San Lázaro está de fiesta

San Lázaro está de fiesta

Oviedo.-Hasta el lunes incluido, con fabada lazarina en los restaurantes y bollu preñau para los lazarinos, San Lázaro-Otero celebra sus fiestas patronales, últimas de los barrios y señal de aviso para San Mateo. El coordinador de AsturiasMundial, Ignacio Sánchez, abrió las fiestas el viernes con un pregón que ofrecemos a los lectores. También se eligieron las Reinas, Reininas, Xanas y Damas. (Fotos: Patricia Alonso Álvarez)

 

 

EL PREGÓN

 

Cuando me invitaron a ejercer este año como pregonero de las fiestas de este estupendo y acogedor espacio del Oviedo urbano, que sin embargo mantiene el definido carácter de aquellos cuya identidad, cuya personalidad, viene bien definida de siglos atrás, lo primero que hice fue darme una vuelta por el barrio, disfrazado de turista alemán, es decir, de riguroso incógnito, por lo menos la panza y los tirantes, mientras pensaba en lo que podía contarles a vosotros/ustedes, como dicen abajo en el sur.

 

Porque se me presentaba una papeleta, claro, dado que si bien tengo buenos amigos en San Lázaro, y con cierta frecuencia vengo a comer con ellos sanos y vegetarianos platos de nuestra tierra, como menestra, pote o fabada, no puedo presumir de ser un profundo conocedor del día a día de San Lázaro.

 

 

Pensé primero hablarles de cómo el pasado siglo “San  Lázaro se fue llenando de bloques de viviendas, con sus comercios de barrio en los bajos, hípicos, galgos, pistas de atletismo, piscinas y parques y cómo se fue estirando hasta llegar al mismo centro de la ciudad.” Pero, claro, eso no podía decírselo porque se lo contó ya hace un año ese querido allerano que es Ramiro Fernández, y que podría decirme, con razón, que no les tomase el pelo. Que para eso están los profesionales.

 

Se me ocurrió después, mientras cruzaba de una calle a otra, hablarles de mis vivencias de infancia por el barrio, y de mi tía Enriqueta. Ah! Pero de eso ya les habló hace dos años mi maestro periodístico Luis José de Ávila, y aunque yo, como él, tuve una tía Enriqueta, y guisaba bien de comer, la verdad es que vivía más bien muy lejos de aquí, con lo que él podría acusarme de plagio, algo muy mal visto en nuestra profesión.

 

Después paré a tomar un vinín y enseguida ‘entamé’ con dos parroquianos hablando creo recordar que de algún  rumor entonces en boga en la ciudad, lo que me llevó a pensar en la fama de hospitalarios que merecidamente honra a San Lázaro y a sus habitantes.  Pero de eso ya les habló mi buen amigo Jaime Reinares en otro pregón, creo que en 2006, y no quisiera que tuviese motivos para llamarme  ‘copión’ el resto del año.

 

Que la cosa está difícil?  Sí. Que hay recursos? También.

Así que les diré, ya en serio,  porqué me encanta dar el pregón de estas fiestas.

Me encanta por el propio Santo Patrón. Todos son santos, oigan, y los santos son de todos, enseña la Iglesia. Pero a mí me parece que éste tiene un plus muy especial. Debía de ser un gran tipo. Fíjense que Nuestro Señor, que no andaba muy a gusto con tanto fariseo, tanto mercader del Templo (los especuladores, lavanderos de dinero, usureros y hunde economías de entonces), el rico Epulón y demás, tampoco fue pródigo en los milagros. Y uno de ellos lo fue en la persona del caído Lázaro. Levántate y anda. Inspiradoras palabras en tiempos de zozobra. Y eso es lo que hizo en la historia reciente este barrio, esta comunidad. Reconstruirse a sí mismo durante el pasado siglo. Y aquí está. Que poco más y llega hasta Uría.

 

Y también me encanta porque los barrios de Oviedo, siendo Oviedo mismo, ofrecen más diversidad, más singularidad, otra naturalidad. Y que no se me interprete, ni mal ni bien. No digo ni más, ni menos. Digo otra. En el cogollín de Oviedo, en el Oviedín del alma, andamos todos un poco rígidos, un poco como demasiado formales. Dando cabezazos por doquier, don fulano, don zitano, doña luisa, doña mercedes. Corteses y obsequiosos: usted primero, no usted, no que reusted, páseme la sal, por favor, ¿la de escamas marrones o coloradas? La sal gorda o la fina? Que si ajusta la corbata, que si asoma el pañuelo, que si hola que si adiós. Pues yo digo que esos mismos que somos, reunidos en el barrio estamos como más cómodos, como más relajados, como más en casa. Así que me encantan los barrios, sí señor. Y las fiestas de los barrios. Sí señor.

 

Y es que las fiestas de San Lázaro tienen una magia especial. Por un lado suponen el fin de un ciclo, de un ciclo festivo que va jalonando el concejo, que va sucediéndose por la cintura de Oviedo como calentando motores para la eclosión final, para la gran despedida del verano, del relajamiento estival, para los días que ponen punto final al imperio de la luz y dan paso a las labores más posadas y las tardes más sombrías del otoño y del invierno.

 

Por otro lado marcan el inicio de la fiesta común, de la más sonora, de la más nombrada: San Mateo. Y al igual que San Lázaro fue puerta de entrada a Oviedo desde mesetarios orígenes, sus fiestas abren las celebraciones mateínas. 

 

Tan es así que tengo apuntado aquí no brindar al final por San Mateo porque le haría una pascua a quien asumirá este noble oficio de pregonero dentro de unos días en el balcón de las consistoriales y a quien desde aquí deseo tenga la suerte y la fortuna de encontrarse con un público tan amable, paciente y generoso como lo son ustedes.

 

Queridos amigos, y digo queridos amigos porque desde hoy por tales los tendré a todos en mi corazón, al igual que quisiera que como a tal me recordasen en adelante, más o menos al llegar a este punto se me fue acabando la inspiración.

 

Así es que, olviden las penurias quienes las sufran, traten de olvidarse de los rencores, las rencillas, las envidias. Ábranse al calor de sus prójimos y sus prójimas, quiéranse a ustedes mismos, que son estupendos, se lo aseguro, beban, aunque sea agua, y dejen beber, coman, aunque sea lechuga, y dejen comer.

Vivan, disfruten de la fiesta y, sobre todo, háganme el favor de ser felices.

 

¡Viva San Lázaro!


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