La eyaculación recurrente mejora los espermatozoides

La eyaculación recurrente mejora los espermatozoides

Cada vez más parejas presentan problemas de infertilidad en nuestra sociedad. Como forma de paliar esta situación, la técnica de inyección intra-citoplasmática de un espermatozoide en el ovocito, mas conocida en ámbitos clínicos como ICSI, esta ganando posiciones en la clínica de reproducción asistida como estrategia de elección en aquellos casos donde el varón o la mujer tienen problemas al tratar de concebir utilizando métodos naturales.

En el caso del varón, la técnica de ICSI puede permitir la fecundación del ovocito a pesar de que los espermatozoides sean escasos o  tengan problemas de motilidad. Sin embargo, es necesario mejorar la calidad del ADN espermático, dado que el ADN es la molécula esencial de cuya integridad depende la consecución de un desarrollo genético óptimo en el embrión. Algunos espermatozoides pueden tener su ADN fragmentado y su proporción puede ser más elevada en los varones con infertilidad. Si el espermatozoide transmite un ADN fragmentado, esto da lugar a un riesgo de pérdida del embrión. 

 

En los centros de reproducción asistida existen técnicas de selección espermática que mejoran, de forma relativa, la calidad seminal de los pacientes. En general, estas estrategias pueden reducir la presencia de espermatozoides con fragmentación del ADN, aunque de modo muy irregular y no controlado. En este sentido, en las clínicas de reproducción asistida se recomienda que los varones mantengan entre 3 a 4 días de abstinencia sexual antes realizar una inseminación, aunque no está claro que esto mejore las tasas de fertilidad.

En este escenario, un reciente artículo publicado en la revista Fertility and Sterility ha demostrado que si el varón mantiene periodos de abstinencia de eyaculación mas cortos (es decir, si provoca eyaculaciones más frecuentes) se reduce la proporción de espermatozoides con ADN fragmentado. El trabajo es obra del Dr. Pascual Sánchez-Martín de la clínica de reproducción asistida Ginemed de Sevilla, en colaboración con el equipo del Dr. Jaime Gosálvez de la Unidad de Genética de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Unidad de Genética del Complejo Hospitalario de A Coruña.

Para evaluar la calidad del ADN espermático, los autores se han valido de una técnica conocida como Halosperm. En el mismo artículo también establecen que la reducción del daño del ADN es mayor cuando se seccionan los espermatozoides con técnicas de rutina: la reducción media de la fragmentación del ADN que se consigue en una  selección espermática sobre muestras obtenidas tras un periodo de abstinencia de 3 días, es de aproximadamente el 22%; mientras que si en los mismos individuos se obtiene una segunda muestra provocando una nueva eyaculación tan sólo 3 horas después, la reducción se acerca o incluso supera el 50%.

 

En consecuencia, en una muestra seminal procedente de la segunda eyaculación la fragmentación del ADN espermático desciende ampliamente y de modo consistente, y por tanto la probabilidad de seleccionar un espermatozoide de buena calidad para ser utilizado en ICSI es más alta. Es decir: la eyaculación recurrente durante periodos cortos de tiempo de abstinencia sexual facilita la selección de espermatozoides libres de daño en su molécula de ADN; lo cual mejora la calidad del semen que se utilizará en las técnicas que se consideren más apropiadas para conseguir el embarazo.

Según el Dr. Gosálvez, “dado que existe una apreciable variación entre los niveles de reducción de la fragmentación que se consigue de unos individuos a otros, es muy importante recurrir al análisis personalizado de cada paciente antes de asumir que el efecto es de similar magnitud y equiparable en todos los individuos”.

El mismo investigador señala que, en el campo de los problemas de infertilidad, “se ha llegado a sugerir la utilización de espermatozoides aislados del testículo mediante biopsia como sistema para obtener muestras con menos niveles de fragmentación del ADN; sin embargo la eyaculación recurrente podría dar resultados similares, de modo mucho más sencillo y no invasivo”. Y concluye que “identificar de forma más precisa los casos en los que se puede comprobar que se generan beneficios, es parte del camino que nos queda por recorrer para continuar progresando en el tratamiento de la infertilidad”.

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