¿Penitenciagite? Ca, home, ca, ¡Antroxa!

Esta es la semana de olvidar. La semana consagrada al pueblo por él mismo. La de ser trasgresor, abundando en la mofa y la befa, en el escarnio a los poderosos, ya lo sean del dinero o la religión. Estos son los días de la irreverencia más libre, de la plenitud de la expresión. Éstos son los días de don Carnal. Así que, sin miedo, beban, coman, bufen, surnien, satisfagan sus deseos escatológicos y den rienda suelta a los instintos de los bajos (que, como todo el mundo sabe, no son los bajos instintos, pues una cosa es la coyunda y otra la delictuosidad lesiva para el prójimo o, pongo por caso, la prójima). Vístanse de obispos, transvístanse, disfrácense de osos, de marcianos, de cornudos, de mamachichos, de mamarrachos, de mamandurrios, de mamelucos, disfruten de la melopea, de la cogorza, del tablón, de la merluza, de la castaña, de la curda, de la tranca, sean tragones, glotones, llambiones, pantagruélicos, ingestívoros, omnívoros, bulímicos, desageráos.

 

Porque esta vez Doña Cuaresma reina todo el año. Nos visten de ceniza cada mañana, con el cilicio del miedo, el velo de la incertidumbre pavorosa, la mortaja de los últimos estertores, el llanto de los condenados, el pasaje para la barca de Caronte, el billete de ida a las calderas de Pedro Botero. Y nos ponen como música las cuatro trompetas del Apocalípsis, y nos tocan a muerto, a difunto, a silencio, a rendición, a retirada...pa levantarnos el ánimo!

 

Así que ¡Antroxa! bastante te peniteciagitean el resto de la temporada.  Yo, personalmente, estoy pensando disfrazarme de vasu de sidra con jamón, porque para lo de disfrazarme de enfermo de gripe, es decir: con cuarenta en la cama, no sé si me llegarán les fuerces.

 

Antroxa, nin, antroxa. Eso que lleves por delante.

 



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