Historia imprevisible

“La historia futura de España será, por definición, imprevisible, a menudo inquietante y siempre problemática”. Con esta reflexión termina el prestigioso historiador Juan Pablo Fusi, su novedosa obra “Historia mínima de España”- que recomiendo leer- sobre las claves, los hechos, los personajes y los hitos fundamentales para entender la España ,del pasado y la del futuro.

Refiriéndose a los años recientes, Fusi señala que la explicación del ciclo que se cerró en 2004, radica en que a lo largo de ese tiempo de treinta años, nunca se quebró el consenso entre los dos grandes partidos sobre el nuevo Estado español fundado en la Constitución de 1978. Problemas en ese periodo hubo muchos, pero todos aquellos que desde el sigloXIX habían condicionado la política del país – la democracia política, la forma del Estado, el atraso económico, la iglesia, el ejército- parecían en buena medida resueltos. De tal modo que podría decirse que se había producido una refundación de España como nación. Añade el historiador que España no se reconocía, en modo alguno, como el país dramático y pintoresco de tiempos no tan lejanos.

La situación cambia con el gobierno de Rodriguez Zapatero en 2004, tras la crisis emocional del atentado en Madrid, rompiendo el equilibrio político del país. Partiendo de un vago sentimiento progresista, su acción supuso la ruptura de consensos básicos vigentes, tácita o explícitamente, desde la transición.

El PSOE identificó democracia con izquierda y nacionalismo y desde ese injusto planteamiento introdujo el virus mortal para el consenso. El triunfo por mayoría absoluta del PP en Noviembre de 2011 añadiría , como reacción, nuevos factores negativos para el entendimiento y dando al traste aquella refundación.

Desgraciadamente hay suficientes motivos para comprobar que la deslealtad constitucional, aparentemente contenida en años pasados, ha estallado de forma virulenta, cogiendo a contrapié a los dos partidos nacionales. Sería un esfuerzo baldío  pedir ahora responsabilidades, cuando tanto PP como el PSOE miraron para otro lado en tantos incumplimientos constitucionales e interpretaciones abusivas de la cada vez menos Carta Magna.

Partiendo de hechos objetivos y los sobrevenidos estos últimos días con las rebeldías y desplantes del gobierno catalán, no es desmesurado pensar que ya hemos entrado en el capítulo que dice Fusi de imprevisible, con diferentes historias posibles, incluida la de involución, cantonalismo, federalismo asimétrico, balcanización y  ¿porqué no? La recomposición serena, buscando nuevas fórmulas, arreglando errores, sin aventuras extravagantes.

La patata caliente la tienen los dos grandes partidos, aunque quizás deban empezar por refundarse ellos mismo dando paso a nuevas generaciones por que las rentas pasadas se han agotado. Para un acuerdo de futuro , se hace necesario que PP y PSOE dejen de mirarse el ombligo, que reflexionen sobre las responsabilidades prioritarias, teniendo presente las auténticas exigencias de la sociedad civil y que, naturalmente, sepan hacer frente de forma conjunta a las locuras y desafíos de quienes desean repartirse el solar común.



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