El actor, icono de los 80 y 90, muere tras complicaciones derivadas de una neumonía. Superviviente del cáncer, artista polifacético y alma apasionada del cine, su legado trasciende la pantalla. El mundo del espectáculo despide a un mito que amó la vida con la intensidad de sus personajes.
El universo del cine se ha estremecido con la pérdida de una de sus presencias más enigmáticas y arrebatadoras: Val Kilmer, el actor que supo encarnar al gélido “Iceman” de Top Gun, al abrasador Jim Morrison en The Doors, y al murciélago atormentado de Batman Forever, ha fallecido este lunes en Los Ángeles, a los 65 años, víctima de una neumonía. Su hija, Mercedes Kilmer, confirmó el fallecimiento, rodeado de familiares y amigos, en la privacidad que él siempre cultivó.
Fue una muerte serena tras una vida de combate. Kilmer, que en 2014 fue diagnosticado con cáncer de garganta, luchó contra la enfermedad como quien interpreta un papel que no elige, pero al que se entrega con dignidad y entereza. Perdió la voz, pero nunca el alma.
Una carrera escrita con fuego
Nacido el 31 de diciembre de 1959 en Los Ángeles, Val Edward Kilmer fue el más joven aceptado en el reputado Conservatorio Juilliard. Desde sus primeros años, mostró una inteligencia escénica vibrante, inquieta, capaz de transitar desde el teatro clásico hasta el cine comercial sin perder autenticidad.
El gran público lo conoció gracias a Top Gun (1986), donde como Iceman, el rival elegante y frío de Tom Cruise, conquistó a una generación. Pero Kilmer no se conformó con ser un ídolo juvenil: en The Doors (1991), se convirtió, literalmente, en Jim Morrison, con una interpretación que rozó lo hipnótico. En Tombstone (1993), su Doc Holliday es considerado una de las mejores actuaciones del western moderno. Y en Batman Forever (1995), asumió con intensidad el reto de suceder a Michael Keaton bajo la máscara del Caballero Oscuro.
Compartió pantalla con titanes como Al Pacino y Robert De Niro en Heat (1995), y dejó su huella también en títulos como The Saint o Alexander. Fue un actor de extremos: magnético, excéntrico, perfeccionista. Un alma artística con demasiada verdad para el plástico de Hollywood.
Dolor y arte: la década del renacer
El cáncer lo apartó del primer plano durante años. Las secuelas de la traqueotomía afectaron su voz, pero no su deseo de crear. En 2021, emocionó al mundo con el documental Val, un retrato íntimo construido con vídeos caseros y su voz interior. Un testamento cinematográfico de un actor que nunca dejó de actuar, ni de soñar.
En 2022, regresó como Iceman en Top Gun: Maverick, en una aparición breve pero desgarradora, donde compartió escena con Cruise sin apenas hablar, pero diciendo más que nunca. Fue un momento de cierre. Un homenaje en vida. Un reconocimiento a un hombre que amó el cine como pocos.
Vida privada, corazón generoso
Estuvo casado con la actriz Joanne Whalley, madre de sus hijos Mercedes y Jack, y mantuvo relaciones con figuras como Cher, Cindy Crawford y Angelina Jolie. Pero su gran historia de amor fue el arte. Pintor, poeta, escritor y fotógrafo, Kilmer vivió con intensidad cada expresión creativa. Su autobiografía I’m Your Huckleberry es un paseo melancólico y lúcido por su memoria, entre luces y sombras.
Una despedida entre lágrimas y respeto
Las redes se han inundado de homenajes. Tom Cruise, Oliver Stone, Ron Howard, Cher… todos han dedicado palabras de admiración y cariño. La Academia de Hollywood prepara un tributo especial en la próxima ceremonia. Sus hijos, con un comunicado breve, han pedido que se recuerde a su padre como “un alma brillante, generosa, misteriosa y profundamente viva”.
El actor que vivió mil vidas
Val Kilmer fue mucho más que un rostro hermoso o una estrella. Fue un actor sin ataduras, que huyó del encasillamiento, que abrazó el riesgo, que supo caer y volver. Y sobre todo, fue un hombre que entendió el cine como un espacio sagrado.
Hoy, el celuloide llora. Pero también celebra. Porque Val no ha muerto. Vive en cada escena, en cada mirada, en cada silencio que dejó en la pantalla.
“La fama es como un río, pero yo soy más de fuego”, escribió una vez. Y así será recordado: como fuego.