Cinco mineros muertos, una mina bajo sospecha y una sociedad herida: Cerredo exige respuestas y justicia
Asturias y León viven estos días sumidas en un luto profundo, pero también en una creciente indignación. La explosión que el pasado lunes, 31 de marzo, segó la vida de cinco mineros en la explotación de Cerredo (Degaña) no fue una fatalidad imprevisible. Las señales estaban ahí. Los avisos también. Lo que no llegó fue la acción.
Jorge Carro, Rubén Souto, Amadeo Castelao, Ibán Radío y David Álvarez murieron atrapados por una explosión de grisú en una mina donde ya se habían denunciado irregularidades. Hoy, la Justicia ha abierto diligencias penales. Los sindicatos exigen que el Principado se persone como acusación. Y las familias —rotas por el dolor— claman lo que muchos piensan en voz alta: esta tragedia se podía haber evitado.
Una mina marcada por el fraude y la desidia
No es la primera vez que la mina de Cerredo se tiñe de luto. En agosto de 2022, otro trabajador falleció y otro resultó herido mientras transportaban carbón extraído ilegalmente. Un juez confirmó en sentencia que la actividad se realizaba sin licencia, usando permisos encubiertos. Un año después, un vecino de Degaña documentó —con fotos y planos— la existencia de una entrada clandestina en el tercer nivel de la explotación. Alertó al Principado. Su correo acabó ignorado o, como alegan ahora, en una dirección de email desactivada.
A pesar de los múltiples indicios de que allí se seguía extrayendo carbón al margen de la legalidad, en 2024 la Dirección General de Minas —entonces bajo la responsabilidad de Belarmina Díaz, hoy consejera de Transición Ecológica— volvió a autorizar a la empresa Blue Solving a operar, esta vez con un permiso de “investigación”. Esa empresa, dirigida por el hijo del empresario sancionado en 2022, es la misma para la que trabajaban los cinco fallecidos.
La rabia de una comunidad
El miércoles, Villablino (León) se convirtió en el epicentro del dolor. Más de 4.000 personas abarrotaron el polideportivo para despedir a cuatro de las víctimas. El funeral, presidido por el obispo de León, fue un canto a la dignidad de los mineros. Y también, una denuncia en forma de oración.
“Santa Bárbara se equivocó con vosotros, pero no la culpo. Yo también querría tener a mi lado a los mejores”, pronunció entre lágrimas Rebeca Radío, hija de Ibán, en un discurso que desgarró a todos los presentes.
Los féretros salieron a hombros entre aplausos y el himno de Santa Bárbara, símbolo de las cuencas, resonó como un grito de unidad y de rabia.
La presión crece en Europa
El vicepresidente de la Comisión Europea para la Prosperidad, Stéphane Séjourné, expresó su pésame en español durante una sesión plenaria en Estrasburgo. Reconoció que la minería sigue siendo “un sector peligroso” y urgió a reforzar las condiciones de seguridad. El eurodiputado asturiano Jonás Fernández también pidió responsabilidades durante el debate.
Y ahora, ¿quién responde?
La Consejería de Transición Ecológica, la Dirección General de Minería y todo el aparato administrativo que miró hacia otro lado pese a los avisos están bajo el foco. Sindicatos como CCOO y UGT han exigido una investigación independiente, mientras crece la presión social para depurar responsabilidades políticas y penales.
“Esto no es una tragedia minera del pasado. Es una negligencia de hoy, con nombres y apellidos”, denunció un veterano minero a las puertas del funeral.
La mina de Cerredo no solo ha sepultado a cinco trabajadores, ha desenterrado un modelo de gestión que muchos creían ya superado. Desde Asturias Mundial seguiremos contando cada avance con la crudeza y el respeto que exige esta herida abierta en las entrañas de nuestras montañas.
Porque la vida de los mineros no puede seguir pagándose con silencio y olvido.