El jurado popular declara culpable a Felipe de Arriba por el asesinato de Fran Tobajas, aunque reconoce la atenuante de confesión
El veredicto descarta las alegaciones de obcecación o reparación del daño, mientras el acusado insiste en que el crimen fue fruto de “años de odio y humillación”
El crimen, cometido delante de la hija de la víctima, ha sacudido a Gijón y deja tras de sí una estela de ruina familiar y heridas abiertas
El jurado popular ha declarado culpable por unanimidad a Felipe de Arriba por el asesinato de Fran Tobajas, empresario inmobiliario gijonés asesinado en su oficina del barrio de Ceares el pasado 20 de septiembre. Aunque el veredicto no deja lugar a dudas sobre su responsabilidad, los miembros del jurado han considerado la atenuante de confesión, lo que podría rebajar la pena solicitada por la Fiscalía, que pedía 18 años de prisión (la acusación particular elevaba la petición a 20).
El fallo llega tras una intensa semana de juicio en la Audiencia Provincial de Asturias, donde los detalles del caso han estremecido a la opinión pública. Felipe de Arriba, de 56 años, admitió el crimen desde el primer día del juicio, lo mismo que hizo cuando fue detenido, y ha relatado con frialdad los motivos que lo llevaron a matar al que durante años fue, según él, el origen de su ruina personal, económica y emocional.
Una venganza largamente gestada
El acusado sostuvo que durante casi dos décadas alimentó un odio feroz hacia Fran Tobajas, a quien acusaba de haber concedido un “préstamo abusivo y engañoso” a su exesposa en 2005, con documentos firmados en blanco. “No hubo un solo día que no pensara en él”, declaró. Según su relato, Tobajas no solo lo estafó, sino que también lo humilló, arruinó y abusó de su esposa, con quien supuestamente mantuvo una relación forzada, aunque esta negó tajantemente tales afirmaciones durante el juicio.
Felipe de Arriba confesó haber planeado el asesinato desde hacía años y llevar consigo el cuchillo desde su trabajo. Finalmente, lo apuñaló mortalmente en su despacho inmobiliario delante de la hija del empresario, un detalle que agravó el impacto del crimen entre la ciudadanía y en el propio tribunal.
“No tiene justificación”: la última palabra del asesino
En su última intervención, antes de que el jurado deliberara, De Arriba pronunció unas palabras cargadas de tensión emocional y ambigüedad moral:
“No pretendo justificarme porque sé que es un hecho que no tiene justificación. Solo puedes entenderlo si has vivido lo que yo he vivido. No es un momento. Son muchos años de sentimientos malísimos. Esto solo se puede explicar viviéndolo”, afirmó, antes de pedir perdón a la familia de la víctima.
El jurado, sin embargo, rechazó otras dos atenuantes solicitadas por la defensa: la reparación del daño (tras entregar solo 250 euros a la familia de la víctima, considerados insuficientes) y la obcecación, desestimada por el informe forense que concluyó que el acusado no sufría ninguna alteración psicológica.
Las consecuencias: una familia destrozada y una ciudad conmocionada
Las hijas de Fran Tobajas, presentes en las sesiones del juicio, relataron cómo tras el crimen tuvieron que cerrar la inmobiliaria familiar Golden Star al no poder mantener la actividad ni emocional ni profesionalmente. Una de ellas reveló que incluso la policía les había comentado que “sabían que este desenlace podía llegar”.
El juicio ha removido heridas no solo en la familia del empresario, sino en toda la ciudad, al enfrentarse a un caso de venganza personal, alimentada durante años por el rencor, que terminó en asesinato a sangre fría.
Ahora, tras el veredicto, solo queda conocer la sentencia del magistrado, que en los próximos días determinará la pena exacta para Felipe de Arriba, con una rebaja potencial por la atenuante de confesión. Pero, más allá de los años de prisión, el caso deja una sociedad perpleja ante la brutalidad de una venganza largamente meditada.