de temporada, medias jornadas o refuerzos de fin de semana, formar cantera se complica. Y si los trabajadores perciben que la hostelería no ofrece carrera, sino solo un empleo de paso, el talento se fuga.
Algunos negocios ya están intentando cambiar la fórmula: formar desde dentro, ofrecer jornadas continuas, mejorar descansos, pagar por encima de convenio o dar continuidad más allá del verano. Es probablemente el camino más realista. La hostelería que quiera trabajadores tendrá que competir por ellos. Y competir no es solo poner un anuncio: es hacer que la oferta merezca la pena.
Ni vagos ni explotadores: un sector en pleno choque de realidad
Reducir el debate a “la gente no quiere trabajar” es demasiado fácil. Reducirlo a “los empresarios pagan mal” también. Asturias está ante un problema más profundo: un sector que necesita mucha mano de obra, en horarios difíciles, con picos de actividad intensos, en un mercado laboral con menos paro, viviendas más caras y trabajadores menos dispuestos a aceptar cualquier cosa.
La hostelería asturiana no está condenada, pero sí obligada a cambiar. Tendrá que vender mejor sus empleos, cuidar más a sus plantillas, planificar con antelación, formar profesionales y asumir que el salario emocional no paga el alquiler. Los sindicatos, por su parte, tendrán que sentarse a buscar fórmulas realistas para un sector que vive de fines de semana, festivos y temporadas altas. Porque tampoco se puede pedir a un restaurante que funcione como una oficina de lunes a viernes.
La campaña de verano será una prueba de estrés. Asturias tendrá turistas, terrazas, reservas y actividad. La gran pregunta es si tendrá suficientes manos para sostenerlo todo.
Y esa respuesta ya no se juega solo en las entrevistas. Se juega en cada nómina, cada turno, cada descanso, cada alquiler y cada candidato que decide si merece la pena ponerse el mandil.
