Tiene 16 años, antecedentes de fugas y estaba bajo tutela del Principado. Su desaparición reabre el debate sobre la atención a la salud mental de menores vulnerables.
Una joven de 16 años permanece desaparecida desde el pasado lunes tras huir del área infantojuvenil de la planta de Psiquiatría del HUCA, en Oviedo. La menor, tutelada por el Principado de Asturias y residente en un centro de Avilés, escapó en compañía de otra adolescente, que ya ha regresado. No era la primera vez: según fuentes cercanas, ya había protagonizado anteriores fugas e ingresos psiquiátricos en los últimos meses.
La Policía Nacional mantiene activa su búsqueda desde el primer momento, rastreando los lugares donde la joven ha sido vista anteriormente y contactando con personas de su entorno. El Principado activó el protocolo habitual en estos casos, avisando a las fuerzas de seguridad y a la familia, pero el caso ha encendido todas las alarmas.
Este episodio no es aislado. Plantea una cuestión incómoda, pero urgente:
¿Estamos dejando sin vigilancia ni atención a menores con graves problemas de salud mental?
UNA PREGUNTA QUE RESUENA EN TODO EL SISTEMA
La respuesta exige mirar más allá del caso concreto. Asturias, como muchas otras comunidades, arrastra desde hace años un déficit estructural en recursos para salud mental infantojuvenil. Hay falta de psiquiatras, de psicólogos clínicos, de personal especializado. No existen centros específicos cerrados ni unidades de alta intensidad para adolescentes con trastornos graves, lo que hace que se mezclen perfiles muy diversos en centros abiertos o plantas hospitalarias sin infraestructura adecuada.
Y lo más grave: muchos menores con cuadros psicóticos, depresivos o autolesivos terminan en centros residenciales diseñados para casos de desprotección, no para tratamientos clínicos.
DATOS QUE CONFIRMAN UNA TENDENCIA
Según datos del Observatorio del Sistema de Salud Mental, el número de menores de edad con diagnósticos de trastornos graves ha crecido un 35% en la última década. En Asturias, solo en 2023, el HUCA atendió más de 600 casos de adolescentes con cuadros agudos. Y el número de fugas en menores tutelados se ha duplicado desde la pandemia.
Fuentes del ámbito sanitario reconocen que hay pacientes “muy difíciles de gestionar” y que a menudo las decisiones están condicionadas por la falta de plazas, de dispositivos intermedios o de entornos terapéuticos adecuados.
AVISOS IGNORADOS Y FUGAS REPETIDAS
En este caso concreto, la menor ya había protagonizado fugas anteriores. Había estado ingresada en al menos dos ocasiones, y su perfil era conocido tanto por servicios sociales como por los equipos clínicos.
“No es una fuga puntual. Es un sistema que ya no tiene herramientas para contener estos casos”, señala una trabajadora social de la red pública que prefiere no dar su nombre.
El hecho de que escapara junto a otra menor, también tutelada, agrava aún más las dudas sobre los protocolos de seguridad y vigilancia. “No estamos hablando de delincuentes, sino de niñas enfermas que no pueden ser simplemente encerradas. Pero tampoco pueden quedar al albur de la calle”, resume un profesional del HUCA.
VOCES QUE EXIGEN UN CAMBIO
Sindicatos, asociaciones de psiquiatras y plataformas de familias llevan años reclamando la apertura de unidades terapéuticas específicas para adolescentes con trastornos mentales graves. Denuncian que la atención a la salud mental infantojuvenil es la gran olvidada del sistema.
Desde el entorno de la Consejería de Derechos Sociales del Principado aseguran que “se está trabajando en una estrategia específica para estos perfiles”, pero no se concretan plazos ni dotaciones. Lo cierto es que los profesionales siguen denunciando sobrecarga, saturación y, sobre todo, desprotección de los propios pacientes.
UNA SOCIEDAD QUE MIRA PARA OTRO LADO
Los expertos coinciden: la salud mental juvenil no puede seguir tratándose como un apéndice del sistema. Requiere recursos, prevención, unidades especializadas y personal formado. Y, sobre todo, implica asumir que la calle no puede ser el destino de niños con enfermedades graves. No se trata de encierros, sino de acompañamiento, tratamiento y protección efectiva.
Hoy, con una menor desaparecida en Asturias, la pregunta que muchos evitan vuelve con más fuerza que nunca:
¿Cuántos jóvenes con graves problemas de salud mental están caminando por nuestras calles sin que nadie los mire?