Un culín en el camino

Un culín en el camino

 

Por Ignacio Sánchez-Vicente

 

La ruta de Oviedo a Lastres está jalonada por emblemáticos llagares, como el nuevo ‘templo’ de Trabanco, las bodegas de Cortina, el restaurante y sidrería Amandi, los universales Escanciador y El Gaitero y el no menos popular Mayador, ya cerca del mar.

 

Qué duda cabe de que, en aspectos esenciales, nuestros antepasados y no hace tanto tiempo, disfrutaban de la vida con otro sentido de las cosas y su verdadera importancia. Un viaje de negocios, por ejemplo, para tratar la compra de una xata, una yegua o unos toneles, por decir, era ocasión de alejarse por un tiempo de la rutina cotidiana, dura y exigente por lo general. Así,  a pie, o a caballo, incluso en vehículo rodado ya a mediados del pasado siglo, aprovechaban el viaje para saludar a viejos amigos, familiares, hacer algún encargo y…¡probar las sidras de los llagares del camino’. Espichar un tonel aquí, probar un nuevo ‘palu’ allá, refrescar el gráznate con unos culinos acullá.

 

No propongo al viajero que vaya andando, por ejemplo , desde Oviedo a Lastres, que no es cosa recomendada en estos tiempos de la prisa y la comodidad. Ni a caballo, aunque es un recorrido delicioso, por los caminos de la red rural. No, pero sí en coche…sin prisa.

A Lastres, tan de moda desde la serie ‘Doctor Mateo’ pero siempre maravilloso en su paisaje y tipología constructiva tradicional, se puede ir a ‘toda pastilla’ por la autovía-autopista, pero también se puede ir por el trazado tradicional.

 

Aquí es donde el   viajero, saliendo de la capital del Principado imbuido de una sana filosofía del disfrute del  día, el paisaje y el paisanaje, puede orientar sus pasos, figuradamente, claro, hacia la bifurcación en la que dejando la autovía a Santander por la costa entra en la carretera a  Villaviciosa. Ella lo llevará, en apenas unos minutos, a las fértiles vegas de Sariego.  Y al lado de la carretera verá alzarse pronto un gran edificio que alberga las más modernas instalaciones lagareas del Principado. Es el llagar de Trabanco,  el segundo, ya que el primero se encuentra en la gijonesa parroquia de Lavandera.  Estas instalaciones, en plena Comarca de la Sidra y en una zona que presenta unas condiciones especialmente destacadas para la elaboración de la bebida patria, ofrecen al visitante la ocasión de degustar una excelente sidra, natural, de cosecha propia o varietal  y cuentan también con restaurante y tienda.

 

Desde allí, disfrutando de la variedad orográfica del paisaje, el camino permite, después de subir la campa, dirigirse a la parroquia de Amandi, ya en el concejo  de Villaviciosa. En él nos espera otra joya de la industria sidrera asturiana. El llagar de La Ferrería, de otro corcho centenario, el de Cortina. Y en su restaurante Amandi, las sabrosuras de una típica espicha.

Siguiendo camino hacia Villaviciosa, la capital manzanera de España, dos estandartes reconocidos internacionalmente. Dice una canción popular que ‘dicen que los asturianos no estamos en el mapa, pero en bebiendo sidra conóznos hasta el Papa’ . No es cierto, desde luego, pero mucho menos en el caso de otros dos emporios lagareros que encontraremos ya en Villaviciosa, práticamente al entrar y al salir de la Villa. Escanciador y El Gaitero son nombres conocidos internacionalmente y exportadores a numerosos países de la ‘otra’ sidra asturiana, la elaborada con el método champenoise –su gas es absolutamente natural, producto de la fermentación—y sidra de la mejor, al fin y al cabo, solo que con un sabor a manzana más acentuado y algo más dulce. Riquísima, vamos.

 

Y  sin dejar el concejo de Villaviciosa, en La Rasa, otro nombre emblemático. Mayador elabora sidras, zumos y licores, al igual que los antes citados, de gran calidad, beneficiándose todos ellos de las benéficas condiciones se suelo y clima que Villaviciosa ofrece a los frutales. Con un microclima excelente y propicio para el desarrollo y el cultivo de las pomaradas, donde se recogen los frutos más codiciados para la elaboración de la sidra, como son las manzanas asturianas ácidas, dulces y amargas. Eso sí, el recuerdo del viajero por este camino tendrá una sola variedad: la dulce.

Así que, si puede, olvide la prisa, viaje despacio y pare. Vaya de llagar en llagar, como en el juego de la oca. Porque, recuerde: con fabes y sidrina nun fai falta gasolina.

 

 

Dejar un comentario

captcha