Conservas Eutimio es mucho más que una marca de conservas gourmet. Es el legado vivo de una familia y de un pueblo marinero, Lastres, que han sabido embotar la esencia de Asturias para llevarla a mesas de todo el mundo. Detrás de cada lata hay una historia de esfuerzo familiar, tradición culinaria y amor por la tierra y el mar Cantábrico. Nacida del histórico restaurante Casa Eutimio –un referente gastronómico de la villa llastrina–, esta pequeña empresa ha logrado transformar los sabores locales en embajadores internacionales, llegando tan lejos como Guayaquil, Ecuador, sin perder una pizca de autenticidad en el camino.
De Casa Eutimio a las conservas: el origen de un legado
Para entender Conservas Eutimio hay que remontarse a Casa Eutimio, el restaurante familiar del que surge. La historia comienza en 1964, cuando Eutimio Busta y Aída Rosales se casan y, con los ahorros de su boda y un préstamo, abren un modesto restaurante llamado Miramar en Lastres. Ubicado en lo alto del puerto pesquero, aquel local de parrilla sencilla pronto ganó fama por especialidades como el besugo a la espalda y el tronco de merluza a la brasa. Durante doce años, Eutimio alternó interminables jornadas entre los fogones y la mar (pescando angulas y recogiendo ocle, el alga local), mientras Aída atendía el comedor con sus hijos naciendo prácticamente en la cocina. Con trabajo incansable y sus primeras ganancias, en 1976 la pareja compró la casona de piedra centenaria situada enfrente y trasladó allí el restaurante bajo un nuevo nombre que se volvería mítico: Casa Eutimio.
Desde esa gran casa con vistas a la bahía, la familia Busta consolidó un templo de la cocina marinera asturiana. Casa Eutimio se convirtió en sinónimo de calidad y tradición, un lugar donde la cocina de siempre –pescados fresquísimos, guisos marineros, fabes con almejas– reinaba orgullosa. Con el tiempo, ampliaron la oferta abriendo un pequeño hotel sobre el restaurante en 1990, haciendo que los viajeros pudieran dormir entre los aromas del Cantábrico. Allí crecieron los seis hijos (y único varón) de Eutimio y Aída, literalmente entre redes, fogones y mesas. No es exagerado decir que aprendieron a caminar entre la cocina y el comedor: “los hijos de Eutimio y Aída… se crían entre la pesca del día del padre, los fogones del restaurante y la atención al cliente en sala y en el hotel”. Gracias a esa crianza singular, María, Rafael y sus hermanas mamaron desde pequeños el amor por la buena mesa y el respeto a la materia prima.
Tras décadas de trabajo duro de los padres, llegó el relevo generacional. En 2008, María Busta (al frente de cocina) y Rafael (sala y gestión) asumieron las riendas del negocio familiar. Pero incluso antes de ese traspaso formal, los hermanos ya habían empezado a darle una nueva dimensión al legado: en 2001 decidieron capturar la magia de sus platos en conservas, para que la experiencia Casa Eutimio pudiera viajar fuera de Lastres. Aquello, que comenzó casi como un experimento romántico en honor a la vieja tradición conservera llastrina, fue el germen de Conservas Eutimio. “Cuando llega el momento del relevo generacional deciden dar un paso más, y es en 2001 cuando empiezan con las conservas”, explican. No fue fácil: muchas pruebas, dudas y aprendizaje autodidacta. Pero tenían una certeza clara –querían que en cada lata quedase atrapado el mejor producto de Lastres, preparado de la mejor forma– y a ello se entregaron desde el primer día.
La filosofía del sabor embotado: tradición e innovación
El objetivo de Conservas Eutimio nunca fue hacer conservas comunes, sino llevar la excelencia entre fogones a sus latas y frascos. Las primeras recetas que María Busta y su equipo enlataron surgieron directamente del menú del restaurante. “Las primeras conservas giraban en torno a la anchoa y a los pasteles de pescado que preparábamos en el restaurante”, recuerda María. No podía ser de otra manera: la anchoa del Cantábrico en salazón y el famoso pastel de cabracho (una crema de pescado típica asturiana) eran emblemas de la casa. Pero pronto mostraron su espíritu innovador: “además de los clásicos como el pastel de cabracho o el de marisco, quisimos experimentar con mezclas diferentes: salmonete y oricios, jamón ibérico y algas o centollo”, combinaciones sorprendentes que resultaron todo un éxito. Aquellos patés marineros novedosos –por ejemplo, uno de bonito del norte, jamón ibérico y algas asturianas– llevaron el sabor de Asturias a nuevas dimensiones.
Con el tiempo, la línea de conservas creció para abarcar no solo entrantes y aperitivos, sino platos tradicionales completos. Varios clientes habituales que probaban las nuevas conservas empezaron a preguntar: ¿y por qué no embotáis también esos guisos marineros de cuchara? Así nació la gama de platos precocinados artesanales, lista para calentar y servir. Incorporaron delicias como los garbanzos con bacalao y centollo y los calamares en su tinta, replicando fielmente las recetas caseras. Incluso las fabes con almejas –un guiso de habas tiernas con almejas, muy asturiano– encontraron su versión enlatada para gozo de quienes anhelaban ese sabor en cualquier momento. Ana Belén, otra de las hermanas Busta, aportó su granito de arena internacional: tras años viviendo en Italia, regresó con conocimientos de pasta fresca y ahora elabora lasañas y raviolis que fusionan Asturias e Italia, sumando otra faceta a la oferta familiar.
El compromiso con la calidad es obsesivo en Conservas Eutimio. Cada nuevo producto fue ensayado decenas de veces hasta alcanzar el punto exacto que María y Rafa exigían. En esa búsqueda no dudaron en “hacer lo opuesto de lo que hacen los demás” en el sector. Por ejemplo, descubrieron que para mantener la textura ideal del pescado, envasarlo crudo y cocerlo dentro de la lata era la clave. Así, mientras otros productores cocinan el pescado antes de enlatar, en Eutimio el bonito o la merluza se introducen crudos en el tarro y solo entonces pasan por autoclave (esterilizador), logrando un punto de cocción perfecto y jugoso en el producto final. Al contrario, con las legumbres hacen lo tradicional: guisan primero el potaje y luego lo embotan, para que los sabores se asienten. Este modo artesanal de producción en directo sobre lo fresco implica una logística casi militar: “cuando llega el barco (con pescado fresco) se pone en marcha el autoclave” inmediatamente, para capturar la frescura marina al instante.
La diferencia se aprecia al abrir cada envase. Sorprende, por ejemplo, la ternura de los lomos de merluza en aceite de oliva: ni rastro de la típica sobrecocción que se suele asociar a las conservas de pescado industriales. Esto no es casualidad sino fruto de un control casi científico de tiempos y temperaturas. Tras mucho ensayo y error, María Busta y su equipo dieron con la esterilización justa que garantiza la conservación por años sin sacrificar textura ni sabor. Y lejos de relajarse, mantienen un proceso de mejora continua: en cuanto surge la duda de que algo podría hacerse mejor, “se para todo y se revisa cada paso” hasta lograr el resultado buscado. Esa meticulosidad, casi tozuda, es la que distingue a Conservas Eutimio de producciones masivas. Aquí no hay atajos ni estándares rígidos, cada lote es mimado como si fuera a servirse en la mesa del restaurante. No es de extrañar que sus anchoas artesanales –limpiadas a mano, sobadas una a una– requieran hasta cuatro años de maduración en bodega antes de salir a la venta, obteniendo un umami y punto de sal magistrales.
Sabores de Asturias en una lata: catálogo artesanal
Actualmente, Conservas Eutimio ofrece más de 20 especialidades del mar y la tierra asturiana cuidadosamente seleccionadas y preparadas. Su catálogo es un recorrido por la tradición culinaria del Principado: desde los productos del Cantábrico más nobles (anchoas en aceite, bonito del norte en escabeche) hasta creativos mar y montaña en formato paté. Entre sus patés marineros destacan el clásico pastel de cabracho, el paté de merluza y centollo, el de oricios (erizo de mar) o combinaciones únicas como el pastel de bonito con jamón ibérico y algas. Cada uno de ellos captura un pedacito del recetario local: con el de bonito, jamón y algas uno degusta el sabor del Cantábrico con un toque de monte, mientras que el paté de queso Cabrales destila la esencia de los Picos de Europa en un bocado untuoso.
En conservas de pescado, sobresalen las anchoas y lomos de bonito, pero también incorporaciones recientes poco habituales en el mundo de la lata: las cocochas de merluza (delicadas mejillas de merluza en aceite de oliva virgen extra) y los lomos de merluza en aceite. Estos últimos, de merluza de bajura pescada en las costas de Lastres, son un verdadero lujo local en conserva. Lograr enlatarlos manteniendo su textura firme y jugosa fue un reto técnico que hoy es orgullo de la casa. Otro producto estrella son los calamares en su tinta, tiernos calamares del Cantábrico guisados en una sabrosa salsa negra tradicional, listos para calentar y acompañar de arroz blanco. Y para los amantes de la cuchara, nada mejor que abrir un tarro de fabada marinera (fabes con almejas) o de los mencionados garbanzos con bacalao y centollo, sentir su aroma casero y saber que solo bastará servir y disfrutar. “Garbanzos con bacalao y centollo, los patés de merluza y anchoa o el pastel de bonito con jamón y algas muestran la capacidad de regeneración de esta humilde fonda del puerto”, escribía recientemente un crítico, subrayando cómo Casa Eutimio ha sabido reinventarse sin traicionar su esencia.
Cabe mencionar también delicatessen como el caviar de oricios –una crema de huevas de erizo de mar, intensa y yodada– que antiguamente era un manjar costero y que la familia Busta ha recuperado para gourmets modernos. Completan la oferta algunos dulces tradicionales asturianos que conservan la impronta casera, como el flan de queso y el tocinillo de cielo, elaborados en el obrador familiar. En todos los casos, el denominador común es la elaboración 100% artesanal y local: materia prima de primera calidad (kilómetro cero siempre que es posible), ausencia de conservantes artificiales y ese “toque Eutimio” indescriptible que es fruto de décadas de saber hacer.
De Lastres al mundo: el viaje de un sabor auténtico
Lo que comenzó siendo un proyecto casi doméstico –envasar para llevar un trocito de Lastres a casa de los clientes más fieles– ha acabado por romper fronteras. Hoy día, las conservas Eutimio se distribuyen no solo en Asturias, sino en tiendas gourmet de toda España, hoteles, restaurantes selectos y plataformas en línea especializadas. Cualquier aficionado puede adquirir sus productos a través de su tienda online oficial y recibirlos en 24/48 horas, prueba de cómo la tecnología ayuda a difundir la tradición. Además, el boca a boca y la reputación de calidad han llevado a esta pequeña conservera familiar a cruzar el Atlántico: sus latas han llegado a conquistar paladares en Latinoamérica. En la ciudad portuaria de Guayaquil, en Ecuador, por ejemplo, se comercializan algunas de sus conservas en establecimientos gourmet locales, llevando “sabores gourmet” españoles a hogares ecuatorianos. Resulta casi poético que, igual que hace un siglo los emigrantes asturianos viajaban a América con sus recetas en la maleta, hoy sea un tarro de fabada o unas anchoas de Lastres las que hagan el viaje, preservando intacto el sabor de la tierrina.
La proyección internacional de Conservas Eutimio se ve reforzada por reconocimientos en el mundo gastronómico. Sus productos han cosechado elogios dentro y fuera de España, e incluso han sido premiados en certámenes de gran prestigio. Por ejemplo, las cocochas de merluza en aceite obtuvieron en 2023 la máxima distinción (tres estrellas) en los Great Taste Awards del Reino Unido, considerados los “Óscar” de la alimentación gourmet. También han recibido galardones a nivel regional, como el Premio ASTUREX a la consolidación de marca internacional en 2023, que valora el esfuerzo exportador de las empresas asturianas. La prensa especializada no ha escatimado halagos: medios nacionales han destacado la “perfección del punto de cocción” de sus conservas de pescado, mientras guías gastronómicas recomiendan sus productos como imprescindibles souvenirs para quien visite Asturias. En 2024, un conocido diario nacional calificó sus lomos de lubina en conserva como “una cosa muy seria” por su calidad, y recordó que la familia “lleva casi seis décadas defendiendo una cocina autóctona… tan viva hoy como en 1965”, ahora también a través de sus conservas.
Tradición con futuro: el valor de lo auténtico
Conservas Eutimio representa un modelo ejemplar de cómo la cocina tradicional puede trascender fronteras manteniendo su identidad. En un mundo globalizado, donde los sabores tienden a homogeneizarse, esta familia asturiana ha logrado que la cocina de su pueblo marinero llegue lejos sin dejar de saber a casa. Cada frasco enviado fuera, cada nuevo mercado conquistado, se hace conservando esa filosofía artesanal casi obstinada: producción limitada, hecha a mano, con ingredientes de confianza y mucho cariño.
El impacto de este proyecto va más allá del negocio familiar. En Lastres, donde antaño floreció una industria conservera hoy desaparecida, Eutimio ha devuelto la esperanza de que la artesanía alimentaria local tiene futuro. Han creado empleo en la comarca –desestacionalizando la economía local dependiente del verano turístico– y demostrado a las nuevas generaciones que se puede innovar desde la tradición sin sacrificar la calidad de vida. “Nuestros padres se sacrificaron con jornadas largas y sin descansos… aprendimos mucho de ellos, pero ahora las cosas son distintas: queremos tener calidad de vida, para nosotros y nuestros trabajadores” –explica Rafa Busta, enfatizando que el éxito no debe medirse solo en ventas, sino en bienestar y sostenibilidad.
A día de hoy, Conservas Eutimio sigue siendo una empresa familiar en el sentido más genuino: en sus instalaciones (una micro-conservera situada a los pies del restaurante, en la misma calle San Antonio de Lastres) uno puede encontrar a María supervisando una cocción, a Rafa atendiendo un pedido especial o a algún miembro de la tercera generación aprendiendo el oficio durante sus vacaciones escolares. También han abierto una pequeña tienda gourmet en el pueblo, Eutimio Gastro, donde vecinos y visitantes curiosean entre las estanterías repletas de sus conservas, vinos asturianos y otros productos selectos de la región. Incluso organizan visitas guiadas a la fábrica para grupos interesados, mostrando in situ cómo se limpian las anchoas a mano o cómo se envasan los patés, en un esfuerzo de transparencia educativa hacia el público.
Al caer la tarde, cuando Lastres huele a salitre y se escucha de fondo la subasta en la rula (lonja) de pescados, es fácil imaginar a Don Eutimio y Doña Aída asomados a la ventana de Casa Eutimio, orgullosos de ver cómo aquel sueño que empezaron en los años 60 sigue más vivo que nunca. Su restaurante sigue sirviendo rodaballos, meros y potes como el primer día, y sus conservas viajan donde ellos quizá nunca imaginaron. Conservas Eutimio ha logrado embotellar no solo alimentos, sino emociones: la nostalgia de la tierra, el respeto al mar, el calor de un hogar asturiano. Es un auténtico reportaje en lata de la cultura gastronómica de Asturias, listo para abrir en cualquier rincón del planeta. Y al hacerlo, en cada bocado, Lastres deja de ser un punto remoto en el mapa para convertirse, por un instante, en el centro del mundo.