Veinte propuestas para desarrollar el activismo social europeo del siglo XXI

Veinte propuestas para desarrollar el activismo social europeo del siglo XXI

Susan George, Trevor Evans, Fiona Dove y Jakub Patocka destacaron especialmente dentro del plural programa previsto

 

 

Por Santi Quiñones · (Bruselas/periodismohumano.- Democratización financiera. Si el BCE interviene para salvar a los bancos en apuros, que tal intervención suponga un control democrático sobre su gestión posterior, y que tal intervención se extienda a los estados en apuros, actuando como prestamista de último recurso.

? Interrelación de los procesos. Si se mantiene el requisito de eliminación del déficit comercial a los estados bajo amenaza de sanción en caso contrario, que por la misma razón se prevea la exigencia de eliminación del superávit intracomunitario, que es la otra cara de la misma moneda. La evolución del superávit comercial de Alemania coincide de forma asombrosamente simétrica con la del déficit de España, Portugal y Grecia, lo que significa que el crecimiento económico alemán fue posible solo gracias al empobrecimiento del sur de la UE.

? Las madres de la crisis. El déficit de los estados no es la causa sino la consecuencia de la crisis actual, por lo que la política económica debería dejar de atender a él y desplazar su foco hacia sus causas conocidas: desregularización, financierización e insostenibilidad de nuestro modelo socioeconómico consumista y extractivista.

? La solución era el problema. La agenda conservadora que guía actualmente a la UE se ha impuesto sobre todo a través de las instituciones donde más pesa el nacionalismo de los gobiernos y donde menos pesa la voz democrática de los ciudadanos. Por eso la Comisión, el Consejo Europeo y el BCE han sido el foco del problema, y el Parlamento Europeo, más plural y equilibrado, ha seguido teniendo relativamente poco poder en los últimos años.

? El problema no es el euro, sino este euro. En términos ideológicos, no hay diferencia práctica alguna entre abogar por otra política económica para el euro y abogar por salirse del euro y buscar otra política económica a nivel estatal. Pero ningún gobierno solo puede defender su política económica frente al enorme mercado financiero. Ni siquiera Mitterrand pudo en 1981-82, y eso que entonces el capitalismo y la globalización eran considerablemente menos agresivos.

? Europeísmo progresista. Las organizaciones de la sociedad civil están menos y peor organizadas a nivel europeo que a nivel estatal. Sin embargo, la mayoría de la legislación que afecta hoy al ciudadano es de origen europeo y no estatal. Es importante recordar que el problema no es el proyecto europeo ni el euro en sí, sino el sesgo neoliberal.

? Somos Europa. La movilización paneuropea es la prolongación de la movilización a escala estatal. Pero no es que el movimiento social deba elegir entre una y otra: en realidad es la misma, y solo funcionará a escala continental si previamente lo hace a escala menor. La referencia es cómo ejercen su influencia los lobbies: actúan a nivel local, estatal y europeo. Para contrarrestar el discurso neoliberal en esos niveles de decisión, es necesario articular y proyectar un discurso progresista también en cada uno de ellos.

? Capital o democracia. El capitalismo era históricamente compatible con la democracia, pero parece que el actual capitalismo financiero no, porque ha hecho de los servicios públicos y del estado del bienestar sus objetivos preferentes, y esos son precisamente los puntales de la legitimidad del modelo social europeo y de la democracia en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

? Doctrina del shock. La crisis no tiene ninguna relación con las medidas de disciplina presupuestaria que se están imponiendo, aunque supuestamente se introducen para aliviar la crisis. El hecho de que en ningún país de la UE la austeridad haya tenido éxito, y de que fueran medidas que la doctrina neoliberal ya auspiciaba antes de la crisis, prueban que la crisis no es más que una excusa para imponer una agenda neoliberal en Europa evitando el debate democrático.

? Callejón con salidas. Necesitamos un euro distinto, políticas económicas distintas. No es que otra Europa sea posible. Es que otra Europa es necesaria.

? Somos personas, no mercados. La experiencia demuestra que aplacar a los mercados no funciona. Aunque los mercados sean rápidos y las democracias lentas, sigue siendo más importante la confianza (en el sentido de compromiso) a largo plazo de los ciudadanos que la confianza (en el sentido de visto bueno) de los mercados a corto plazo. Y eso es porque los ciudadanos son socios de la sociedad y su vínculo es de naturaleza permanente, pero los actores económicos son competidores en el mercado y su vínculo es efímero y se basa en las acciones (y en los momentos) de comprar y vender.

? Fuerte con el débil, débil con el fuerte. La crisis moral en que está sumido el capitalismo actual se basa en que castiga a los actores inocentes del sistema, los trabajadores, y recompensa a los culpables, los empleadores. Los poderosos son tratados como todopoderosos, y los débiles como pecadores.

? Quién depende de quién. La ideología neoliberal intenta apropiarse del lenguaje, confiscarlo. La globalización es la globalización del capitalismo. El desarrollo es el desarrollo del capitalismo. Se corre el riesgo, así, de que el lenguaje y la política se desvirtúen a favor de una ideología socialmente minoritaria. Y, sin embargo, el neoliberalismo sigue necesitando del estado, de la política y de la democracia como instrumentos para lograr sus fines.

? Desintermediación. La movilización horizontal tipo 15-M intenta superar los modos tradicionales de influencia social y toma de decisiones de partidos políticos y sindicatos, que busca influir en la cúspide de la pirámide social. La nueva dinámica prueba a desintermediar, desrepresentar, suprimiendo la figura del intermediario como figura pública para que toda la atención del público se centre en el mensaje y en el sentido común que contiene.

? Déjà vu. Los problemas de desregulación, privatización y elitización de la política que aparecen ahora en Europa se produjeron en África, Asia e Iberoamérica hace décadas, lo que hace aconsejable intentar aprender del sur en términos de tácticas e instrumentos para contrarrestarlas en la UE.

? Cancelación de deuda. No tiene sentido que los estados europeos se hayan sobreendeudado para asumir las deudas de bancos e instituciones financieras privadas pero que por un lado no hayan socializado su propiedad y toma de decisiones, y por el otro se vean ellos mismos sobreendeudados y castigados por el sistema financiero. Los ciudadanos pagan una, dos, tres veces por una crisis que aliviaron, no causaron. Esa deuda es ilegítima y debe ser cancelada.

? Tercermundialización intraeuropea. La dinámica centro-periferia, o norte-sur, que se está estableciendo dentro de la UE tiende a reflejar las relaciones de poder clásicas y la narrativa Primer Mundo-Tercer Mundo. En ese sentido, España sufre hoy una latinoamericanización acelerada, por lo que es en Iberoamérica donde se pueden buscar respuestas.

? Contra la fabricación de escasez. El capitalismo verde que defienden los lobbies tiene mucho de capitalismo y poco de verde. Consiste en convertir la naturaleza en activos economizables, comercializables a través de los mercados. Esa financierización de los recursos naturales se logra a través de leyes cuyo objetivo es crear mercados a base de producir escasez y fabricar necesidad donde en realidad no los hay. Hay que repolitizar la gestión del territorio y detener la commoditización de la naturaleza.

? Desarrollar otro desarrollo. La derecha promueve una visión del desarrollo como un sistema de extracción y uso insostenibles de materias primas, que perpetúa un modelo productivista, extractivista y consumista. Hay que racionalizar la generación de infraestructuras y primar ante todo la sostenibilidad como principio rector de la toma de decisiones económicas.

? Trabajo en red. El activismo europeo no necesita una superorganización que englobe a todos los esfuerzos existentes hoy, sino una coordinación que los vertebre. No cabe por tanto una superestructura, sino una interconexión. En fin, una red, un espacio conjunto de convergencia al que recurrir, desde una idea de acción local y coordinación europea. Piensa a escala europeo, actúa a nivel local.

Susan George, Esther Vivas, Miren Etxezarreta y más: las voces del congreso paneuropeo de activistas

En Bruselas hay registrados 60 veces más lobbies que sindicatos. La influencia de los intereses corporativos sobre la Comisión Europea y los gobiernos estatales es desproporcionadamente poderosa, pero acaso la agenda neoliberal que esos intereses han impulsado desde los años 90 en la UE haya tocado ya techo, precisamente porque ha servido para que los europeos tomen mayoritariamente conciencia del peso del lobby financiero y su papel en el desmantelamiento de los estados del bienestar europeos. En cierto modo, han sido los excesos neoliberales los que han activado la respuesta social que puede revertir esos excesos.

Esa fue la idea general que sobrevoló el ambiente del congreso paneuropeo ‘UE en crisis: análisis, resistencia y alternativas a la Europa corporativa’ celebrado los días 5 y 6 en Bruselas. Entre los más de 25 ponentes invitados, procedentes de ámbitos diversos pero representantes cada uno a su modo de la comunidad europea de activistas, líderes sociales e investigadores. Los movimientos 15-M y Democracia Real Ya gozaron de un elevado protagonismo tanto desde la mesa de ponentes como entre los participantes, y las intervenciones de la investigadora Esther Vivas y la profesora Miren Etxezarreta sobresalieron entre las más apreciadas y citadas.

Susan George

La ensayista y activista Susan George, francesa de origen estadounidense, recordó que pese a las múltiples promesas a fecha de hoy aún no se ha introducido en la UE ninguna regulación nueva sobre la actividad de la banca que pueda evitar los excesos cometidos hasta ahora. “Hay un salto cualitativo crucial entre la ideología neoliberal que premia al fuerte y castiga al débil, y el proceso de la modernidad que nació de la Ilustración en el siglo XVIII, y que a partir de las Revoluciones Francesa y Americana hemos seguido lo mejor que hemos podido. En ese sentido el neoliberalismo es una ruptura respecto de la modernidad de nuestros últimos 250 años”, sugirió Susan George, que identificó en los derechos humanos la quintaesencia, el contrario perfecto, de los presupuestos del capitalismo financiero.

Entre las iniciativas que defendió George destacaron ideas conocidas, como gravar las transacciones financieras, exigir un BCE más solidario, socializar los bancos (no nacionalizarlos) y lanzar un green new deal que genere empleos verdes, pero también otras más audaces: “Necesitamos aproximarnos a las pymes porque generan el 90% de los empleos y sus intereses son muy distintos de los de las multinacionales. Pero no los conocemos ni sabemos sus ideas. Y lo mismo sucede con Alemania, que puede ser el principal factor de cambio. ¿Cómo podemos ayudar a hacer cambiar las cosas en Alemania, a quién apoyar y cómo?”, planteó a los congresistas.

 

Susan George hizo gala de radicalidad y de pragmatismo al mismo tiempo. “Es hora de dejar de ser tan educados. No es momento de negociar sino de denunciar, de actuar sin violencia, de mostrar lo ridículas que son las posiciones neoliberales”, reclamó, al tiempo que expresó su deseo de una victoria socialista en las elecciones presidenciales francesas que tendrían lugar al día siguiente: “Mejor Hollande que Sarkozy. A Hollande tenemos más posibilidades de empujarle a aplicar nuestras políticas, es tan sencillo como eso. Deberíamos tener claro que no son lo mismo”.

Jakub Patocka

El activista y periodista polaco Jakub Patocka expresó ese mismo posibilismo. “La crisis hoy es tan grave que hasta los socialdemócratas pueden verl”, bromeó, antes de abogar por una alianza con socialdemócratas, socialistas, verdes y liberales de izquierda para plantear una agenda progresista de democracia económica, sostenibilidad ecológica y justicia social, que no recibió un apoyo unánime de los congresistas.

“No está escrito en los libros que Hollande vaya a traicionar las esperanzas de la izquierda como muchos tienden a dar por supuesto. No podemos dar eso por sentado porque no es seguro y sobre todo porque hacerlo aumenta la probabilidad de que nuestro escepticismo facilite el trabajo a los lobbies”, señaló en medio de un tibio apoyo de los asistentes.

 

La investigadora Esther Vivas, del Centre d’Estudis sobre els Moviments Socials (CEMS) de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, analizó la trayectoria de los indignados desde su eclosión política y mediática de hace un año hasta la actualidad, pasando por el momento de retroalimentación con la Primavera Árabe, el paso de ocupar el espacio público a dirigirse a los símbolos de la toma pública de decisiones (el Congreso, el Parlament de Catalunya) y la decisión en otoño de adoptar un enfoque más local y práctico pero menos visible. Vivas puso en valor logros del 15-M como la ruptura con el escepticismo, la superación del limitado núcleo tradicional de activistas y militantes, la diversificación de acciones públicas más allá de las manifestaciones, y el cuestionamiento del sistema económico y político.

“Combatir los actuales procesos de estigmatización, criminalización y represión activados desde ciertos círculos, y establecer un sindicalismo combativo que luche en la calle y pierda el miedo en los centros de trabajo son dos de los retos actuales de este movimiento”, apunta Esther Vivas, para quien “si el capitalismo es global, la resistencia y la lucha contra él también han de serlo”.

La lucha contra la deuda ilegítima es otra causa que encuentra particularmente pertinente hoy. “El no pago de una deuda socialmente injusta puede ayudar a acelerar la crisis general del paradigma que vivimos”, subraya Vivas: “La solución no pasa por una reforma del sistema para hacer más sostenible la deuda, sino por plantear una alternativa global que gire a partir de las personas y los ecosistemas. Para acabar con este capitalismo hace falta acabar con el modelo productivista, con el sistema patriarcal y con la insostenible mentalidad consumista. Hace falta llevar una perspectiva ecologista radical que combata la denominada ‘economía verde’ en la cumbre Río+20, una alternativa a un capitalismo pintado de verde que plantea falsas soluciones porque solo busca hacer negocio con la naturaleza”, critica la investigadora. “Otro modelo de sociedad ha de hacer que nos replanteemos nuestra relación con nuestro entorno”.

 

La economista, activista y profesora vasca Miren Etxezarreta, implicada en el Seminario de Economía Crítica Taifa y procedente de la Universitat Autònoma de Barcelona, incidió sobre todo en la recuperación del poder social de los ciudadanos. “Reflexionamos poco sobre nuestra capacidad de cambiar las cosas, de afectar al proceso de toma de decisiones de forma efectiva. Incidir en ese proceso es convertir las protestas en poder. Eso es influencia”, recordó Etxezarreta, que observó que partidos y sindicatos fallan a menudo a la hora de trasladar la voluntad popular porque intenan incidir en la cúspide del proceso.

“El foco del movimiento social está en nuestra base social. En el capitalismo moderno, o senil, la capacidad de incidir socialmente está en reforzarnos ‘abajo’ y aumentar el poder de nuestra base, por lo que necesitamos más trabajo de base y más coordinación”, subrayó Etxezarreta. “Unidad de acción desde una diversidad de planteamientos es lo que necesitamos. Una nueva forma de organizarnos y trabajar juntos, respetando la identidad de todos”. Y prestando atención a las necesidades concretas del ciudadano, necesidades a menudo perentorias, señaló, poniendo como ejemplo “las 175 familias que son desahuciadas cada día ahora mismo en España”.

En ese sentido, Etxezarreta abogó por actuar de manera inmediata y por librarse de complejos. “No cambiaremos nada sin que nos consideren radicales”, alertó. “Debemos aceptar que para cambiar esta sociedad tendremos que asumir que muchos nos llamen radicales. Pero no necesitamos convertirnos en respetables, ya lo somos. No es que seamos críticos pero rigurosos. Somos críticos porque somos rigurosos”, aseguró.

 

 

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