Dudas y aprensiones

Lo había dicho Sófocles en su obra “Antígona”: “¡Qué maravillas hay en el mundo, pero ninguna es más extraordinaria que el hombre!”.  Partiendo de esa reflexión y siendo hombres y mujeres del planeta tierra,  seguimos esperando  canonjías del  cielo protector. En  mitad de  esa aspiración se aviene algo certero: el humanismo, tal como lo conocemos,  nación en las islas griegas en el limite del mar Mediterráneo con el Egeo  y el Jónico.  Esto significa que conocemos el principio de su historia.

En el umbral de los tiempos,  cuando las primeras moléculas se fueron organizando y abrieron el caldo espeso de la vida, ya tenían dentro el germen que millones de años más tarde resurgiría  con las preguntas fundamentales de nuestro futuro: ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué somos? ¿Por qué estamos aquí?

 Ahora en el siglo XXI,  tan atiborrado de incertidumbres y aprensiones,  y después de  doblegar los átomos y subirlos al carruaje de la energía nuclear, se nos anuncia que la base del “alma”, o al menos nuestra conciencia del yo, es el producto de una escueta reacción bioquímica dentro del cerebro.

Un estudio  de neurología y antropología ha revelado “que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios”.

Considerando esos raciocinios,  siempre discutibles al convocar creencias, uno, fundido en la doctrina judeocristiana no ha sabido reaccionar bien.  Algunos neurocientíficos asientan que de confirmarse los experimentos, esa teoría  representaría el triunfo de la ciencia sobre la religión y las estructura de la fe tan como la  sentimos.

En el Pentecostés del medioevo – tiempo en que  Dios entregó los Diez Mandamientos en el monte Sinaí - el alma era el  concepto mismo de  la tradición venida de la filosofía grecorromana.  Ahora existen incertidumbres  y se habla de que “alma” es una internación de células nerviosas  proyectadas  en la parte  posterior del córtex  cerebral.

Si nos sirve de consuelo tras leer estas lineaas, Maimónides,  en la Andalucía musulmana – judío él - explicaba: “Solo nos es dado discutir lo que Dios no es”.

Y tiempo después el francés Pierre-Gustavo Drouineau expresó: “El mundo material ha tenido un Curvier, la atmósfera de Newton. Todos conocen, pues, la atracción del mundo material,  y aún así ¿dónde están los  Curvier y los Newton del alma?”.

Habiendo llegado hasta aquí, la gran pregunta es saber el porqué de  caminar en un planeta llamado Tierra,  y la certeza de que moriremos inexorablemente un día cualquiera. 

  ¿Un arcano? Sin duda el más colosal de todos.  



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