El cadáver fue localizado en una zona escarpada del Arroyo de Panes. Junto a él, restos de ropa, un móvil y un bolso. La mujer, de 52 años, llevaba desaparecida desde el 6 de marzo. La familia había advertido de su estado de salud mental.
Un mes después de su desaparición, la tragedia parece haberse confirmado en un rincón recóndito de Cantabria. El cuerpo sin vida de una mujer fue encontrado ayer en el Arroyo de Panes, en el municipio de Valdáliga, a pocos kilómetros de San Vicente de la Barquera. Aunque la identificación oficial aún no se ha completado debido al avanzado estado de descomposición, todos los indicios apuntan a que se trata de Silvia Urbaneja García, la mujer asturiana de 52 años cuyo rastro se perdió el pasado 6 de marzo.
El hallazgo se produjo durante una nueva jornada de rastreo intensivo en la zona, en la que participaron efectivos del GREIM (Grupo de Rescate e Intervención en Montaña), agentes de la Unidad de Protección de la Naturaleza (UPRONA), personal de seguridad ciudadana y un helicóptero con base en Asturias. También se incorporó un perro especialista en búsqueda de personas, que dio señales claras tras detectar objetos esparcidos a lo largo del cauce del río.
Un móvil. La correa de un bolso. Ropa que coincide con la que llevaba el día de su desaparición. Y después, el golpe seco de la realidad: tras recorrer casi dos kilómetros de terreno abrupto, entre repisas y saltos de agua de hasta cuatro metros de altura, los agentes encontraron el cadáver en una zona de muy difícil acceso. Metros más abajo apareció un bolso. Todo indica que el cuerpo fue arrastrado por la corriente.
Un rastro quebrado desde hace un mes
Silvia Urbaneja, residente en Asturias, fue vista por última vez el 6 de marzo. Su coche apareció abandonado en Abaño, en el entorno de San Vicente de la Barquera. Desde entonces, se puso en marcha un operativo de búsqueda que mantuvo en vilo tanto a su familia como a las autoridades, sin resultados… hasta ahora.
La familia había advertido desde el principio que Silvia sufría una enfermedad mental y que necesitaba medicación diaria, lo que aumentaba el riesgo de que pudiera encontrarse desorientada o en una situación de peligro. Las primeras hipótesis contemplaban la posibilidad de un accidente en una zona rural de difícil tránsito.
El silencio del bosque y el trabajo incansable
Fue el trabajo persistente de los equipos de rescate, en condiciones especialmente complicadas por el terreno, lo que permitió que esta historia no quedara silenciada para siempre en el corazón de los montes cántabros. El cadáver, una vez recuperado por el GREIM, ha sido trasladado al Instituto Anatómico Forense, donde se practicará la autopsia que confirme oficialmente su identidad y las causas de la muerte.
Por ahora, la Guardia Civil mantiene abiertas todas las líneas de investigación, aunque todo apunta a un accidente fortuito en una zona de difícil acceso, probablemente consecuencia de una caída tras adentrarse en el cauce del arroyo.
Silvia ya no está, pero su búsqueda ha dejado un mensaje que resuena con fuerza en cada rincón de Asturias y Cantabria: no se puede desaparecer sin dejar rastro, sin que nadie lo note. Y no se puede mirar hacia otro lado cuando la salud mental amenaza con empujar al vacío.