Confucio y el individuismo de hoy

En China nació el confucionismo, creencia más próxima a la filosofía y la moral que a una religión.

 Partiendo del hinduismo al budismo, taoísmo, hebraísmo, cristianismo e Islam, nos damos cuenta de como  la figura de Confucio penetra, adyacente al arroz, las pagodas, los poemas de todas las dinastias y los ojos en forma de almendras, en el limitado repertorio de estereotipos  sintetizados en la China actual,  desde  Mao a Xí Jinpíng.

Cada pueblo  posee sus protagonistas excepcionales. Citemos algunos admirables: Italia, Dante; España Quevedo, Cervantes o en la presente cuestión de creencias san Juan de la Cruz o Teresa de Ahumada: los ingleses van de la mano de Tomás Moro, mientras Francia cuenta con un Pascal y Alemania  descansa en Goethe.

En el libro “Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo” de Guy Sorman, se nos presenta a Zahao Fusan, antropólogo y lingüista. Nacido de una familia protestante en Shanghai, realiza estudios de economía, teología y filosofía. Cuando se produce la revolución cultural, Zahao es, como todos los intelectuales, enviado al campo para ser “reeducado”. Pasa cerca de diez años en la provincia de Xuanan trabajando en los campos, la cantina, en diversos talleres, pero ante todo le imprimen en su mente  “Reeducación”. En 1975 regresa a Pekín y comienza su extraordinaria vida de pensador. En medio de su figura se levanta algo  sublime: la tolerancia.

Las enseñanzas de  Confucio  germinaron en él aún siendo esos saberes enclaustrados en las banderolas amarillas del  confucionismo dentro de los libros prohibidos  y cerrados bajo  siete enigmáticas llaves.

Las enseñanzas de Confucio se enredan en la mente de un occidental. Se pueden intentar conocerlas, no obstante razonar los vericuetos de su forma y estilo no es nada fácil.

 El Maestro resume las relaciones humanas en cinco aspectos fundamentales y cada una de ella corresponde a una virtud. Padres e hijos, piedad filial; del soberano, el súbdito y la Justicia; hermano mayor y el menor; respeto por el superior; marido y esposa. El único mandamiento igualitario – dándole  un nombre cercano a nosotros - es la relación con los amigos correspondiéndole  la fidelidad.

 Si uno vuelve al pasado mucho antes de la revolución de Mao, la ética confuciana formaba parte  de la religión del Estado junto a los ritos ligados al culto de los ancestros y  toda naturaleza bajo los emperadores de la Dinastía Han.

 Ha corrido demasiada agua por el cauce del Río Amarillo y el pobre está tan enturbiado que es difícil decir de qué color es. Lo mismo sucede con los gobiernos actuales aún siendo modernizado en parte tras la muerte del Gran Líder.  Desaparecidos los padres de “la gran marcha”, los chinos andan a  dos luces: la penumbra en  ese momento entre la noche y el día en que todo es impreciso.

China no es Estados Unidos ni Europa. Es otro mundo.

Dijo Zhao Fusan: “No ir contra la sociedad es para cada chino una preocupación grave, prioritaria incluso; es impensable en mi país insistir demasiado en uno mismo.”

 Occidente no vislumbra el sentido de esa máxima. Aquí el “yo, yo, yo”  individual, atiborra inmensamente los campos políticos e intelectuales.

 



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