La sentencia confirma la relación entre la agresión y la invalidez del agente, que tendrá que ser indemnizado con más de 137.000 euros. La defensa recurrirá el fallo.
Una intervención policial en un hostal de Gijón/Xixón terminó de la peor forma posible para un agente de la Policía Nacional: tras ser atacado por la espalda, sufre una discapacidad del 86% y necesita ayuda de terceros para moverse. El responsable de la agresión, un gijonés sin antecedentes relevantes, ha sido condenado a tres años de prisión por un delito de lesiones y otro de atentado contra la autoridad. Además, deberá indemnizar a la víctima con 137.932 euros, más el lucro cesante que se determine en ejecución de sentencia.
El Juzgado de lo Penal número 1 de Gijón ha determinado que la brutal agresión, ocurrida el 11 de junio de 2022, tuvo una relación directa con la situación actual del agente, quien ha perdido totalmente la movilidad tras el ataque. A pesar de que el policía tenía una patología previa, la jueza ha considerado probado que la acción del condenado agravó decisivamente su estado, desencadenando la invalidez.
La sentencia no es firme y la defensa ya ha anunciado que recurrirá el fallo, argumentando que el deterioro del agente se debía a su condición médica previa.
Una intervención rutinaria que acabó en tragedia
Los hechos ocurrieron en un hostal de la céntrica calle Libertad, donde la Policía fue requerida para intervenir en un conflicto. A su llegada, los agentes se encontraron con un hombre en el suelo, semiinconsciente y con una herida en el tabique nasal. El ahora condenado, que había dado el aviso, pidió que expulsaran a esa persona del establecimiento, pero los agentes le explicaron que no podían hacerlo y solicitaron asistencia sanitaria.
Fue entonces cuando la situación se tornó tensa. El gijonés se negó a identificarse y, tras varios minutos de discusión, adoptó una actitud agresiva, según el relato de la sentencia. Después de marcharse a buscar la documentación, regresó y manifestó que no quería figurar en la intervención policial, negándose de nuevo a identificarse.
Cuando los agentes le informaron de que podía ser responsable de un delito de lesiones (por el golpe que tenía el otro varón en la nariz) y que debía acompañarles a comisaría para ser identificado, reaccionó violentamente.
Según consta en la sentencia, el condenado se abalanzó por la espalda sobre uno de los policías, el cual cayó al suelo, recibiendo un fuerte impacto en la zona lumbar. Al intentar reducirlo, el segundo agente también fue agredido y sufrió lesiones en el cuello y el brazo. Finalmente, entre ambos lograron inmovilizar al agresor y detenerlo.
Una condena contundente: prisión e indemnización millonaria
El fallo judicial condena al agresor a tres años de cárcel: un año y medio por un delito de lesiones y otro año y medio por atentado a la autoridad. Además, deberá indemnizar a los dos agentes heridos:
137.932 euros para el policía que ha quedado en silla de ruedas.
240 euros para el segundo agente, cuyas lesiones fueron leves.
Lucro cesante adicional para la víctima principal, ya que su incapacidad le impide seguir trabajando.
La indemnización es una de las más altas impuestas en Asturias por agresión a un policía, dado que reconoce la pérdida total de la capacidad laboral del agente y la necesidad de asistencia constante.
En agosto de 2024, la Dirección General de la Policía declaró la incapacidad permanente total del agente afectado, tras más de 800 días de tratamiento, incluyendo cirugía, infiltraciones epidurales y 60 sesiones de fisioterapia.
La defensa recurrirá: ¿podría reducirse la condena?
El abogado del condenado ha anunciado su intención de recurrir la sentencia ante la Audiencia Provincial, alegando que el policía ya sufría una patología previa en la columna vertebral. Argumentan que la lesión medular no se debió únicamente a la agresión, sino a una condición médica preexistente.
Sin embargo, la jueza ha sido tajante: el agente nunca había estado de baja por esa dolencia hasta el ataque. De 2012 a 2022, trabajó sin problemas y fue la agresión lo que desencadenó su discapacidad permanente.
Expertos jurídicos señalan que la pena de tres años es prácticamente el máximo posible para estos delitos, lo que dificultaría una rebaja significativa en caso de recurso.
Reacciones: preocupación en la Policía y debate sobre la seguridad en Gijón
El caso ha provocado una fuerte reacción en Asturias, especialmente entre los sindicatos policiales. JUPOL y la Confederación Española de Policía (CEP) han expresado su satisfacción por la condena, pero consideran que tres años de cárcel son insuficientes para un ataque con consecuencias tan devastadoras.
“Este agente ha perdido su vida profesional y personal, y su agresor podría salir en libertad en apenas dos años si accede a beneficios penitenciarios”, denuncian desde los sindicatos.
La agresión se enmarca en un aumento de ataques a policías en España, donde en 2022 se registraron 12.843 delitos de atentado contra la autoridad, un 7,6% más que el año anterior.
Desde la Jefatura Superior de Policía de Asturias, han insistido en que este tipo de hechos no pueden quedar impunes y han recordado que los agentes se enfrentan a situaciones de riesgo a diario.
En el ámbito político, el caso ha reavivado el debate sobre la seguridad en Gijón. Mientras que el anterior equipo de gobierno minimizaba la situación, desde la oposición se exige mayor presencia policial y un plan contra la delincuencia en zonas conflictivas.
¿Podrá cobrar el policía la indemnización?
Un aspecto clave del fallo es la indemnización millonaria. Si el condenado no tiene recursos suficientes, el policía podría tener problemas para cobrar. En estos casos, el Estado puede anticipar el pago y luego reclamar al agresor.
Un precedente en Asturias fue el caso de un agente herido en Oviedo en 2013, cuya indemnización de 14.760 euros fue pagada por el Estado, ya que el agresor no tenía bienes embargables.
Dado que en este caso la indemnización es mucho mayor, habrá que ver cómo se garantiza que la víctima reciba el dinero que le corresponde.
Un antes y un después para el agente agredido
Más allá de la condena, este caso ha supuesto un cambio radical en la vida del policía agredido. Pasó de ser un agente en activo a necesitar asistencia para las actividades más básicas. Su carrera ha terminado de forma abrupta, y ahora enfrenta una nueva realidad llena de desafíos físicos y emocionales.
Desde su entorno han destacado su profesionalidad y entrega, lamentando que un acto violento le haya arrebatado su independencia. Sus compañeros han iniciado campañas de apoyo para ayudarle en esta nueva etapa.
Mientras tanto, Asturias sigue debatiendo sobre cómo evitar que casos así se repitan y si las penas por agresiones a la Policía deberían endurecerse.