La mayor colección del mundo de alfarería antigua relacionada con la miel

La mayor colección del mundo de alfarería antigua relacionada con la miel
  • La exposición "Alfarería tradicional de España: alfarería para la miel y la cera" congrega en el CMAE 150 piezas de los siglos XVII al XX de diferentes partes del país con tradición mielera

Las XV Jornadas de Alfarería de Avilés reúnen la mayor colección del mundo de piezas de barro relacionadas con la miel, en la exposición "Alfarería tradicional de España: alfarería para la miel y la cera", organizada por la concejalía de Cultura en el CMAE. Se podrá visitar de forma gratuita desde la tarde de hoy, sábado 16 de septiembre, hasta el 15 de octubre.

Un testimonio etnográfico único, que aúna en el Centro Municipal de Arte y Exposiciones de Llano Ponte 150 objetos de alfarería, que van de los siglos XVII al XX, de diferentes zonas del país con tradición mielera, y que se abre al público a las 18.00 horas. El horario de visita será el habitual del CMAE, de martes a domingo de 18.00 a 20.00 horas. 

El público que acuda se encontrará con piezas creadas para un mismo fin en diferentes zonas poblacionales, definidas sus diferencias de tamaño, forma y acabados, por la costumbre y cultura propias del lugar de procedencia, y en función de la mayor o menor producción apícola en la zona, bien orientada a un uso doméstico, o para su comercialización a mayor escala. 

La mayor colección del mundo hasta ahora de colmenas cerámicas, mieleras, castradoras, ahumadores, palmatorias y candelabros y otras muchas piezas para miel y cera. Tipologías representativas de cada comunidad española, cedidas por los más prestigiosos coleccionistas nacionales de alfarería popular, auténticos bibliotecarios del barro que realizan una impagable labor de conservación y difusión de este patrimonio popular. 

Registro de la historia

Vasijas modeladas en los obradores por manos femeninas y masculinas de alcalleres que también aprendieron a dialogar con la tierra y el fuego; una colección etnográfica del mejor barro antiguo, puesta al alcance del público que recorra la sala deteniéndose a contemplar cada una de estas bellas vasijas, para descubrir y disfrutar con ello de una parte fundamental de la historia de la humanidad.

Desde arnas o vasos cilíndricos a modo de colmenas de barro cocido, provistas con pequeños agujeros para la entrada de las abejas, u otras colmenas vegetales recubiertas en este caso de barro crudo, incluso varias piqueras para colmenas de pared; pasando por cebadores para alimentar a las abejas con harina de maíz, castañas cocidas, pan reblandecido, o con agua con miel o azucarada (en Asturias, a veces azúcar disuelta en vino) en épocas de sequía o de falta de floraciones, para que la producción de miel no decayese o para prevenir enfermedades de los enjambres. 

Alcollas mieleras, embudos y lebrillos como receptores de cestos para filtrar la miel de los panales, barriles de enjambrar (la enjambrazón se da a principios de la primavera, cuando hay abundancia de alimentos y la temperatura comienza a subir, momento en que las abejas deciden fundar un nuevo hogar o es más fácil recogerlas para enjambrar una nueva colmena); tejas, hormas o cobijas (trozo de buena dimensión de alguna gran tinaja rota. En la alfarería todo se aprovecha…) para proteger la colmena de la lluvia. 

También ahumadores de curiosas formas atizados con estiércol y paja, combustible sin llama que produce un humo que amansa a los insectos y permite manipular los panales sin riesgo de picaduras. 

Se suma a lo anterior una inédita y completa colección de meleras, el término que utiliza el Diccionario de la RAE, y sería deseable que incorporara el de mielera, el más extendido y utilizado popularmente en prácticamente toda la península (de manera local en Asturias y Galicia se denomina meleira, y parra o parrón en la extensa Alcarria). 

Mieleras de todos los tamaños y formas donde almacenar este oro líquido, recipientes que por su tamaño y morfología, por la decoración digitada que adorna algunas de estas piezas, por la pátina que el tiempo depositó en sus paredes, son de una belleza y rotundidad que cautivan e hipnotizan la mirada. Mieleras que pueden portar entre el hombro y el cuello un voladizo inclinado con la finalidad de contener agua, suponiendo una barrera hídrica que impide el acceso de hormigas al apetitoso alimento.

Variante son las que se utilizaron, además de para almacenar, también para decantar la miel, castraderas en las que ese saliente en ocasiones es más pronunciado, contando con una serie de agujeros en el ángulo entre el apéndice y el cuello, de tal modo que puedan apoyarse los panales para que escurra la miel al interior del recipiente.

Cántaros para el hidromiel

Igualmente se muestran cántaros para el hidromiel o para el arrope, ambrosía de druidas y dioses del Olimpo, la bebida alcohólica más antigua de la humanidad y precursora de la actual cerveza, consumida ya en la China del 7000 a. C, según se desprende del análisis de restos de levaduras y polen presentes en fragmentos de cerámicas y cuernos datados en esa época, y que es el resultante de fermentar agua y miel.

La miel como brebaje también se consumió en los humildes catavinos que pueden verse en la exposición, pequeños pucheritos dotados de un asa, en los que se tomaba vino caliente endulzado con miel, a lo que se solía añadir limón y canela, pócima común en la mayoría de los pueblos de España para curar catarros o para calentarse en los fríos días del invierno. 

Lo que no deja de ser una vertiente del arrope (del árabe hispano arrúbb, y éste del árabe clásico rubb) o mosto cocido con consistencia de jarabe, al que se le añaden en la cocción trozos de calabaza, de frutas muy dulces o vegetales, y que también se preparaba sustituyendo el mosto por miel blanca, y que en Extremadura y otras partes del territorio peninsular se conocía como «aguamiel».

En cuanto a la alfarería para la cera, este oficio aportó palmatorias o candeleros de innumerables formas, o candelabros de uno, dos o más brazos para sostener otras tantas velas; luminarias con que dar luz en hogares, cuadras o iglesias. Sin embargo, esta tan común, ignorada y a la vez práctica pieza de barro como es la palmatoria, sin identidad y apenas peso en la alfarería, curiosamente fue uno de los objetos favoritos en la literatura, en las artes escénicas y en la simbología visual en bodegones y otras composiciones pictóricas de artistas tan prestigiosos como Van Gogh, Gauguin o Picasso, seguramente por su relación con el fuego místico y con la luz con la que iluminar la penumbra y, por supuesto, por poseer una atractiva armonía estética.

De origen incierto, la palmatoria viene a ser un platillo, con o sin asa en el borde, ideado para sustentar una vela en un soporte cilíndrico hueco situado en el centro del plato, utilizada para alumbrar, cuya forma posiblemente sea una sofisticación técnica de una simple piedra plana donde antiguamente reposaba o se portaba la vela encendida. 

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