José Cima García y la Real Sidra Asturiana

Muchos asturianos celebran las noticias relativas a la expansión de la sidra asturiana por el mercado internacional, al añadirse a los tradicionales en el continente sur americano y los centroeuropeos, más tardíos, otros tan exóticos como los asiáticos o tan glamurosos como los de Norte América. Pero pocos, fuera del sector profesional sidrero, tienen en sus referencias a un collotense, José Cima García (Colloto, 1843-Oviedo 1932) que por sus aportaciones al desarrollo de la sidra como sector industrial bien merece estar incluido en la categoría de 'Asturiano Universal'.

Emigrante a Cuba en su mocedád, pronto se dio cuenta de que una de las cosas que más anhelaban los asturianos de su patria era la bebida autóctona, la sidra. Hasta entonces, sin embargo, la sidra era materia delicada que, por su elaboración, no resistía las diferencias de presión atomosférica no ya para viajar a ultramar, sino siquiera para cruzar el Payares. Así pues, consciente de esa limitación de la dorada bebida para su exportación, y una vez acumulado suficiente patrimonio, José Cima regresa a Asturias, a su Colloto natal, con dos objetivos: construir una gran fábrica de sidra, una moderna industria capaz de una gran producción, y unos laboratorios en los que ensayar e investigar hasta resolver el problema.

 

 

Tuvo sus fracasos, incluido un embarque a Cuba que se malogró en el viaje. Pero no cejó. Y como narra José Miguel Ruiz Andrade "no tardó mucho tiempo en combinar la fórmula precisa, y la sidra, sin perder nada de sabor y su aroma de manzanas frescas, se “champanizaba” en una reacción química natural que asombró a los más expertos sidreros asturianos." Y así nació la Real Sidra Asturiana.

"En Cuba, el nuevo producto se popularizó enseguida. Los consumidores no eran ya los asturianos, sino todo el mundo. Poder apagar la sed con “champagne”, cuya cantidad de alcohol no pasa de cuatro grados y medio, menos que cualquier cerveza.
Un “Champagne” perfumado por el aroma singular de la manzana y un “champagne” que costaba la décima parte que el de uva, constituyó para los que viven en la caliginosa tierra cubana, la solución de un problema primordial de vida. Así, en pocos años, la demanda de aquel mercado excedió a la producción pasando de un millón de botellas las que José Cima enviaba cada año."

El negocio se demostró jugoso, y no faltaron los seguidores a esta industria, a lo que José Cima no puso obstáculos, todo hay que decirlo. Cima se ocupó en mantener el prestigio de su marca “REAL SIDRA ASTURIANA”, perfeccionando sucesivamente los procedimientos de fabricación y abriendo mercados en Cuba, México, Estados Unidos, Brasil y Argentina.

Gran benefactor de su pueblo natal, "En el año 1925 el pueblo de Santa Eulalia de Colloto le rindió un gran homenaje y el camino que el señor Cima reparó con su dinero y que conduce a la iglesia (que también reformó), pasó a denominarse Avenida de José Cima. Fue Alcalde de Oviedo desde el 26 de febrero al 25 de marzo de 1930." (Fuente: Enciclopedia de Oviedo)

 

 

 

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