Gijón llevaba años aprendiendo a vivir con una idea incómoda: la de una ciudad que envejece, que pierde población propia y que se mira al espejo con más canas que niños. Pero 2025 marca un punto de inflexión. No es un rebote puntual ni una anécdota estadística. Es un cambio de rumbo. El padrón municipal cerró el año con 277....
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